El Evangelio de Lindau (publicada 8/6/2011)


Vuelvo a publicar esta entrada, porque de nuevo editan la libreta que le dió origen. Es lo que pasa por ir por la vida (y las papelerías) con el ojo abierto. ¡Voy a por ella, ya!

El otro día fui a la papelería a comprar un regalo, y me encontré con que una empresa de material de escritorio de casi-lujo tiene a la venta unos cuadernos de notas y agenditas que, entre otras preciosidades del diseño, reproducían esta cubierta de libro:

Cubierta trasera del Evangeliario de Lindau

La decoración de entrelazos plateados que rellena los cuarterones de la cruz, ¿os suena a algo? Exacto, a arte irlandés.
Se trata de los evangelios de Lindau que se hicieron en la Alta Edad Media en algún lugar del Sur de Alemania, o bien en la propia abadía de San Gall, fundada por uno de los compañeros del viaje del misionero irlandés San Columbano. Estos misioneros fundaron algunos de los monasterios más brillantes de la época de Carlomagno, que persistieron durante los reinados de sus descendientes, en muchos casos hasta que entró en territorio alemán la regla Benedictina y, aún bajo esta, hasta la Reforma Protestante.

Una congregación de canónigas de la nobleza, llamada “Nuestra Señora Bajo los Tilos” (¡hermoso nombre!) poseía en el s. XVI el libro. Al ser seculariazado el convento en el s. XIX, la joya quedó en manos de descendientes de la última abadesa, de quienes pasó hasta Nueva York a principios del s. XX, y allí fue adquirido por los creadores de la Biblioteca Pierpont Morgan, donde hoy se encuentra.

En el enlace podéis ver un video sobre el particular.

Cubierta frontal

La cubierta frontal es una de las obras cumbre de la Escuela Cortesana de Carlos el Calvo, un nieto de Carlomagno que se rodeó de los mejores filósofos, artistas y maestros de su tiempo (segunda mitad del s. IX) entre ellos no pocos irlandeses. La cubierta muestra una fina representación de Cristo crucificado en relieve de oro, rodeado de evangelistas y ángeles en paneles separados, acompañados por un despliegue espectacular de piedras preciosas.

Sin embargo, la cubierta posterior del libro es la que ha hecho correr más tinta, precisamente por su mezcla de elementos hibérnicos con carolingios e italianos, éstos últimos muy posteriores.

Como veis, el motivo decorativo principal es una cruz, en cuyo centro hay un topacio y 4 pequeños bustos de Cristo en relieve esmaltado, cada uno con una inscripción. Me extraña que no sean los Evangelistas, pero los curadores del Museo los han visto mejor que yo. Me recuerdan a esa oración -hoy popular en Irlanda- que sitúa a Cristo en todas las direcciones del espacio además de encima y debajo del orante.

Entre los brazos de la cruz están los paneles de plata dorada, con entrelazos de animales fantásticos que llaman la atención por su estilo hibérnico. En las esquinas de la cubierta hay 4 relieves de los evangelistas, que fueron añadidos en el s. XVI.

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Evangeliario de Mac Durnan (Actualización)


El evangeliario de Mac Durnán (image Lambeth Palace Library)

Lo traigo aquí para los que siguen preguntándose qué sería un “evangelio de llevar”, de los que se mencionan en mi última novela.

En inglés los refieren como “pocket Gospels”. Sin embargo, no he encontrado que en irlandés les llamasen otra cosa que soiscél, “Evangeliario”, aunque el tamaño roce lo que podía ser un Cín (Quinio). Mi impresión es que Cín es una palabra para designar no un tamaño, sino un tipo de libro: un repertorio, un diario (ya en lenguaje tardío o algo así.

Estuvieron en boga entre los siglos VIII y IX y al parecer se manufacturaron bastantes de ellos en los scriptoria irlandeses, cuyos monjes y presbíteros los usaban en labores misioneras, de ahí el tamaño, para llevarlo en el macuto con el que siempre se representa a los clérigos en la iconografía irlandesa.

Yo he tenido oportunidad de ver el Libro de Moling -que se expuso en el Trinity, me parece que en 2015- que se parece mucho en estilo y tamaño. Intriga la forma de esa X que forma parte del acrónimo de Cristo en griego (ChiRo) , y es el mismo diseño que la del Libro de Kells, pero con otra decoración interna y colores oscuros. Sin duda, era un tópico en la iluminación irlandesa.

El estilo de las figuras es algo diferente all de Kells, más plano, pero no menos colorido. En este caso, el tamaño importa… para el iluminador.  Claramente, el de Mac Durnan es un trabajo delicado, destinado al lujo.

Este evangeliario se conserva en Londres, debido a que fue un regalo del abad de Armagh Máel Brígte mac Durnan al rey sajón Athelstan, piadoso coleccionista de reliquias; así que desde el origen, el libro ha estado en Britania.

Para algún detalle más, leer entero el artículo de Irish Archaeology, que se publicó nada menos que en 2015… y que allí sigue, ¡daos prisa, por si acaso!

(Este post de Mujerárbol fue publicado en febrero de 2018).

 

Un plan (urgente) para la protección de los castros asturianos – Nortes | Centradas en la periferia


El abandono del castro de Mohías en Coaña es un nuevo síntoma de que algo grave falla en los últimos años en la gestión del patrimonio arqueológico castreño. Del patrimonio castreño y de otros patrimonios de España, me parece (añade Mujerárbol). Un gran reportaje en “Nortes”, a cargo del arqueólogo Rubén Montes. Porque la divulgación […]

Corazón oscuro


León Arsenal, Corazón oscuro. La esfera de los Libros, 2014.

Este libro me llegó por amistad y por amistad diré que lo he disfrutado muchísimo. Tiene el final más bonito y poético que jamás me he encontrado en una novela histórica.

En otros libros del mismo autor que he leído, las mujeres tienen un protagonismo que nada debe a las bobadas que muchas veces se atribuyen en estos tiempos posmodernos a “lo que puede hacer una mujer”. Aquí se visualiza perfectamente lo que podrían haber hecho en tiempos pasados. Que lo hicieran o no ya no es cosa de novela, sino de Historia. Novela e Historia son dos cosas son muy distintas: Historia es la realidad (que pudo ser asquerosa y estropearnos los sueños) y lo otro es lo que un escritor o un poeta imagina y, a través de ese acto creativo, nos muestra su habilidad, su capacidad de maravillarnos, quizá sus sueños.

Jessica Lewis en Pexels

Así sucedía en Bandera Negra, que ya reseñé aquí: no era la libertad la que llevaba a la protagonista femenina a estar en un barco pirata. Era precisamente la proteción que le daba la familia. Una protección peligrosa, pero efectiva, y que no excluía ni su libertad, ni su feminidad.

En este caso, vuelve a suceder: no es la libertad, y mucho menos un capricho, lo que lleva a la protagonista femenina a hacer lo que hace. Pero eso que hace, la define.

León Arsenal crea un personaje femenino que, en mi opinión, “se come” a todo lo que ha pasado antes de su aparición y a lo que pasa despues. Una mujer con un carácter complicado -caprichosa, sí; obstinada, también…- pero que va transformándose sutilmente poco a poco hasta el momento final.

Al amigo que me lo regaló le doy las gracias porque me parece un libro maravillosamente escrito, muy bien documentado (perfectos esos escoceses que no hablan gaélico, cosa de bárbaros de más al norte y más al oeste) y perfecto en la visualización de movimientos, batallas, hogueras en la noche, polvo y sudor, para ilustrarnos sobre un hecho poco conocido de la Reconquista (ya en el siglo XIV) y fantasearnos con un personaje de lo más romántico y maravilloso de su escritura.

Recomendabilísimo para quienes sepan apreciar la buena escritura de historias maravillosas.

 

Entrevista


Una entrevista al presidente de Divulgadores de la Historia, Federico Romero, que habla del libro Ab Urbe Condita. La Roma de la gens Valeria y del proyecto que ha habido delante y el que hay detrás del libro que va a romper con toa la pana de la Historia de Roma en la España pandemónica, ¡ea!

Se escucha a partir del minuto 5 en este enlace:  

https://www.capitalradio.es/audio/20201016_MARCAPAGINAS/84607207?utm_source=whatsapp

 

El estrellero de San Juan de la Peña


(Reseña dedicada a Ángeles Navarro, que también escribe maravillas y es abuela narradora).

Esta novelita -o mejor fábula (recojo aquí el tono del epílogo de Táin II, pero sin acritud)- llegó durante el confinamiento mayor, de forma gratis et amore por la propia autora, Ángeles de Irisarri, que lo puso online para quien quisiera bajarlo. Así lo leí en mi KIndle, hace ya más de un mes.

Me da que las escritoras llamadas Ángeles tienen un… aquel para la ternura (aunque algunas practiquen el género negro con fran habilidad).

El caso es que esta fábula se lee de un tirón no porque sea “fácil” en el sentido de poco compleja, que también, sino porque así lo ha querido la autora, narrándolo de una forma que recuerda mucho a cómo contaban los cuentos las abuelas o las mamás, a los niños de antes.

Y este estrellero es un Barón Rampante a su estilo, porque “el árbol” en el que pasa tanto tiempo subido es una plataforma que se ha fabricado él para ver mejor las estrellas. Y como vive en San Juan de la Peña, no hay más árboles a los que agarrarse. El estrellero, que en realidad es un físico, lo primero que encuentra en Aragón es un perruco de esos que se ven en algunas partes de España cuidando los ganados, con su cara bonachona, su pelo compacto y su ladrido ronco y batallador. Y por eso, el protagonista pasa mucho tiempo sin hablar con humanos, pero tampoco con perros, que no necesitan que se les hable para entender…

Y luego hay distintas incidencias: un abad que se muere y hay que embalsamarlo; un monje que se muere de pena por lo anterior; una corte militar que llega a San Juan con sus vanidades y sus violencias, pues los abades allá eran laicos entonces, como en Clonmacnois e igual de irritables; un hombre extraño al que unos dan por loco y otros por desgraciado, pero que preocupa tanto que los monjes hacen venir a sabios de toda Europa para tratar su caso (me alegra que un monje de Bobbio estuviera entre ellos, aunque la autora lo pinte italiano y no de los fundadores, que eran muy estrelleros también) ¡y vaya la que lían para averiguar el estado mental del pobre hombre!. Hay también una bruja que no lo es, y unos viejucos cascarrabias dando la lata en el monasterio.

Foto de Miriam Espacio en Pexels

Y… ¿conseguirá el estrellero ver su estrella?

El librito se lee fácil porque es una fábula llena de sencillez y de ternura. Más que una novela histórica, que no se ha buscado, es un relato tradicional de magia oral, pero puesto por escrito, con humor y una sonrisa de autora. Y que nos lleva al pasado y a uno de los lugares más hermosos y emblemáticos de Aragón, pero sin épica, más bien con dulzura.

Un librito recomendable, ¿saben para qué? Para leer a los niños antes de que empiecen a mirar móviles y zarandajas que no les darán ningún calor.