2. Miedo


Pero cómo que no tenemos miedo. Cómo no vamos a tener miedo de unos terroristas fanáticos cuya única y firme determinación es la de asesinarnos. Estamos aterrados, y ésa la única noticia esperanzadora en medio de este sindiós. Porque el miedo podría ser la solución. Me refiero al miedo de los valientes, claro. El de aquellos que miran el peligro a la cara y no salen corriendo. Un miedo que estimula la voluntad de sobrevivir y nos hace más eficaces. Los farsantes que corean la proclama o la aceptan bovinamente humillando la dignidad de nuestro Estado, sin embargo, son, además de mentirosos, profundamente cobardes. Y su miedo es tóxico y paralizante, es el miedo de las ovejas arrinconadas, el miedo del agarradme que no respondo, el miedo de quien implora piedad a los pies de su verdugo y no vacilará en traicionar a sus hermanos y culparles de sus males. Ese miedo, que jamás resolverá el grave problema que tenemos entre manos, circula desatado por nuestro país y nuestros representantes no sólo no le hacen frente sino que han decidido tomarnos por imbéciles.

Belisario, en el blogo de Santiago González, 27/08/2017)