
¿Sabías que en algunos monasterios y enclaves religiosos irlandeses existen «piedras de maldecir»?
El fenómeno universal que consiste en desear mal a alguien invocando a un poder divino, diabólico o mágico, requiere de una fórmula y de una imagen. En el caso de Irlanda las imágenes son tan concretas como guijarros que se encuentran en lugares religiosos, tales como antiguos monasterios, sitios de peregrinación o cruces altas.
En Hibernia, el fenómeno de la maldición se asocia a los santos nativos en la literatura y en los Anales, donde se encuentra constancia de su uso. En una noticia del Chronicon Scotorum acerca de la comunidad del monasterio de Tulach Garba (uno de los que dependían de Clonmacnois), la cual ayunó ritualmente contra un rey de Tethba, apoyando el ayuno en un ritual que implicó el sonido de campanos y de metales, usando reliquias del santo del lugar, S. Ciarán, así como la campana atribuida al mismo S. Patricio.
Las piedras de maldecir son normalmente guijarros redondeados por la erosión, que llevan una decoración geométrica a base de líneas o entrecruzados. Suelen ser de mediano tamaño, más o menos como un pan pequeño, «un queso danés» dice una fuente del s. XIX (¡rayos! no encuentro ninguna imagen de un queso español para comparar! No tan grandes como un manchego, eso quede claro). A veces unas son más aplanadas que otras, pero en general algo más grandes que un puño de campesino o trabajador manual (masculino).
Los nombres tradicionales de estas extrañas piedras varían entre cloch (plural clocha), «guijarros», o leacc, lía… vocablo que sugiere una piedra más bien lisa y delgada. Otros nombres particulares de algunas de ellas, como «La espadita de Cathasach» -una piedra «de maldecir» asociada a un santo local del co. Galway-, son más raros, aunque implican que algunas de estas piedras podrían tener la forma de una empuñadura de espada (más alargada) o quizá, servir a una intención más cruel. Muchas se llaman «piedras salpicadas» (clocha breaca), aunque no todas son guijarros de conglomerado multicolor, sino de diferentes materiales rocosos locales.
El «ritual» de la piedra de maldecir consistía en deslizar o sobar la piedra sobre una superficie plana, en sentido antihorario, mientras se recitaba alguna «maldición» contra la persona causante de la ofensa. La superficie podía ser un «altar» o un leacht (palabra que funde sentidos de «piedra» y «lecho») pero conste que el de la imagen principal serviría de poco, pues está hecho a partir de lajas separadas, en las que poco se puede mover… El más apabullante que he conocido está en Co. Roscommon, pues se trata de una auténtica «mesa» de una sola pieza, tamaño escritorio, que está situado situado junto al pozo santo de Kilronan y a pocos metros de la iglesia y el cementerio, donde se encuentra la sepultura de Torlogh Carolan
Según el arqueólogo Chris Corlett, el fenómeno de las piedras de maldecir estaba extendido por toda Irlanda, aunque muchos de estos objetos fueron destruidos en el s. XIX por la Iglesia Católica, para prevenir la superstición. Citando fuentes modernas (del s. XIX) y relatos folklóricos recogidos hasta principios del XX, este autor informa de que en algunos casos, el maldecidor debía ayunar antes de llevar a cabo su acción, igual que hizo la comunidad monástica de S. Ciarán, como contamos arriba.
El ayunar contra alguien (diríamos hoy «huelga de hambre», pero en antiguo irlandés troscad) era un recurso legal contra un personaje superior que hubiera cometido una ofensa contra alguien.
También existen relatos en los que las piedras se utilizaban para jurar sobre ellas en casos de abuso legal o apropiación indebida. Para Corlett, las «piedras de maldecir» eran garantes de la inocencia de quien juraba sobre ellas y, en este sentido, comparables a las reliquias «normales», sobre las que se jura.
De todos modos, las reliquias irlandesas más destacadas eran objetos relacionados con santos locales (campanos, báculos, ropa, etc.) mucho más que partes de sus cuerpos, como sucede en el continente. A pesar de eso, resulta que en la tradición irlandesa más remota, las piedras tenían un simbolismo semejante al de el hueso.

En muchas de las imágenes que pueden verse en internet las «piedras del maldecir» se encuentran metidas dentro de unos huecos redondeados de roca, naturales o artificiales, llamados «bullán» o ballán también vinculados a sitios religiosos y de peregrinación. Pero parece que esta relación piedra de maldecir +bullán no es tan antigua. Eso sí, para la foto quedan estupendos, porque el conjunto parece un nido (las piedras son muy pequeñas, lo cual no suele suceder en los verdaderos guijarros de maldecir).
Se trata de dos objetos tradicionales con funciones simbólicas diferentes: los bulláin representan la comida y el amparo. Los bulláin existentes están relacionados en el folklore con sitios donde moler cereal y hacer puches para los peregrinos, alimento que también tenía poder curativo según la tradición. Otros, apuntan a la posibilidad de que algunos bulláin muy grandes tuvieran algo que ver con la industria metalúrgica medieval a escala monástica… Tal es el caso de la muy conocida piedra del Ciervo de Glendalough, en opinión de los arqueólogos, dado su tamaño y tipología.
Según la leyenda, esta piedra ahuecada servía para que el propio San Kevin (Coemgen) ordeñara a una cierva, con cuya leche alimentaba a los niños cuidados en el monasterio. De todos modos, su origen parece más post medieval que otra cosa, pues estas piedras ahuecadas son más pequeñas que las originales.
El tiempo y las reinterpretaciones populares (o no tan populares) cambiaron el sentido, llegando unas y otras piedras hasta nuestros días tocadas con cierto «neopaganismo» y re-colocadas en donde no cuadra (como el caso de los bulláin + guijarros).
********** Fuente consultada: CORLETT, CHRISTIAAN. “CURSING STONES IN IRELAND.” Journal of the Galway Archaeological and Historical Society, vol. 64, 2012, pp. 1–20. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/24612852. (Accessed 27 Aug. 2021.) (Mi recuerdo a Chris, a quien tuve la suerte de conocer en la ArchSoc de UCDublin, a principio de los 90, como gran speaker en estupendas excursiones arqueológicas).