Seda


El maestro Levallois, el sastre mulato, acercó el frasquito a la nariz y aspiró la esencia inconfundible de la camelia con toques de guayaba del raro perfume.

El aroma va directamente al cerebro, le había explicado el joven doctor Klause, por eso nos produce sensaciones tan vívidas.

El maestro Levallois entrecerró los ojos. Un ligero, pero punzante olor a libros y a seda de corbatín quedaba -como un rastro de pasión tardía- en aquel perfume que el doctor había dejado, como por olvido, en el bolsillo de la chaqueta que le mandó a arreglar.