
En la edición digital de la obra de Felipe O’Sullivan Beare (de quien ya se habló en este blogo) que se encuentra resumida en el repertorio CELT bajo el título Ireland under Elizabeth. Chapters towards a History of Ireland in the reign of Elizabeth being a portion of the History of Catholic Ireland by Philip O’Sullivan Beare, que es una edición, o resumen crítico en inglés, editado en 1903 por M. J. Byrne. El editor juzgó oportuno el anexar a la traducción (la obra de O’Sullivan estaba en latín, ojito) unos apéndices con fuentes de la época Tudor, para poner en contexto las cuestiones relacionadas con la Guerra de los Nueve Años, en la que se enmarcaba el trabajo de O’Sullivan.
Uno de los apéndices es una obra inglesa del año 1600, «A treatice of Ireland«, atribuida a John Dymmock**, que habla de las campañas del año 1599-1600 en Irlanda (se puede ver entera aquí) y, aunque fue publicada mucho después, ya en el s. XVIII, constituye una buena fuente de información para el estudio de los hechos históricos de dicha guerra y, en general, del s. XVI irlandés.
En el «Treatice…» de Dymmock se expone desde un punto de vista monárquico pro-inglés el estado de cosas en esos tiempos en Irlanda. Como en la obra se insiste en los aspectos político-militares, para hacer esta entrada, Mujerárbol se fijó también en el Derricke (1581), que consiste en ilustraciones (el texto es de poco valor) que ya se puede encontrar en los Wiki-Commons. Tales ilustraciones han sido una fuente muy utilizada para mostrar aspectos del entorno social irlandés, aunque sin tener en cuenta el elemento propagandístico que poseen las imágenes. ¿Acaso esos «salvajes» que galopan en caballos sin silla ni estribos y que hablan un lenguaje «incomprensible», no nos recuerdan (ahora, en el s. XXI) a «salvajes» de otros continentes, que montan a pelo y llevan anticuados arcos y flechas?
Las estampas de Derricke se utilizaron en impresiones posteriores con el fin de ilustrar la extrañeza que suscitaba Irlanda y lo irlandés en aquellos años de duras contiendas europeas entre Católicos y Protestantes.
Pero volvamos al texto atribuido a Dymmock, que dice así en cuanto a las fuerzas militares irlandesas en la Guerra de los Nueve Años:
Sus fuerzas son de tres clases: jinetes, «gallowglass» y Kernes. Los jinetes están armados con una protección en la cabeza, camisas de malla o chaquetillas, una espada, una daga de doble filo y una lanza (…). Cada jinete tiene dos o tres caballos, y cada caballo va con un criado: el caballo de servicio está siempre suelto y el criado, que lleva su arnés y su lanza, monta sobre el otro o sobre un trotón.
Estos «criados» combatientes eran llamados «talún» en lengua nativa, «dalloyne» en inglés. Los caballos de refresco son un arma útil cuando se trata de avanzar rapidamente, ya que sirven para llevar el equipo y los suministros, o para hacer relevos. En el caso irlandés, este uso manifiesta una tradición de combate anterior al uso del caballo como arma de batalla en campo abierto, tan medieval. Como parece sugerir la imagen de la derecha, no se trataba de caballos grandes como los que usaban los caballeros de armadura de la plena Edad Media, capaces de recibir un choque de otro jinete armado y acorazado de la misma manera.
La «daga de doble filo» de la que habla recibía el nombre de scían (skene en inglés) y parece arma de origen escandinavo, introducida precisamente por los gallowglass, que tenían ese origen étnico, de los que hablaremos en otra ocasión.

Como ya vimos en las entradas dedicadas a los hechos de la Guerra de los Nueve Años y a las acciones de los Uí Néill y los Uí Domhnaill, la táctica principal del guerrero irlandés de la época era la emboscada.
Continua diciendo Dymmock:
Los «gallowglass» son hombres escogidos y seleccionados de grandes y poderosos cuerpos, crueles y despiadados. Ellos son la fuerza más grande en la batalla, pues escogen más bien morir que ceder, así que cuando se llega a luchar cuerpo a cuerpo, o son rápidamente muertos o vencen.
Van armados con una camisa de malla, un casco y una daga de doble filo. El arma que más usan es un hacha o alabarda de seis pies de largo, cuya hoja es un poco como la cuchilla de un zapatero, y sin pica, cuyo golpe es mortal aunque sea ligero. Y así armados, (éstos) cuentan con un hombre para que le lleve el arnés y un muchacho para que le lleve las provisiones, y por así decirlo son como para ser utilizados cuando se los necesita; y ochenta de ellos forman un batallón (battell) de gallowglass.El kerne es una clase de infante, ligeramente armado con una espada, una rodela de madera o un arco y un haz de flechas con cabeza dentada, o con tres dardos que tiran con maravillosa facilidad y puntería, siendo un arma muy molesta para el enemigo, especialmente para los jinetes, para los que es mortal.
En estos últimos años, han practicado con el mosquete y el arcabuz y se han hecho muy buenos y listos en disparar. Algunos, usan a los «dalonyes» o mozos de caballos como cuarta forma (de soldado) pues los llevan al combate; se trata de los más bajos y ruines de su país, y no menos útiles en el campo de batalla para dar de comer o peparar a los caballos, que dañinos para el enemigo con sus dardos.
La mención a mosquetes y arcabuces nos sugiere la intervención de un tercero en la guerra… o sea, España, que suministraba estos materiales al bando irlandés. Pero la forma de combatir a caballo más rara y arcaica que podríamos imaginarnos es la que describe Dymmock de esta manera:
Montan sobre cojines de cuero o almohadillas, sin estribos, y en esto se diferencian de nosotros: al encontrarse con el enemigo, no llevan los bastones o lanzas por debajo del brazo, ni las apoyan de ese modo, sino que la cogen por enmedio y la llevan por encima del hombro, y así acometen.
