¡Con la de libros que hay que leer!


Empiezo a estar un poquito harta de noticias “de actualidad”.

Las fantasmadas del Gobierno; las bobaducas de la ideología supuestamente femenina, que flotan en medio del escándalo de los chillidos de la prensa; el que si sí o que si no de elecciones acá y acullá, votaciones que solo son buenas y acertadísimas cuando gana la parte que le gusta al poder, como si los votantes fuéramos tontos; el tostonazo de los nazis catalazis, con hp de xenofobia; las baladas de los nostálgicos de cosas que no vivieron, igual del franquismo cutre que del luminoso, de la República idílica que de la sangrienta. El fin del mundo en bicicleta y/o patinete.

Claro que no quiero abandonarme entre las musarañas literarias. Hay un montón de libros (en especial libros virtuales) en mi lista de pendientes: ensayos históricos, novelas y cuentos, relatos breves y micros. Aparte del trabajo por hacer… No sé cuantas páginas llevo escritas y de todos modos, eso no es relevante para el objetivo. Pero precisamente ahora, me doy de bruces con la realidad que podría resumirse en esta frase: “cuanto más graciosetes, los españoles somos más memos”. Así, queda descartado el tuiter y gran parte de facebús. He ampliado el horario de bloqueo y busco aún la app definitiva que me lo bloquee sin poder eludirlo y lo abra una sola vez al día.

No veo la tele. No leo periódicos, aunque me dé un garbeo por los virtuales, que también tendré que bloquear porque raro es el que se sale de la norma.

Leer novelas que merecen la pena, muy pocas “negras” por cierto. En todo caso, coloradas. Leer articulistas que me gustan, como el Fernando Aramburu que traigo por aquí de cuando en cuando. Los imprescindibles de Savater, y algún blog ajeno de los de mi lista.

Encarrilar la promoción de mi libro. Helarme por la mañana temprano en el JdelP intentando a solas un ritmo de legionario paticorto para quemar grasillas y hieles negras. Familia, amigos y escritura… y que se salve el que pueda.

Eso es lo que os deseo para el año que viene: ¡Sálvese el que pueda!