El poder de la música


Foto: Cabo Menor. Mujerárbol

Suelo trabajar escuchando de fondo alguna música suave, que no sea muy descriptiva, ni demasiado… a ver cómo lo digo… Vale, solo oigo medio bien con un oído (auriculares clásicos al canto), así que algunas me suenan raras, como desafinadas, pues se me escapan los tonos que mi oído no capta. 

Modern Classical (no hay unanimidad estética en esta etiqueta), chillout, jazz downtempo, spaced (ambient, o como se diga), escuchar a Cecilia Bartoli o algún contratenor (siempre autores del Barroco), son las cosas que prefiero, sin dar de lado otras, como las bandas sonoras de pelis que nunca he visto.

Suelo oirlo en streaming y, en general, Spotify no me hace gracia, salvo para escuchar algún álbum concreto…

Lo malo es que muchas veces se me va la cabeza adonde sugiere la música y no adonde debería de estar, en el trabajo concreto. A veces, “la ida” me da bofetón de pasado y rasguño de presente, y me tengo que ir a llorar a otro lado.

Hoy me ha pasado con esta. Es el poder de la música.