Esto y lo otro


La he robado en la C/ el Foso

No sé si empezar una breve serie sobre “el por qué de SABER Historia”, ya que parece que en DH nos hemos contagiado de ese virus reflexivo y se han producido a la vez varios artículos sobre el tema, tanto entre nosotros como en los exteriores de la Galaxia. Ya veremos, mis ánimos estos días no van más allá de la tentación de beberme entera la botella del agua desionizada que uso para regar el cactus.

Los motivos de esos artículos son los mismos: la adulteración -ista (populista, politicorreKta, sumisa… etc) de la Historia; la omnímoda presencia de una leyenda negra y de sus tías las contrarias, y la Politi-corri y la madrasa que la parió.

Este que me encuentro en La Razón está güeno, con reflexiones muy bien tiradas de profesionales como Juan Pablo Fusi y de exitosos como Santiago Posteguillo (fobias & filfas).

Igual que la reflexión del siempre buen tirador Mr. Sowell, que ilustra la entrada.

 

 

 

Ciudades destruidas


Foto de neil kelly en Pexels

Hoy he mirado dos veces el terrorífico video que enlacé en mi entrada “Así murió Pompeya”. ¿No es fascinante el horror que sugiere el ruido?

Pienso que no hacen falta volcanes para destruir una ciudad. Hay cosas igual de malas.

He visto este artículo en el Irish Times y me ha sugerido la idea de otra ciudad cuyo cambio apunta a una desaparición de todo aquello que la hizo mía desde… que yo tenía once años. Dublín no es, porque hace ya demasiado que no voy y me temo lo peor (el artículo del IT me indica que los temores son ciertos).

Pero a Santander le está pasando lo mismo. El centro ha perdido mucho de su comercio tradicional, baretos incluidos (¡ay, Gelín!) y en el centro proliferan como setas tiendas de moñerías pseudoelegantes (o pseudopijas, no sé). Sin embargo, mi librería favorita, ha desaparecido por partida doble.

Las ciudades son también lugares de memoria personal, de afectos urbanos, no solo con las personas que conociste allí o acá, sino con el paisaje, con las calles (¡ay, Perines!), con los comercios o los bares que visitabas. Una esquina, un pasadizo, un cine… ayer un familiar y yo tuvimos que echar mano de Postureocantabro para situar algunas de las salas de cine donde nos divertimos en los veranos de los 70 y 80, no digo ya de los 90, cuando residí allí a lo largo de varios años. Usar Google maps no nos servía de nada.

Luego, por la noche, alguien en un blog amigo compartió un escalofriante video de calles de una ciudad estadounidense llenas de basura y de gente drogada….

Del artículo del IrishTimes destaqué este fragmento:

In Speak Softly, Go Far I question the psychological impacts – on the individual and on society – of living in the cities in which the realms of possibility are so severely curtailed, and in which the future becomes nearly impossible to imagine.

“Ciudades en las cuales los reinos de la posibilidad se encuentran tan severamente restringidos” dice lo subrayado en naranja.

Libertad, divino tesoro.

Nosotros somos Pompeya, pero también somos los volcanes.

 

Reliquias


Se celebraba el dia 18 de los corrientes con trompetería (mitigada por el calorazo y la sordera) el aniversario del asesinato de Federico García Lorca. Como la foto de la cabecera me pareció perfecta -verlo joven y hermoso, fumando, disfrutando de la vida– el artículo me ha llegado más hondo y mejor.

Y de ahí que me parezca también una buena reflexión sobre ciertos aspectos de la Historia. No de esa historia concreta, que ya la sé, sino de La Historia.

Leanlo en Cualia, un magazine que cada vez me gusta más.

Huesos de santos

 

Cansancios


Para empezar el día (no se crean, ya son las 11) me dispongo a escribir mi primera entrada de blog hecha desde la tableta china, el teclado ultrafino chino… y una cabeza lo mismo que la fregona que guardo en el baño de invitados. Reseca.

He dicho reseca, no resaca.

Foto de Rony Stephen Chowdhury en Pexels
Foto de Rony Stephen Chowdhury en Pexels

A principios de semana hice promesa de no leer noticias que me aguasen el día nada más empezarlo. Pero la incumplo, y así me va: desánimo total sobre las cosas cotidianas de estepaís estepa (cultural y muchas veces humana); país que no es para viejos y una cada día se siente más así, viejuna.

Es como una jaula de grillos y a la vez una dictadura-calcetín-del revés de la de Franco.
En esta, la iglesia no es La Iglesia, como en aquella, el bajopalio y esas cosas. Ganas de bajopalio existen, pero ahora los palios son verticales: tele y prensa en la que el amadolíder pasea continuamente de acá para allá.
Por otro lado, los nuevos obispos son una batucada de señoritas (de todos los sexos, géneros y especies posibles) muy modennas, resilientes y cuchuminativas (no se esfuercen en buscar esa palabra, me la he inventado para que cuadre con lo anterior; no se sabe lo que significa, pero rima con todo lo -ente y todo lo -ista que se le quiera añadir) y muy monas, desde luego, monas. Vestidas de seda.

Por supuesto, la “Cultura” (mayúsculas) no es la cultura, sino un ponche de boniteces, buenas intenciones en el discurso (luego ya si acaso, la acción), colorines y musiquita, (del tipo “mazo de la ferrería”). Todo bien progresista, resiliente y cuchuminativo.

La igualdad y la libertad se han ido a dar un paseo por la bahía. No vale de nada invocarlas cuando resulta que se crean diferencias dentro de cada territorio e incluso dentro de cada individuo (aah, nos quejábamos del “individualismo neoliberal”, aaah). O sea, un feudalismo neo-pop, que ya ni siquiera se basan en pretextos historicistas (estilo “nos conquistásteis entonces, ahora sus vais anterar”), sino en privilegios, ¡privilegios a estas alturas! por hablar una lengua, por “sentirse” diferente, o por no se lo pierdan, acreditar apellidos… ¡viva el Conde nuestro señor!

En fin, cansancio de que cualquier diferencia, cualquier arbitrariedad, ocurrencia o invento cuchuminativo tenga que estar cuidadosamente REGLAMENTADA, no vaya a ser que por el camino se pierdan… algunos billeticos… ¿no? Ya de la igualdad y la solidaridad, hablamos otro día.

Hasta nueva orden, igualdad, solidaridad (y libertad) son… lo que diga el Conde.

Mucho asco… ¡y mucho cansancio!