Avecillas…


 

Michel Leunig

Será cosa de la edad, pero ahora observo pájaros y me asombro de tantas cosas que no sé sobre ese mundillo. Ni soy “ecologista” ni nada, pero me gusta esa actividad. Los medios técnicos no me alcanzan para fotos maravillosas, pero bueno: están las que hacen otros, y el resbalón de mi pobre ojo entre la luz y la sombra de los que pasan volando por delante de mi nariz. Tengo un mono-visor y luego consulto las guías.

Pura curiosidad por el mundo, nada más, como si no terminara de ser aquella “tortuguita” que alguien me dijo…

No son pocas las historias de muchas culturas, que identifican al ave con un mensajero del Más Allá, del Cielo o del adondesea simbólico que cada uno imagina como residencia de los Dioses, los Espíritus y de todo Aquello que provee de sentido superior a las pobres vidas humanas. Tampoco escasean las historias de santos de cualquier religión, que se quedan abstraídos, más allá del tiempo y del espacio, por el “efecto pájaro”, aunque sea porque lo lleve en sus garras una gran águila (el amado copero de Zeus) o porque le pique los ojos un cuervo (la muerte de CúChulainn). O que el santo contribuya a la reproducción de la especie pajaril, como San Kevin de Glendalough y los mirlos.

Por eso, pajaritos pequeños, aunque sean unos depredadores terribles, nos parecerán siempre simpáticos por con su canto, su color o su vuelo, simbolo de fugacidad, de contento y hasta de amor. Conocer su realidad, ayuda a situarnos en este mundo y también en el otro, el de la belleza y la fugacidad. Estoy en contra de los cenizos que ven al ser humano como una plaga bíblica. Me pregunto ¿cómo nos verán los virus, si tienen capacidad de “ver”? ¿Y cómo verán los mosquitos a las aves, o la paloma al cernícalo? ¿Acaso no hemos ido nosotros un poco más allá del “cazar para comer” que suelen seguir casi todas las demás especies?

El dibujito de Michel Leunig que ilustra el post nos muestra un ave con sentido común y la pizca de humor que muchas veces nos falta a los humanos.

Han llegado los vencejos a mi barrio, ¡alegrémonos!