Más de monasterios irlandeses


Clonmacnois, cogollito

(Atención: tocho)

He leído hace poco un artículo de Academia.edu acerca del monacato irlandés “de la Edad de Oro” que me ha gustado muchísimo. En primer lugar, porque está en español y el autor -Exequiel Monge Allen, de la NUI Galway (NUIC-IRC) y la Pontificia Universidad Católica de Chile- es hispanohablante.

En segundo lugar, porque este autor rehuye el topico de la “rareza” irlandesa, o al menos, la situa en un contexto muy distinto de la falsa oposición iglesia “céltica”/iglesia “romana”, que en el fondo, es una de esas simplezas para entretenimiento de tontos que rueda hoy día. De hecho, también deplora las ensoñaciones del “celtismo” y las fantasías estrafalarias de Jean Markale y de otros esoterias.

También deplora que muchos estudios sobre este tema hayan salido del ámbito de los “Estudios Célticos” (principalmente filológicos) que, siendo tan especializados, no son nada conocidos en el mundo hipanohablante, ¡qué me va usted a decir!

Para él, la originalidad irlandesa se sitúa en un punto maravilloso y diferente: la estrecha relación entre monasterio y sociedad. De ahí el título del paper: “Hacer del mundo un monasterio”.

Según el autor, los escritos de Columbano muestran el estado del bagaje que un monje peregrino llevaba desde Irlanda al exterior y señala que la influencia decisiva en la obra de este gran fundador y peregrino -además de su inmensa erudición latina y patrística- venía del monasticismo oriental, via Juan Casiano, y que sus reglas recogen algunos aspectos de los padres del desierto. La primera parte del artículo se dedica a señalar los principales puntos teológicos de esta influencia, tal como se reflejan en la obra de Columbano. Así, llega a la conclusión de que para el gran peregrino irlandés (peregrino pro Christi)

el ascetismo no era un fin en sí mismo sino “un entrenamiento que capacita al individuo dándole la puritas mentis, “pureza de corazón” (…) necesaria para afrontar el árduo camino de la vida mortal hacia la contemplación beatífica de Dios (…), a la cual el monje aspira, tanto dentro del tiempo como fuera de él.

… conforme con los consejos de Juan Casiano.

En la segunda parte, se propone demostrar que “el monasterio es el lugar de entrenamiento para una guerra invisible contra las fuerzas del mal.” Y que esa lucha no era solamente hacia dentro del refugio monástico, o solamente referida a los miembros de la comunidad cenobítica, sino extendida hacia quienes les rodeaban (“monasterio de puertas abiertas”) mediante una pastoral (DRAE acep. 3 y 4) que tendía a moldear la sociedad laica según su ideal ascético.

Esta pastoral se basaba en la incorporación de los laicos a prácticas que hasta entonces solamente pertenecían a los monjes:

  • la confesión detallada antes de la comunión (penitencia no tan privada, como siempre se ha venido señalando, pues el penitente estaba tan aislado por “impureza ritual” como cualquier otro en el mundo cristiano altomedieval)
  • la sujección a un superior espiritual capaz de prescribir “remedios” (el anamchara, confesor o “amigo del alma”)
  • todo ello desarrollando la labor de cura de almas en lengua vernácula

Este último punto explica por qué la lengua gaélica se desarrollara por medio de los escritos monásticos y no “a pesar” de ellos.

Este asunto nos lleva al siguiente peldaño del artículo de Monge Allen: la estrechísima relación entre grupos de poetas y juristas seculares y eruditos latinos monásticos (fir legind). Esta colaboración sería el origen, en primer lugar, de la poesía monástica de caracter elegíaco (por ej. Amra Choluim Cille), la poesía menor, de tipo “naturalista” y, luego, del invento de un lenguaje extraño y complejo: in teanga bíthnúa, la “lengua siempre viva” (y la “roscada” que aparece en el Táin, añado yo) así como el interés por los apócrifos (¿relacionados con la pseudohistoria?). La estrecha colaboración culminaría con la aparición de las primeras leyes “Canónicas” (Cána) siendo la Cáin Adomnán la más destacable de ellas.

La oposición a tales “Cánones” por parte de reyes territoriales o “provinciales” (que se conocen por otras fuentes) indica que el autor va por buen camino.

Sin embargo, la parte principal del artículo es un buen resumen del funcionamiento de dicha cura de almas. El rigor que se atribuye a las reglas irlandesas (la mejor conocida es la de Columbano, que se puede encontrar en latín e inglés en el CELT) se explica por la necesidad de una “medicina práctica” frente a la violencia y crudeza de una sociedad dominada por los “señores de la guerra”, poligámica y con leyes de caracter privado. El “laico” (láech) no es en Irlanda un “no clérigo”, sino un humano que vive fuera del (territorio legal del) monasterio. Mientras, los “laicos” implicados en la vida monástica -no solamente como fuerza de trabajo, sino como aspirantes a la pureza de corazón conseguida mediante esfuerzo espiritual-, serían los que las fuentes llaman mánaig (“monjes” o “monjes de yugo” en mis fuentes) que son los ocupantes de las tierras monásticas, de las que el monasterio se mantiene.

©P. Armstrong

 

Finalmente, Monge Allen se atreve a señalar una crisis en este mdelo ya en el s. VII al caer la autoridad eclesiástica en manos de coarba (o herederos) laicos -aunque señala que otros autores tienen buenas razones para suponer que la autoridad episcopal, de abad y de coarb, podía estar en manos de la misma persona, como demuestra la historia de Cellach de Armagh, que se recoge hasta en la Wiki.

Por cierto: el sínodo que se menciona en esta entrada de la Wiki, presidido por un Legado Papal, es el que se “anuncia” en mi novela mediante la reunión de seniores de Clonmacnois. Como véis, se celebró diez años más tarde de lo que se planeaba (ya en 1111), aunque hay quien supone que hubo uno anterior, limitado en cuanto a representantes.

En fin: un artículo imprescindible para el que quiera situarse en lo que eran los monasterios irlandeses REALES, apoyado en fuentes y en investigación puesta al día.

Os dejo en MediaFire un enlace al artículo de Monge Allen en pdf, por si queréis leerlo eludiendo mi prosa zarrapastrosa (que me ha costado mucho pulir).

El que desee leerlo en el sitio original de academia.edu lo tiene aquí.