
La cultura Argárica ha sido una de las bellas desconocidas del mundo anterior a la Romanización de la Península Ibérica. Desde su descubrimiento por los hermanos Siret en el s. XIX, la civilización Argárica se presentaba como una influencia foránea, un «eco» derivado en ultima instancia del mundo minoico y micénico, es decir, venido del Mediterráneo Oriental. Esta idea se basaba principalmente en que estas gentes usaban el cobre/bronce y en el aspecto claramente urbano de sus asentamientos.
Hoy día, gracias a las campañas de excavación en los sitios más destacados de esta cultura, al afinamiento de las dataciones y a la posibilidad de estudio genético de restos humanos, parece clara la idea de que El Argar fue una cultura autóctona en la que, sin embargo, incidió la llegada previa de gente que provenía las estepas de Eurasia, provocando un cambio genético en la zona, entre el 3.000-1.500 AE.
El Argar se caracteriza por la existencia de poblados situados en áreas de difícil acceso, en cerros planos, o que se aplanaban artificialmente para facilitar las construcciones. Casi todos se encuentran fortificados. Tales asentamientos controlaban visualmente un amplio territorio. Mujerárbol & friends han estado visitando los principales de la región de Murcia: La Bastida de Totana y la Almoloya de Pliego.
El hábitat argárico de estos asentamientos consistía en casas de planta cuadrada de piedra y adobe. Muy característicos son los enterramientos en cista, tinajas o covachas, siempre bajo el suelo de las viviendas; una clara uniformidad material, también en el formato de cerámica y armas; representatividad de este armamento y una progresiva estratificación social, con expansión no tanto militar como por medio de capacidad de control e influjo sobre las regiones más cercanas… Siempre teniendo en cuenta el escarpado medio natural de la región que abarca esta cultura.

Se sostiene que la argárica fue una de las primeras culturas europeas en forma de «estado», o al menos de proto-estado. Eso quiere decir que ya se documentan como sociedades estratificadas, en las que un grupo social apoyado en la especialización artesana de la minería y la fundición, organiza la sociedad en forma urbana. Las clases sociales (por decirlo de modo ampliamente comprensible) serían una élite, unos especialistas (metalúrgicos) y unos productores agrícolas, esclavos o no, pues ésto se discute.
El hallazgo de lo que podrían ser «casas de reunión» o lugares donde se tomaban decisiones colectivas, amplía ese concepto «proto-estatal». Quizá estos enclaves controlaban un territorio amplio, y no solo visualmente, dada la uniformidad en los restos materiales de toda el área: cerámica; forma de los objetos de metal; formas de enterramiento… etcétera. Unas veces La Bastida y otras La Almoloya son defendidos por arqueólogos e historiadores como «centros de poder», desde los cuales irradiaba la expansión de objetos e ideas semejantes.
Tal cosa, lo mismo que las creencias más concretas de estas gentes, todavía se discute, como ahora veremos.
Para la fabricación del bronce se necesita un alto grado de especialización artesana, pues se trata de juntar dos minerales (cobre y estaño) o al menos, tener a mano un cobre suficientemente arsenicado que pueda convertirse en bronce sin necesidad de otro metal. Al parecer, en el caso de los principales asentamientos murcianos que hemos visitado, el metal iba a buscarse nada menos que a Sierra Morena a través de un «pasadizo» territorial entre las comarcas cercanas al litoral y el interior de la Península.
El trabajo metalúrgico, basado en quemar mineral que contenía arsénico, era altamente tóxico para los fundidores (y para la población general), en cuyos restos se encuentran abundantes muestras de enfermedades causadas por respirar gases venenosos. Los «talleres» de fundición se encuentran con varios fuegos/hornos bajos y una zona de acumulación de cenizas, como por ejemplo en La Bastida.
La subsistencia general se basaba en cultivos de cereal y legumbres, mientras que el entorno natural facilitaría la caza como complemento a la dieta, al menos la de las clases más altas. Se documenta la existencia de ganado: oveja, cabra, vacuno y también caballos, aunque éstos pudieran ser de uso exclusivo de la élite. Del entorno también se extraían materias primas como los ramajes o el esparto para la construcción de techumbres, cordajes y enseres; arcilla y gredas para la cerámica y los revestimientos de paredes. Y, sobre todo, la madera, necesaria ¡y en qué cantidad! para la metalurgia, aparte de la cocina y de la calefacción.
En el hábitat destacan posibles edificios colectivos de grandes dimensiones, como en La Almoloya, interpretada como «casa de reunión», aunque en La Bastida existen indicios de la existencia de otra de dimensiones parecidas. La existencia de otros «trabajos comunitarios» como balsas para acumular agua, conducciones de agua de escorrentía excavadas en la roca, etc, que implican un poder centralizado, indican un «poder centralizado» en cada caso, que organizaría esa clase de trabajos para la comunidad y que tomaría decisiones en tales «casas de reunión».
En el caso de la Bastida, lo más impresionante es la existencia de una muralla que forma dos líneas defensivas, la primera formada por lienzos de hasta 3 m de ancho, a cuyo exterior se adosan cinco torres macizas de perfil troncopiramidal*. Su altura habría sido de 5 m. desde el punto más bajo, cerca del barranco Salado, subiendo pendiente arriba y salvando desniveles de hasta el 40%. La linea segunda, conserva dos bastiones en forma de cuarto de círculo y unos 3 m de anchura. Ambas líneas definen una entrada estrecha, que sufrió varias modificaciones constructivas a lo largo de su uso. La línea segunda se asocia a una torre troncopiramidal de 4 m de anchura, que actualmente conserva en una altura de 2,5 m. y posee un hueco en la cara que da al Este que pudiera ser una poterna.
La incongruencia de estas grandes fortificaciones con la escasez de armas encontradas en los yacimientos plantea la pregunta de dónde está la «clase guerrera» del «proto-estado». ¿Eran solo los pocos individuos/familias de la élite, apoyados en «temporeros de la guerra», agricultores ya fueran siervos o esclavos?
Lo más llamativo del yacimiento, y que caracteriza al periodo Argárico es la existencia de enterramientos con un ajuar pequeño, pero en ocasiones muy rico. Precisamente la falta o la riqueza de ajuares es lo que indica una fuerte estratificación social: solamente la élite tendría acceso a los adornos y armas metálicas. La mayoría de estos enterramientos son en un hoyo o pozo, en cista o en tinaja, siempre situados en el subsuelo de las casas.

Las diferencias sociales también se manifiestan en estos enterramientos (dobles o simples) pues la clase alta se diferenciaría por un ajuar funerario consistente en objetos de adorno de oro o plata, como diademas, pendientes o anillos, punzones (a veces ricamente decorados, como en el caso de la «tumba principesca» femenina de la Almoloya) y por supuesto, armas.
Los casos de enterramiento doble formado por hombre/mujer o mujer/niño son raros, pero llamativos, y también existe un enterramiento de dos hombres. Se documentan bastantes enterramientos infantiles, a veces acompañados de un pequeño ajuar consistente en figuritas de barro de animales, ¿nos encontramos ante juguetes?
El hecho de que sea en tinaja, cista o covachuela pero siempre debajo de las casas, ha espoleado la idea de que el linaje era un elemento social altamente valioso en esta cultura. Existe también cierta correlación entre el sexo del enterrado, su ajuar y su posición sobre un lado u otro del cuerpo: los varones generalmente yacen sobre el lado izquierdo; las mujeres siempre sobre el derecho y muestran un punzón de tejedor en el ajuar.
En el caso de la «Princesa Argárica» de La Almoloya, el mango de madera del punzón está forrado de plata y lo acompaña un puñal. En el ajuar se encontraron también dos dilatadores de orejas de plata y otros dos de oro macizo, una diadema femenina cuya tipología ya era conocida desde las excavaciones de los hermanos Siret (pero los ejemplares se perdieron en el s. XIX y principios del XX). Su acompañante al Mas Allá llevaba pulseras en espiral, brazaletes, anillos de plata y un collar laminado con cuentas de piedra verde, concha y ámbar.
¿Conocíais estos asentamientos de la Edad del Bronce? Mujerarbol & friends los visitaron a principio de mes y os aseguro que son espectaculares, tanto por su situación en medio de un paisaje muy hermoso, como por los hallazgos arqueológicos que han ofrecido y por la importancia de estos «protoestados» de la Península Ibérica.
___________
(*) Una notita sobre torres troncopiramidales: hablando del topónimo La Bastida, que es bastante común en España y tiene origen medieval, nos preguntamos si en la Edad Media los restos de estas estructuras podrían verse más claramente que ahora, por lo que darían nacimiento a ese nombre de lugar. Una «bastida» según el diccionario de la RAE, es una torre de asedio, que ya empleaban los romanos, y que tiene esa forma cuadrada que… En cuanto a los cerros aplanados el nombre Almoloya, de resonancia tan arábiga, se ha entendido como un derivado de «muela» («mullus», que dio nombre al rio Mula de esa misma comarca). Muela, La Muela, El Molar… otro topónimo que también está muy extendido por España y que da nombre a cabezos, montes o cerros con cierta forma aplanada… ¡Ay! la erosión (de las lenguas) ha dejado por otras tierras más alejadas y humedas los mullagh y maol (Mullaghmór o Maola na Midi) que vienen a signficar lo mismo: montañas o «cabezas» sin pico ni protuberancias… Aplanadas, quizá por algún gigante. En el Táin vienen historias toponímicas de ese jaéz. Por cierto: también viene una profetisa/Reina que lleva un «espada/punzón» de tejedora… y ahí lo dejamos.

Respuestas
[…] con el asunto de El Argar y al hilo de lo que publicamos el 6 de Abril sobre el estupendo programa de TVE «Arqueomanía», […]
Me gustaMe gusta
Estupendo artículo Cada vez está más claro que había mucha vida en la península ibérica antes de los Iberos.Lástima que no pudiéramos ver la entrada a la muralla de la Bastida .
Me gustaMe gusta
Como friend de Mujerárbol, no puedo estar más de acuerdo con el artículo. Una pasada la visita de La Bastida y La Almoloya, aunque la subida a esta segunda fue dura como un Vía Crucis.
Gracias por la recopilación de datos, Aliseda. Haremos más excursiones.
Me gustaMe gusta
Pa la proxima, tendrán escalera… Stairway to heaveeeen
Me gustaMe gusta
Gran artículo 👌
Me gustaMe gusta
Muchísimas gracias, Juntaletras.
Me gustaLe gusta a 1 persona