La rubia no estaba en el original


Sacudió el periódico, en cuya primera página ya estaba la noticia del día: “Tiroteo en el Two Reds. Conner el Gordo acribillado por los Donn Dixies”.

El sargento Flynn le había contado una hora antes algo extraño. “Para su periodicucho de sucesos, Coleman”, le dijo, guasón. Un tipo había aparecido en el fondo del río, con una piedra al cuello. Las huellas, aunque reblandecidas por el tiempo que llevaba en el agua, eran sin duda las del propio Conner.

Coleman apuró el cigarrillo. Había visto con sus propios ojos arder el Ford Crestline del 54 del mafioso, y estaba seguro de que los bomberos sacaron dos cuerpos carbonizados del interior: un hombre y una mujer.

—Vaya puta manera de morir, Conner —sonrió—. Siempre fuiste un bromista. ¡Bah! Al menos, te llevaste puesta a esa rubia que tanto te gustaba, cabrón.

Y plegó el periódico debajo del brazo.