Canturreos


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Debe de haber un lenguaje secreto en el movimiento y sobre todo, el canto de los pájaros.

Aún no soy capaz de identificarlos a simple vista, ¡pues menuda vista tengo!

Hoy vi fugazmente un mosquitero en la orilla del rio. La lavandera competía  en movimiento armonioso con un mirlo, entre las fuentes barrocas.

Capto formas de moverse que diferencian a unos de otros. Esta mañana vi pasar tres aves blancas, grandes, en dirección Sur, seguramente hacia el Mar del Ontígola. El blanco delataba que no eran palomas y la lejanía que no podían ser gorriones. Imagino que garcetas, porque no tenían forma de cigüeñas.

Luego, pasaron muchos “aviones de gasolina” (naves aéreas con marca comercial) que se diferencian en tosquedad y poca elegancia de los auténticos aviones, cuyas acrobacias en el reducido espacio del patio, me fascinan todas las mañanas.

Y el domingo tuve acompañamiento musical todo el día con los apasionados canturreos de un mirlo, que lo hacía subido en las antenas de las casas de enfrente. Qué locura y qué pasión en sus fraseos, que a veces me recordaban una charla entre mujeres enfadadas. Seguro que lo que dice se parece mucho a lo que dirían las mujeres enfadadas (“¡…y tú guarrrrra!”); pero, la verdad: ayer no lo ví y lo eché de menos. Y hoy solo le he escuchado un ratito. ¿Por qué no canta más a menudo?

Ya, ya sé que tiene que haber una razón biológica, pero es que yo soy escribidora de cuentos, no bióloga. Y soy impaciente con el tiempo que pasa y las bellezas que se me escapan a toda velocidad.