
El telefonino me avisa del paso de las horas y de lo que a primera vista me parece que es estar perdiendo el tiempo.
Hay veces que rompo la rutina y me quedo en casa «haciéndome hueco»: igual puede ser dar un limpiazo a una habitación que pergeñar o acabar un nuevo dibujo, que intentar leer algo de enjundia. Hoy hice las tres cosas. De momento la lectura (no era literaria) la he parado; he terminado un dibujo y también he hecho bastante limpieza, además de ocuparme de mis (pobrecitoooos) cáctus y recuperar sueño que los calores me quitan.

El dibujo -junto con otros que tenía en el viejo «Tudu & friends»- intentaré colocarlo aquí algún día. Es una tontacada, pero me divierte y me sirve para comprobar que la vieja tableta gráfica y el long outdated ArtRage aún «funcionan», permitiéndome disfrutar de esa afición a hacer monigotes que, la verdad lleva bastante tiempo (es más fácil hacerlos a lápiz en los márgenes de los libros).
Las primeras horas «de trabajo», después del paseo cotidiano, las he dedicado a leer cositas del Lector de WordPress.
Me he vuelto a encontrar con una delicia en el blog de Joaquín Armada: el post que le ha dedicado a Andrea Camilleri, llenito de enlaces a artículos suyos o de otros, sobre el escritor y sobre su obra.

Cuando leí por primera vez a Camilleri, en el club de lectura de la Biblioteca Municipal (que de momento está en pausa larga, snif!), pensé que no iba a gustarme. Pero luego me encontré con lo que en uno de los enlaces de Armada, alguien llama «un mundo romántico mediterráneo «. La serie de TV y la imagen de Lucca Zingaretti, me ayudaron un poquito -la serie empezaron a ponerla a poco de haber abierto «La forma del agua» en el club-; pero me ayudó más la forma de escribir de Camilleri.
Me pareció fácil y llena de imágenes poéticas. No me pareció novela negra y me alegro mucho de coincidir con el propio autor en eso: la novela negra, sobre todo americana -que también he leido algo, en el club y fuera- es pesimista de cabo a rabo, ácida, incluso cruel, mientras que en Camilleri hay humor (y no siempre es negro) pero sobre todo no hay una mirada oscura, sino una parecida a la de un paisano rural que desea y confía en la Justicia, aunque se deja sorprender por sus lentitudes y por la habilidad del Mal en llegar antes que Ella.
Leí La forma del agua, y luego El perro de terracota y luego El ladrón de meriendas. «El homenaje», me hizo reir a mandíbula batiente (y estaba en el tren) con un tratamiento de los personajes y las situaciones que me recordaron a las distorsiones de Valle Inclán en su juego de espejos deformantes. Aunque, la verdad, lo que cuenta necesita de poco «espejo deformante», pues así, deformado y deformador, lo vemos casi todos los días…
Bueno, todo esto para recomendar a mis lectores que se pasen al blog de J. Armada y lean lo que ha escrito sobre Camilleri, y pinchen en tooodos los enlaces que haya (¡son muchos, ojo!) porque merecen la pena si a uno le gusta este autor, y quiere rodear a Montalbano y darse un homenaje literario y un bañito en el Mediterráneo.
En cuanto a paisajes, los estupendos encuadres que a veces ofrecía la serie de TV se me «han quedado» tanto que no descarto viajar a Sicilia… en cuanto Cultur-Viajes vuelva a ofertar una visita a esta isla mediterránea. Al año que viene.