Desde mi tableta


Foto de fauxels en Pexels

Resulta que me he adaptado un teclado portátil ultrafino-chino de pocos euros a la tableta-china de poco más y… ¡anda! se puede escribir a cierta velocidad con ello. La tecnología es la monda… Lo que yo buscaba era solamente poder escribir con mejor luz, en la mesa del salón, et voilà!

De todos modos, mi ultra ordenador Neolítico con win7 sigue siendo el más rápido al oeste de Castellón, ¡yupiii!

Y si no me pasa nada y mi ojo continua vivo, escribiré en el salón, en el baño, en el estudio, en la escalera. 

Hay días que a una le parece que las cosas funcionan, jejeje. No gracias a nadie, sino a Santa Casualidad, loór a ella.

La otra parte de satisfacción es porque ya me han puesto la primera dosis. Sí, en el lejano Zendal, y bien rápido. Y sin reacciones, después de 4 días, ¡yeeepa! 

Esto casi que merece música… Mas tarde veremos.  

Leer


Foto: Lisa Fotios en Pexels

Tengo todavía por leer el libro de Andrés Trapiello del que el propio autor habla en esta estupenda entrevista de Daniel Gascón en Letras Libres.

El leonés, flamante merecedor de la Medalla de oro de la Ciudad de Madrid me tiene cautivada desde que leí “Ayer no más” y “Al morir D. Quijote”.  Además de sus artículos en El Mundo, que son harina de otro costal.

La verdad es que tengo una pila de libros por leer, de gente que encontrar y de charlas sobre lectura, ecritura, pajaritos, política, esto y aquello… de las que disfrutar. Porque eso es la vida y lo demás, cuento.

Parterre1. Mujerarbol 2019.

Foto Mujerárbol 2021

Con un Parterre al lado… en los dos sentidos de la palabra.

Escribo…


pexels-pixabay-51343

Escribo porque me gusta contar historias. Forma parte de la creatividad y curiosidad que padezco.

Si solamente fuera “escritura terapéutica”, escribiría para remediar algo interior… pero, no. Para eso uso tiritas. Aunque desde pequeña me ha gustado escuchar, leer (aprendí a leer antes de ir a la escuela) e inventarme historias para no sentirme sola (sí, también tenía amigos invisibles que vivían en un armario azul), escribirlas es un paso más adelante.

Para escribir cada vez mejor y con mayor satisfacción personal, aprendo. No sé si llego a conseguir lo mejor, pero algunas de mis cosas me gustan. También leo bastante.

Meditación horizontal. Foto Mujerárbol.

Además, escribir (o dibujar) me permite reflejar una forma propia de ver el mundo: yo lo veo a veces absurdo y divertido; otras, bello y terrible.

A mi edad y circunstancias no busco la profesionalidad, que me parece al alcance de gente mucho más empeñosa que yo, que soy vagonZia por naturaleza.

Participar en concursos es cosa de suerte. Tengo material guardado y de vez en cuando, envío y seguiré haciéndolo, que ya me he animado. Pero concursar no es el centro de mi “vida literaria”, aunque a nadie disguste el ver un renconocimiento a su trabajo, y aquí no se descarta nada…

Escribo por el placer de sentir que hago bien alguna cosa. Alguna.

Y porque creo que el mundo es una historia, y, si deja de contarse, el mundo desaparece… ¡pof!

(Y perdonad el tocho personal).

 

 

La revista de Abril


Ya esta disponible la revista DHistórica nº 27, de este mes de abril de 2021, con estupendas colaboraciones de los blogueros y podcasters de la Asociación. No os perdáis el artículo dedicado a la homosexualidad femenina en Roma o a las rosas en el mundo romano, obra de Gladiatrix (Maribel Bofill). Ni mucho menos la historia de la intervención hispano francesa en Conchinchina (hoy Indochina). Teniendo en cuenta el mes, hay un artículo muy bien documentado sobre la proclamación de la Segunda República Española. Y, por supuesto, una colaboración de esta que lo es. El contenido de este mes abarca desde la Prehistoria a nuestros días, así que hay tela para entretenerse.

Pinchar aquí si queréis leerla. Se abre en pdf y luego, hay un enlace a cada artículo o podcast.

¡Por si estáis aburridos!

Una gran señora


Dervorguilla de Galloway, retrato idealizado del s. XVII (de Wilhelm Sonmans).

En medievalists.net le dedican una entrada a una señora medieval escocesa de nombre plenamente gaélico: Dervorgilla, fundadora de monasterios y promotora del Bailliol College de Oxford, nada menos.

Esto nos ofrece una ventanita a lo que podía ser una gran señora de plena Edad Media en Escocia/Inglaterra, teniendo en cuenta que, además de herencias por el lado paterno (escocés), hizo un buen matrimonio con John de Balliol a mediados del siglo. Pongo la referencia porque en la wiki hay dos personajes con el mismo nombre: lo he mirado para asegurarme que el linaje era anglonormando. De esta manera nos podemos hacer una buena imagen de lo que podía ser Escocia en aquellos años: no todos eran de origen gaélico, ni hablaban exclusivamente esa lengua, a pesar incluso de los nombres…

Como dice la autora del artículo, el de John y Dervorgilla debió de ser un amor verdadero, porque a la muerte de él, ella conservó su corazón embalsamado en un relicario portátil, lo cual dio origen al nombre de la abadía de St. Mary de Dulcis Cor, hoy conocido como Sweetheart Abbey. Lady Dervorgilla además poseía una biblioteca, algunos de cuyos libros fueron a parar al monasterio, que se halla hoy en tanta ruina como otros establecimientos católicos, desde la Reforma de Inglaterra. Los monjes de este lugar fueron los herederos de su biblioteca, como puede verse en algún epígrafe (tal vez, de la propia mano Dervorgilla) y como se sabe por documentación.

Para mas detalles, ir al artículo original en inglés.

Romanesque doorway, the Nuns' Church, Clonmacnoise
Lo que queda del templo de Clonmacnois. (Rob Hurson, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons.)

Otra Dervorgilla famosa fue la esposa de Tighernán O’Rourke, rey de Brefne (en el Norte de Connacht, Irlanda), que también fue patrona de una de las mejores iglesias románicas que se conservan de la isla, la Iglesia de las Monjas de Clonmacnois. Según Anales y Crónicas, esta Dervorgilla (escrito Dearbhforgaill) fue secuestrada por Dermot mac Murrogh Kavanagh, lo cual provocó la llegada a Irlanda de los anglonormandos, precisamente.

La influencia de éstos en el desarrollo del monasterio femenino fue lo que, posteriormente, determinó que lo ocuparan las Canonesas Agustinianas de origen normando, aunque por poco tiempo, que ya se encontraba casi abandonado.

El Der– del nombre de estas damas, es una particula nominal de origen poético, que aparece en nombres femeninos gaélicos, y significa “muchacha, hija” como Derfile, Derfinne, Darerca… que aparecen asociados a personajes mitológicos y a santas, en las fuentes literarias irlandesas.

 

Un diccionario antiguo


Mis diccionarios. A la derecha la edición a 4×2 columnas del DIL (Foto: Mujerárbol)

Me encontré esta entrada en una página pública de FB, dedicada al recuerdo de Micheál Ó Cléirigh, uno de los Cuatro Maestros y monje Franciscano del Colegio Irlandés de Lovaina, miembro de una antigua familia de historiadores, clérigos y filid tradicionales de Irlanda, que murió alrededor de 1643.

En la entrada se habla de una de las más curiosas obras de este erudito: el diccionario de O’Clery (apelllido anglizado) que todavía se cita como una de las fuentes históricas de la lengua irlandesa. El motivo es que su autor habría trillado en muchos manuscritos antiguos para realizar el trabajo.

El título es “Diccionario o Pequeño Glosario” y en el se recogen palabras “difíciles y antiguas” del irlandés anterior al siglo XVII.

Captcha. (https://www.facebook.com/Cleireach/posts/1070108610160688)

Una de sus particularidades es que fue impreso en el propio Colegio de Lovaina, o sea: no es un manuscrito.

Recogía vocabulario antiguo del irlandés y por eso algunas de sus referencias han ido a parar a eDIL, que es un diccionario histórico de esa lengua. Es el primero que se hizo con un criterio racionalizado. El otro diccionario antiguo del irlandés es el Glosario de Cormac (del s. IX) pero su criterio es… imaginativo.

Hay que tener en cuenta que a partir del s. XVI con las catástrofes políticas que acontecieron en Irlanda, hasta el XVII-XVIII, el irlandés de registro culto, se fue perdiendo junto con la clase social que lo mantenía: la nobleza de lengua gaélica y sus filid o “poetas”, historiadores, genealogistas, etc. asociados, mientras que la lengua seguía evolucionando y cambiando hacia lo que hoy es el irlandés contemporáneo.

Por lo que dicen los filólogos, no ha sido del todo una evolución hacia mayor sencillez (sintáctica) pero tanto sintaxis como fonética (y sobre todo ortografía) han cambiado muchísimo. Hay que tener en cuenta que lo que queda de irlandés Antiguo y Medio solo lo conocemos por fuentes escritas de tipo literario/técnico (sagas, literatura religiosa, leyes…) que no reflejan el habla común.

Como pasa con casi todas las fuentes escritas de los idiomas viejos: ignoramos cómo sería la realización a pie de calle (o de huerta) del castellano de la época del Cantar del Mio Cid (el siglo XIII). Lo que se conserva son registros cultos y librescos, en su mayoría. Y en el caso del irlandés, “cultísimos” y elaboradísimos: la clase profesional que los fabricó eran esos “pedantes mandarines” creadores de lo que se ha llamado, de una forma que a ellos no les gustaría, “literatura bárdica“.

El autor de este diccionario pertenecía a una familia de eruditos que llevaba cultivando el arte de la palabra, el examen de manuscritos antiguos y la escritura desde varios siglos antes. Los O’Clery -originarios de Mayo, pero que llevaban ya mucho tiempo viviendo en Donegal, se documentan al menos desde el siglo XIV en ese territorio del Norte de Irlanda.