Banastas


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Traigo espárragos hoy como homenaje a quien todos estos años me proveyó de ellos, un labrador de la ribera del Tajo como es esta tierra: ancho, abierto y libre. Siempre un “toma, hermosa” al entregarme la bolsa con el producto o devolverme el cambio. Sin mostrador, solo unas banastas con algo de fruta o verdura para quien quisiera comprar, ¡y una romana para calcular el peso!

Suerte tuvo el hombre, que falleció antes de esta mierda…

Al fin de esta puta crisis ya no quedarán en la ciudad muchos “banasteros” vendedores de productos de la huerta en su propia casa; casi todos eran mayores, con derecho a no pasear.

A su viuda me encontré ayer, preocupada por la vieja casa (viejísima, de las más antiguas del Sitio) que orea todos los días para placer de los gatetes, que echan de menos a sus dueños y estirar las patucas por fuera de las ventanas.

Para este cuidado de la propia memoria, ella camina entre esa casa y otra todos los días. Sí, camina en “confinamiento”, y tal vez escuchando a alguna viejaelvisillo con acidez de estómago (y probablemente sin sus años, ni su señorío) increparla por el “paseo”.

No se preocupe, a mí también me han increpado, y como eran voces de niño, advierto que las nuevas generaciones ya van aprendiendo a meter las narices donde no les importa. Será cosa de los “realiti chous” de la tele. Que les den much… as felicitaciones de Pascua a los unos y a los otros.

¡Este post va por los vecinos con portalón y banastas llenas de espárragos! ¡Ojalá volvamos a verlas, tan hermosas!