Tiempo para pensar


¿Cuántos mueren en una guerra “normal”, sin sentido, pero no nos acordamos de que lo que hicimos durante ella fue exactamente lo mismo que hacemos ahora? Resistir y llorar. Los más cercanos, llorarán con mayor razón o profundidad; los desconocidos, no son tan llorados.

Sí, es posible que con esta bofetada el idealismo se nos acabe tan rápido como la tontería.

Pero yo pediría que no nos arrojáramos los muertos a la cara, nuestra vieja costumbre. Quizá sea una vieja costumbre de la Humanidad, no sé…

El caso es que sí, que hay negligencias y cosas mal hechas en toda esta crisis. Aunque no se viera venir al buque; aunque estas cosas nos pillen a todos por sorpresa. Aunque hubiera profetas y también bufones…

Los “poderes públicos” tienen una responsabilidad insoslayable en ésto, para eso se erigen (no solamente se eLigen) en nuestros directores. Pero no existe una proporción numérica, aúrea, muda y ciega, neutral en la responsabilidad. No es igual la culpa a repartir, y no tiene la misma naturaleza cada culpa. Los que pasan o pasaron de todo. Las viejasdelvisillo que increpan. Los que se hacen el ignorante o el marisabidillo. Los incívicos. Los que atizan hogueras…

A cada cual, la suya.

A mi no me cabe duda de que vamos a salir cambiados, quizá sea más de lo que pensamos. Quizá lo sea en cosas que ahora no vemos, o que no queremos.

Espero que aprendamos a gritar menos y hagamos más cosas en silencio, incluso las cosas inútiles. Que seamos tranquilos. Que no nos demos tanta prisa en abrir la boca ni en echar la culpa al vecino de enfrente.

 

ACTUALIZACIÓN A 12-4-2020 (Pascua de Resurrección)

Este artículo en The Objective funciona como aclaración a lo de arriba. No se trata de “echar en cara los muertos” sino de aprender -como adultos– a convivir con el dolor y el luto.