Corazón oscuro


León Arsenal, Corazón oscuro. La esfera de los Libros, 2014.

Este libro me llegó por amistad y por amistad diré que lo he disfrutado muchísimo. Tiene el final más bonito y poético que jamás me he encontrado en una novela histórica.

En otros libros del mismo autor que he leído, las mujeres tienen un protagonismo que nada debe a las bobadas que muchas veces se atribuyen en estos tiempos posmodernos a “lo que puede hacer una mujer”. Aquí se visualiza perfectamente lo que podrían haber hecho en tiempos pasados. Que lo hicieran o no ya no es cosa de novela, sino de Historia. Novela e Historia son dos cosas son muy distintas: Historia es la realidad (que pudo ser asquerosa y estropearnos los sueños) y lo otro es lo que un escritor o un poeta imagina y, a través de ese acto creativo, nos muestra su habilidad, su capacidad de maravillarnos, quizá sus sueños.

Jessica Lewis en Pexels

Así sucedía en Bandera Negra, que ya reseñé aquí: no era la libertad la que llevaba a la protagonista femenina a estar en un barco pirata. Era precisamente la proteción que le daba la familia. Una protección peligrosa, pero efectiva, y que no excluía ni su libertad, ni su feminidad.

En este caso, vuelve a suceder: no es la libertad, y mucho menos un capricho, lo que lleva a la protagonista femenina a hacer lo que hace. Pero eso que hace, la define.

León Arsenal crea un personaje femenino que, en mi opinión, “se come” a todo lo que ha pasado antes de su aparición y a lo que pasa despues. Una mujer con un carácter complicado -caprichosa, sí; obstinada, también…- pero que va transformándose sutilmente poco a poco hasta el momento final.

Al amigo que me lo regaló le doy las gracias porque me parece un libro maravillosamente escrito, muy bien documentado (perfectos esos escoceses que no hablan gaélico, cosa de bárbaros de más al norte y más al oeste) y perfecto en la visualización de movimientos, batallas, hogueras en la noche, polvo y sudor, para ilustrarnos sobre un hecho poco conocido de la Reconquista (ya en el siglo XIV) y fantasearnos con un personaje de lo más romántico y maravilloso de su escritura.

Recomendabilísimo para quienes sepan apreciar la buena escritura de historias maravillosas.

 

El estrellero de San Juan de la Peña


(Reseña dedicada a Ángeles Navarro, que también escribe maravillas y es abuela narradora).

Esta novelita -o mejor fábula (recojo aquí el tono del epílogo de Táin II, pero sin acritud)- llegó durante el confinamiento mayor, de forma gratis et amore por la propia autora, Ángeles de Irisarri, que lo puso online para quien quisiera bajarlo. Así lo leí en mi KIndle, hace ya más de un mes.

Me da que las escritoras llamadas Ángeles tienen un… aquel para la ternura (aunque algunas practiquen el género negro con fran habilidad).

El caso es que esta fábula se lee de un tirón no porque sea “fácil” en el sentido de poco compleja, que también, sino porque así lo ha querido la autora, narrándolo de una forma que recuerda mucho a cómo contaban los cuentos las abuelas o las mamás, a los niños de antes.

Y este estrellero es un Barón Rampante a su estilo, porque “el árbol” en el que pasa tanto tiempo subido es una plataforma que se ha fabricado él para ver mejor las estrellas. Y como vive en San Juan de la Peña, no hay más árboles a los que agarrarse. El estrellero, que en realidad es un físico, lo primero que encuentra en Aragón es un perruco de esos que se ven en algunas partes de España cuidando los ganados, con su cara bonachona, su pelo compacto y su ladrido ronco y batallador. Y por eso, el protagonista pasa mucho tiempo sin hablar con humanos, pero tampoco con perros, que no necesitan que se les hable para entender…

Y luego hay distintas incidencias: un abad que se muere y hay que embalsamarlo; un monje que se muere de pena por lo anterior; una corte militar que llega a San Juan con sus vanidades y sus violencias, pues los abades allá eran laicos entonces, como en Clonmacnois e igual de irritables; un hombre extraño al que unos dan por loco y otros por desgraciado, pero que preocupa tanto que los monjes hacen venir a sabios de toda Europa para tratar su caso (me alegra que un monje de Bobbio estuviera entre ellos, aunque la autora lo pinte italiano y no de los fundadores, que eran muy estrelleros también) ¡y vaya la que lían para averiguar el estado mental del pobre hombre!. Hay también una bruja que no lo es, y unos viejucos cascarrabias dando la lata en el monasterio.

Foto de Miriam Espacio en Pexels

Y… ¿conseguirá el estrellero ver su estrella?

El librito se lee fácil porque es una fábula llena de sencillez y de ternura. Más que una novela histórica, que no se ha buscado, es un relato tradicional de magia oral, pero puesto por escrito, con humor y una sonrisa de autora. Y que nos lleva al pasado y a uno de los lugares más hermosos y emblemáticos de Aragón, pero sin épica, más bien con dulzura.

Un librito recomendable, ¿saben para qué? Para leer a los niños antes de que empiecen a mirar móviles y zarandajas que no les darán ningún calor.

 

Cambiar de registro


Mi pecho sabe a salmón” Amaranta Batel. Amazon, papel, año 2020

… o también para registrar por sitios escondiditos…

He sonreído, me ha hecho pensar algunas cosas mías, me he reído, me he identificado con la protagonista que, por cierto, se abstiene de discursos de empoderamiento femenino y va ella sola y se tira a la piscina, con todo y con el corazón (y el cerebro) por delante… y he vuelto a sonreír.

Una novelilla para un fin de semana, sin mayores aspavientos. Una recomendación que me hicieron, bienvenida en tiempos pandemonios.

Pensé que una novela que se presenta como “erótica” y que advierte de que contiene escenas sexuales explícitas iba a ser un bodrio verbenero, pero resulta que no, que está escrita con delicadeza y sin amaneramiento, ingredientes que se agradecen en ese tipo de literatura.

Una historia de hoy y de la “crisis de los…” ¿40, 50, 60? en una mujer protagonista que llega justo en el momento adecuado para mí. ¡Miel sobre… lecho de salmón con hojuelas!

Hala. Para desoxidar, nada mejor que el Omega 3.

Líneas divergentes


Tengo unos amigos escritores que son un tesoro. Ya os he hablado de algunos, pero ahora tocan los menos conocidos.

Y el orden de los factores no quiere decir .

Empiezo haciendo brindis desde el centro del ruedo a Soledad García Garrido, que escribe cosas unas veces divertidas y otras tremendas, dentro de un lenguaje realista que no exime la parodia ni un pequeño sesgo mágico. Así ha caído un librito (muy chiquitito) publicado por Letras Cascabeleras que se titula “Lineas divergentes” y que nos lleva de viaje a los años setenta/ochenta, a un mundo de barrio pobre y personajes caricaturescos, que más que hacer sonreír hacen pensar en la desdibujada línea entre la supervivencia y la no-vida que fueron esos años para muchos de nosotros. Los protagonistas son los hermanos “Twins” y un desenlace inesperado de una historia de amor y ropa tendida… Que primero te agita por dentro y luego te abandona, tranquilo, pero con cierto olor a tabaco revenido y a fracaso que no se busca, pero en algún lado está escrito.

Una delicia amarga, pero delicia al fin.

 

La playa de los ahogados (y 2)


Foto de Johannes Plenio en Pexels

 

Bien, terminé la lectura de la novela de Domingo Villar.

Muy bien, no solamente lo que dije en la otra entrada acerca del ambiente marinero y gastronómico gallego, sino que la historia tiene un buen guión dos claros giros de tuerca hacia el final, y uno de ellos -que incluye la clásica dualidad víctimas/verdugos- muy bien llevado.

No despega, eso sí, el personaje de Estévez, que sigue pareciéndome tópico, pero se le ha añadido un par de nuevos detalles que dejan la puerta abierta… A ver la evolución.

No creo que vea la película, a menos que me inviten a hacerlo. Me quedo con el regusto delicioso… a vinito gallego.

Próximamente, más reseñas, amiguitos.

 

 

La Playa de los ahogados


De Mrvalmi – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0. (Así, tan de verano, parece inofensiva)

He empezado a leer “La playa de los ahogados” de Domingo Villar.

El inicio no puede ser más encantador, pues el autor nos sumerge de golpe en recuerdos vitales (reelaborados con mucho arte) y en el ambiente marinero gallego. Es decir: te toca fibras sensibles y lo hace con la suavidad del encantador de monstruítos.

De momento las intervenciones de los dos personajes tópicos -Leo Caldas y Estévez- siguen siendo eso, tópicas. Pero el ambiente se ha conseguido mejor que en el primer libro que leí del autor (“Ojos de agua”) y no me refiero solamente al paisaje. Por eso me da la impresión de que los personajes van a encontrar hueco para ir creciendo a medida que avance la narración.

Ya os he contado en otras ocasiones que cuando leo a gallegos que escriben en castellano, me parece que escucho el “cante” gallego. Por eso me he prometido que buscaré (en virtual) la versión de la novela en esa lengua.

Me gusta la descripción de la comida abundante que se zampan los dos protagonistas en un figón que me ha recordado al “Manolo” de Compostela (¿existirá todavía?), donde los peregrinos y los hospederos nos embaulábamos por poco dinero la parte carnal de nuestro viaje espiritual… Galicia debería tener como emblema el caldero del Dagda, ya que Irlanda se quedó con su arpa. Los gallegos, sin duda, rellenan el caldero divinamente.

No sigo, que me voy detrás del olor a pulpo cocido… Por cierto que estos días estuve pensando buscar alguno de los escritos gastronómicos de Cunqueiro, genuino adorador del caldero (y yo que lo adoro a él).

Villar me ha recordado que debería de hacer esa compra antes de morirme. 

No hay más que decir. Ya os contaré al final de la lectura.