Manuscritos y “memorias” (una reflexión)


Folio de LU 59. Las Macgnímrada

Ahora que estoy repasando TBC I me doy cuenta de lo grande que fue la labor de los escribas y amanuenses irlandeses del s. X-XI. Debió ser hercúlea, ¿o hay que decir “homérica”?

Aquellos “bárbaros” que ya no lo eran, querían introducir su propia Historia en la del mundo. Esta era entonces la Historia escrita por Roma, que recogía la escrita por los Griegos, con sus dioses campando por el mundo, y la Historia Bíblica, o sea, todo aquello que dijera el Antiguo o el Nuevo Testamento. Por supuesto, con excursiones por los Apócrifos por si alguna cosa les resultaba extravagante (para incluirla, ¡menudos eran!) o paseos por donde hiciera falta.

Por supuesto que se apoyaban en la memoria oral de los profesionales denominados filid, pero ni estos eran Arqueólogos, ni Filólogos. Y tampoco eran superhéroes. Y aunque era probable que tanto los filid como los “nobles sabios” monásticos tuvieran buen conocimiento de los clásicos, (¡y del latín o el griego!) tampoco se enfrentaban a ellos como nos enfrentamos nosotros.

Como mucho, matizaban con lo que aparece muchas veces en TBC I: “y como dicen otros…” (córugud eile) o “como dicen otros libros…” (agus libair aile córugud aile…) y así, se curaban en salud.

Arqueología

Y además: ¿cómo estaba el manuscrito del que estaban copiando?

El otro día leía unos datos sobre la famosa prueba de pluma de Mac Célechar. Parece ser que a mediados del s. XIII (cuando se hizo la redacción III de TBC) ya no era legible por desvaimiento de la tinta, y parte del texto tampoco lo sería, a lo que se sumaba la falta de comprensión del idioma. Sí, del propio idioma.

En la exposición que vimos el año pasado sobre El Cantar del Cid y Ramón Menéndez Pidal ya pudimos hacernos una idea de lo necesario para leer un documento del s. XIII, que está escrito en un castellano lo bastante moderno como para que a los que estudiamos Historia en mi generación aún podamos leerlo transcrito, sin modernizar, y enterarnos de gran parte de lo que cuenta… Pero pertenecemos a una generación con cultura Universitaria “antigua”, aparte de habernos especializado en leer cosas viejunas, muy viejunas.

¿Cuántos siglos puede conservarse oralmente un hecho? Y no me refiero a una hazaña histórica, sino a detalles, por ejemplo: ¿cómo eran las vainas de la espadas de hace trescientos años?En nuestro tiempo, hay que acudir a un especialista para saberlo y reflejarlo por ejemplo en una novela histórica.

Y de qué manera se conserva el “hecho” (pachucho, reseco, momia, polvo eres, etc…) cuando alguien, feliz o inconsciente, lo recoge. Y también cómo lo recoge, si con pinzas o con una pala o…  Me hizo mucha gracia -creo que ya lo conté en Mujerárbol– que en una de las rebeliones irlandesas del XIX se confiscaron las “armas” que llevaba un grupito de rebeldes y entre ellas resulta que había una pequeña espada de una tipología conocida de la Edad del Bronce. Por supuesto, el confiscador no tenía ni idea de lo que era “aquello”, ¡pues la iba a tener el que la llevaba…! Pero lo que uno se encuentra en el suelo…

Así que, una vez expresada la vieja cautela escéptica del escriba del colofón latino de TBC II (otro que tal) expreso la mía propia: ni es Edad del Hierro todo lo que lo parece, ni pagano todo lo que aparenta. A veces, leyendo el Táin, tengo la impresión de ue solamente es un nombre.

Las coincidencias de dos mil años, muchas veces son… criaturas nuestras. La información importante (para entonces) no es la que creemos ver (ahora). Y, en general, soy escéptica sobre las coincidencias.

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