Invenciones y realidad II


Algunos han preguntado si el mapa de Tethba que aparecía en la anterior entrada era el que iba a ir en el prólogo de la novela.

La respuesta es no, por eso agregué la fuente de donde está tomado (uno de esos olvidos míos). Solo es una ilustración del blog, y ha sido una de mis fuentes consultadas.

Reconstrucción del puente sobre el Shannon cerca de Clonmacnois. S. IX-X

Además, la geografía de la historia de esta novela es casi inventada. Casi, porque lo narrado es ficción (aunque no imposible) ni es una guía de viajes, obviamente. Había que inventarse caminos, canales y puertos.

Lo que no se puede inventar es el hecho de que en la Irlanda de 1100 no existía la misma concepción acerca de “territorios” y “fronteras” (éstas siempre deudoras de accidentes geográficos) que la que estamos acotumbrados en nuestra propia Historia. Los territorios llevaban nombres de gentes, como si dijéramos hoy que “ir a Granada” fuese “ir a los Nazaríes”, o que Asturias es “Los Vadinienses de arriba”.

No parece que fuera (todavía) el territorio de Connacht, sino el de los Connachta -aunque esta era una denominación ya antigua y, probablemente ya cristalizada en el suelo en la época en que se ambienta la historieta. En los Anales aparecen a menudo , gente en movimiento que provoca conflictos al oeste del Sinnan y se llaman “los Conmacne”. Según otra de mis fuentes, el magnífico libro de Francis Byrne que cito al final de esta entrada, los Conmacne eran un agregado de gentes aun más antiguas, que en algunos casos se conocían como “tribus de fuera” (fortuatha) tributarios y sometidas a las dinastías dominantes de Los Connachta.

Los Connachta, en origen, eran tres tribus con su dinastía dominante cada una; en algún momento de la Edad de Oro, hubo una cuarta.

Dos de esas dinastías quedaban todavía a finales del s. XI como rivales en la competición por la soberanía (no “corona”, ni “trono”, ojo) del territorio, y se mencionan de forma prominente en el relato, Los Uí Conchobhar y los Uí Ruairc. La primera de ellas daría en el s. XII el Rey Supremo de mayor éxito en toda la historia irlandesa, Tairrdealbach Ua Conchobhar, el primero en aplicar a los suyos el principio de herencia del primogénito. Hasta entonces, la Realeza hibérnica estaba “envenenada” por el complejo sistema de herencia en el seno de los clanes extensos.

De eso hablaremos otro día. Tiene algo que ver con lo que envenenaba la herencia de la monarquía visigoda, pero no es lo mismo.