
Los evangeliarios de llevar al parecer estuvieron en boga entre los siglos VIII al X en Irlanda, y tanto los que se han conservado como las tradiciones que hablan de ellos, indican que debieron manufacturarse en gran cantidad en los scriptoria de la isla, cuyos monjes y presbíteros los utilizaban en labores pastorales ambulantes por el territorio.
El reciente hallazgo del Evangeliario de Faddan More (2006) o el mismo Libro de Kells indican que los ejemplares «de lujo» podían ser bastante más grandes y muy pesados. Éstos, se utilizarían en la liturgia pública, ya que la letra más grande -y también más decorativa- puede leerse sin tenerlo en la mano, sino sobre alguna forma de atril, como en la liturgia actual.
Los libritos de bolsillo, como el Mac Durnán, que es uno de los más pequeños, pueden leerse mientras se sostienen en la mano.
La tradición transhumante de la iglesia hibérnica se manifestaba por el movimiento de los pastores de almas, que tenían que recorrer los más o menos amplios territorios de la familia monástica o de la tuath para ejercer sus funciones. Los territorios eclesiásticos en Irlanda no estuvieron sujetos a las fronteras que hoy poseen las diócesis episcopales hasta al menos el s. XII o XIII, sino que se adaptaban a territorios «tribales» (de las tuatha). Éste, marcaba el de las fundaciones monásticas próximas, pues existía una estrecha relación entre la tuath como entidad política y familiar, y el monasterio, hasta el punto de poder trazarse los linajes de quienes regían éstos y los grupos «tribales» (familiares) que dependían de éllos, como clientes o aliados.
Quizá, la práctica de celebrar la Misa en una casa particular (que se popularizó forzosamente durante el s. XVIII a consecuencia de las Leyes Penales; como ha sucedido en otros lugares en momentos de persecución de los Cristianos) ya venía de lejos… También los presbíteros encargados de la confesión ejercerían de esta forma errante de su ministerio, teniendo en cuenta que el «invento» de la confesión privada se debe a éllos, a los irlandeses, precisamente.
De ahí el tamaño pequeño de algunos evangeliarios altomedievales que ocupaban poco espacio en el macuto con el que siempre se representa a los clérigos en la iconografía hibérnica.
Estos libritos de pequeño formato que llega a la menudencia de un diccionario de bolsillo, no se llaman en irlandés más que soiscél, «Evangelio/Evangeliario», puesto que contienen los Cuatro canónicos o -en el caso de los más pequeños- al menos uno de ellos. Esto se debe al respeto otorgado al contenido. En irlandés antiguo existe otra palabra para indicar un libro pequeño pero con otro contenido: cín. Un cín (nombre que procede del latín quinio) describe un repertorio de notas, o un conjunto de hojas de contenido dispar, como un diario.
El evangeliario de Mac Durnan tiene unos 15.9 cm por 11.1 cm. que lo acercan mucho al tamaño de esos libritos de bolsillo que nos gusta usar a los acuarelistas callejeros. Otros libritos devocionales de este tipo son el Libro de Moling, cuyo estilo gráfico se asemeja mucho al Mac Durnán; el llamado Cadmug o el Libro de Dimma, todos con mayor o menor decoración, pero siempre en pequeño formato, lleno de color y con una caligrafía bastante esmerada para el espacio disponible.
Intriga el hecho de que el signo X que forma parte del acrónimo de Cristo en griego (las letras Chi-Ro) tenga el mismo diseño en el Mac Durnán que en el Libro de Kells, pero con otra decoración interna y con colores menos vivos, que quizá se debe a la degradación de las tintas empleadas. Sin embargo, el estilo de las figuras es muy diferente al de Kells, mucho más plano y con una típica «segmentación» geométrica, que parece imitar el esmaltado sobre metal.
Los colores del Mac Durnán se han desvaído, pero todo indica que fue un trabajo destinado al lujo: en el interior del librito una nota sugiere que fue encargado por el abad de Armagh, Máel Brígte mac Durnán (fallecido en AD 927, según los Anales) y que fue un regalo para el rey sajón Athelstan (894-939), piadoso coleccionista de reliquias, quien a su vez lo donó a la Christ Church de Canterbury… y hasta nuestros días, puesto que siempre se ha conservado en Gran Bretaña.