
Ya es tarde, y hoy estaba tan nublado que el día no pasó de gris hasta que se hizo negro. A pesar de eso me di un bonito paseo mañanero, siempre pisando hojas caídas, a montones, por todos lados. Pisando amarillo y una lluvia finita, finita, corta para mi excesivo paraguas regalo de una afamada marca de tecnología auditiva…
Las hojas no me estorban. Las hojas son díscolas y cambian de sitio en cuanto pasa un coche un poco más rápido de lo normal. Del viento, no echo cuenta: es su labor el amontonarlas y menearlas para que caigan más rápido. Los coches son los que deberían tener más cuidado, porque de hojas no se sabe que hayan matado a nadie con su caída o meneo, pero de ellos… He dicho las hojas, no una rama de 20 kgs. de peso, ojo.
Dejemos la poesía. Tengo abandonada la colaboración con DH y no es por gusto, sino porque no encuentro tiempo ni (sobre todo) concentración suficiente para desarrollar algún tema. Espero recapitularme al final de las Fiestas… y mientras tanto, seguiré intentándolo. Todos los días leo algo, aunque sea narrativa. Ahora estoy liada con algo que no me esperaba: una serie narrativa. Les contaré, más adelante…
De momento, paseos mañaneros, cultivo de amigos y… ayuda de ángeles, invisibles pero con voz.
Respuesta
Me recordaste a YVES MONTAND, y sus «Les feullies mortes», evocando los 40-50
https://www.youtube.com/watch?v=Xo1C6E7jbPw
Me gustaLe gusta a 1 persona