Coinsidensias


Estaba ojeando la página de “Un poco de Ciencia por favor“, que generalmente a altas horas de la noche, trae  a Facebook noticias acerca de distintos campos de la Ciencia, algunos de los cuales me gusta mucho conocer, astronomía sobre todo.

Esta vez era una historia sobre una de las primeras máquinas computadoras, una calculadora de trayectorias de artillería, que estuvo en funcionamiento en los EE.UU en los años de la Segunda Guerra Mundial. Un camajuste más grande que mi casa, que tenía poco que ver con los actuales ordenadores, algo así como su bisabuelo. Eso sí, terriblemente útil en su momento.

Ellas y el camajuste (Fuente: mujeresconciencia)

Bueno: resultaba que las encargadas de conectar y establecer los programas del computador mediante conexiones eran mujeres, todas ellas escogidas por sus conocimientos de  matematicas (“computers”) y contratadas por el ejercito americano en aquellos días de tanta necesidad de mano de obra. Sus nombres y trayectorias, vitales y profesionales, se explican en esta página.

Como ya había leído sobre otras computers anteriores (astronomía de principio del siglo XX) me llamó la atención el concepto de su trabajo.

Miren vds. mi ojo fue derechito a una que tenía un apellido sonoro, McNulty (mac an Ultaigh: “descendiente de uno del Ulster”). Mi ojo irlandés sigue jugándome estas pasadas para descubrir cosas curiosas.

¡Y tan sonoro que era el nombre, y tan Ulaid! 

Resulta que la señora Mc Nulty era hablante nativa de gaélico (era de Donegal), y que a lo largo de su vida conservó el idioma a través de las oraciones aprendidas en la infancia.

Kay McNulty Mauchly Antonelli
Kay McNulty, Photo by Zebbie, 1945. Wikimedia Commons.
En cuanto al currículum de esta mujer -Kathleen Rita McNulty Maulchy Antonelli, los dos ultimos son apellidos de casada- y su trabajo en el ENIAC  es asombroso, aunque ella pensó, y así lo declaraba, que su preparación matemática no alcanzaría para el trabajo que le fue encomendado.

Una, que hace sumas a la cuenta de la vieja y no sabe calcular un tanto por ciento sin una calculadora, se quitaría el cráneo ante esta emigrante irlandesa.