Terciopelo y cuchillas


 

Estos días -será cosa del confinamiento- repaso fotos antiguas. La mayoría mías y de mis queridos (las de humanos os las enseño otro día).

Pero por la mañana, cuando iba a hacerme el desayuno, sucedió una cosa: me pareció verle (de verdad, verle) detrás de mí, al entrar a la cocina. Volví la cabeza a punto de reñirle, por enredón… Unos segundos después de la sorpresa, me resigné a sentarme y preparar la tostada y la miel, y tomar el café, porque debía de estar falta del azúcar que hace funcionar correctamente al cerebro en modo vigilia.

Este artículo de Julio Valdeón (este señor escribe de maravilla) me ha vuelto a recordar al amiguete que se fue… Y al “riesgo de vivir con mamíferos que entran y salen de casa” sabiendo lo que sabemos del virus.

En mi caso y mi confinamiento, el príncipe de terciopelo y cuchillas ya solo entra y sale en los sueños y en las lipotimias.

Valga la WordPress-galería de imágenes como un homenaje final.

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