Ciprés calvo


Ciprés Calvo del Estanque del Retiro de Madrid

Hace mucho que le dediqué unos posts a los árboles vivos más antiguos de la Tierra (etiqueta “árboles”). Por suerte, parece que todavía pueden encontrarse algunos ejemplares vivo y dignos de la categoría de abuelos.

Y cuando los que se encuentran pertenecen a especies que veo casi todos los días… pues mejor. Bueno, “especies” o variedades o lo que sea, o cualquiera que sea la cajita clasificatoria donde los metemos.

Aquí una hermosa noticia sobre la antiguedad de algunos ejemplares de ciprés calvo (taxodium distichum) o ciprés de los pantanos, en su hábitat original americano.

Y en la foto, un ciprés de los pantanos traído de allí a los jardines de Madrid. Bastante conocido, me parece, ¿no?

Otoño 2015. T.mucronatum en Aranjuez

Otras imágenes de taxodium, pero de la variedad mucronatum se encuentran taaaan cerquita de mí…

 

 

Los árboles y los años


  Se ha inaugurado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales esta expo, que me encantaría ir a ver. Trata de la ciencia de la Dendrocronología, de cómo funciona el conocimiento de la “historia de cada árbol” y, por supuesto, de sus aplicaciones en otras ramas del saber, como el paleoclima y la biología de […]

Me acuerdo


Un belén así (Pozuelo de Alarcón, Madrid)

Me acuerdo del Belén que ponía mi vecina, de los grandes, con rios de papel de plata y espejos, y harina simulando nieve, y pastores, camellos y otros animalejos.

Lo ponía en un salón chiquitito que tenía su casa, una casa chiquitita, no mucho más grande que la nuestra, pero donde los vecinos compartíamos no solamente el patio, sino a los niños, las comidas, los cotilleos, los chistes…

Y de la Navidad lo mejor era el belén, y unos polvorones de chocolate horneados por la Sra. Isabel que eran para morirse de gusto (y más ahora que ya han pasado tantos años dentro de mi memoria gustativa) y que una niña curiosa probó una noche, escapándose al helador balcón donde se enfriaban recién salidos del horno.

Más tarde, a ese belén le acompañaba un árbol de Navidad, cosa novedosa que trajeron mis vecinos de sus años de emigración en Alemania. En Navidad vinieron una vez de aquellas frías  tierras, y trajeron balones de colores, y ropa para el nene y la nena, y unos chocolates deliciosos, y un pan amarillo que no he sido capaz de encontrar en ninguna parte y que me encantó. Seguro que trajeron más cosas, pero me acuerdo del chocolate, del pan y de una camiseta de extraño tejido moderno que a mi hermano le estaba grande, por lo que la usé yo durante una temporada.

Por eso será que me siguen gustando los belenes, aunque ahora los hagamos más “minimalistas”. Y me gustan los árboles adornados sin pasarse, aunque han dejado de gustarme los “árboles cono” que ahora parecen obligatorios en todas las ciudades y todas las rotondas… grrr… Prefiero los árboles de verdad, adornados con luces pequeñas, con objetos simples y brillantes, con frutos, con juguetillos.

Ramo leonés

Por eso me gusta esto,  aunque sea un invento de hace poco (que yo no creo que lo sea) porque me parece que auna los símbolos más antiguos de la Navidad: la comida, la luz, los árboles y las cosas bonitas hechas por mano humana.

Y os cuento estas cosas porque, si el año pasado me quedé con ganas de más Navidad (y no sé el motivo) lo mismo este año deja ya de gustarme…

Pero vamos: espero que el efecto no sea duradero.