¡Agua!


No creo que nadie que los haya visto, deje de admirar estos episodios de “Ingeniería romana”. Aquí desbastados en deliciosas pildoritas, fácilmente entendible para quien tenga algo de educación general básica (no, no es ESO). ¡Con lo que me gustan a mi los programas de ingeniería…! Qué le vamos a hacer, es cosa de nacimiento.

La vida cotidiana en Pompeya


Una explicación amena y clara sobre aspectos de la vida del romano común.a cargo del excelente divulgador Fernando Lillo Redonet. Aquí se nos ofrecen explicaciones a partir de lo que nos muestran las pintadas y grafitos conservados sobre las paredes de diferentes edificios de Pompeya, muestra de variados sentimientos humanos de hace más de dos […]

El caldero


Caldero de Cabárceno (www.turismodeobservación.com)

Interesantisimo artículo acerca de un objeto sobre el que hice muchas bromas… en otra vida.

Un icono y magnífico ejemplo de la metalurgia del Bronce Final, la época de los varios y extraños depósitos votivos-abandonados y tesoros en la Península, y en otros lugares del Este y del Oeste del mundo.

Con ustedes, el maravilloso caldero de Cabárceno.

Y no se pierdan todo lo que contiene la estupenda página de Regio Cantabrorum. ¡Con lo que me gustaría volver por allí!

Guerras cántabras (con placer)


Castro de Sta. Marina en Monte Ornedo, Valdeolea (Cantabria). Foto by Gabinete de Prensa del Gobierno de Cantabria – http://www.cantabria.es/web/comunicados/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_DETALLE/16413/1877007, CC BY 3.0 es, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=68594091

Me gustan los reportajes de TVE-Arqueomanía, una de las series documentales de larga trayectoria, con varios años en cartel, mas interesantes producidas por el “ente”. Rara avis en la tele-entretenimiento-basuroide que se estila por estos lares.

Aquí tratan de las Guerras Cántabras y su profunda huella en el paisaje y en la Historia de la conquista romana de la Península Ibérica. Me gusta, entre otras cosas, que se ofrezcan imágenes de los resultados de tan cruentas guerras -se llama romanización-, o sea, el reasentamiento de gentes y del destino final de los veteranos romanos de la guerra, que fueron el germen de importantes ciudades como Astúrica o Mérida. Me gusta que se encuadre el mundo cántabro en el amplio especto de otros mundos célticos.

La serie la tenía casi olvidada por diversos motivos, pero regreso a ella de cuando en cuando, con placer, animada por la excelente presentación a cargo de M. Pimentel; por las entrevistas -algunas a personas que conozco- y por las apabullantes tomas de conjunto del paisaje y de las huellas de castros o campamentos romanos que lleva la serie.

Además, los reportajes también sirven para visualizar cosas interesantes para mi trabajo literario.

Eso sí, me han hecho gracia los patrulleros romanos sesentones y pasados de peso… 😉

 

El Salterio de Faddan More (republicación)


Captura de pantalla by Ban Dida.

ACTUALIZACIÓN DE UNA ENTRADA DE 2012.

Trasteando por ahi a raíz de la noticia de un papiro copto, me encontré más papiro… pero esta vez dentro de un manuscrito irlandés, lo que me picó el deseo de saber más. Hoy, a 3 de diciembre del 2020, trasteando por Facebook acerca de un muerto de turbera, vuelvo a esta entrada.

El Salterio de Faddan More fue encontrado en una turbera de la villa de ese nombre en el condado de Tipperary, en 2006. Fue puesto bajo la tutela del National Museum of Ireland, que inmediatamente empezó la labor de restauración. Teniendo en cuenta la cantidad de cosas que aparecen en las turberas del país, que apareciera un libro no era tan raro. Pero el caso es que parecía tratarse de uno de los escasísimos manuscritos de la “Edad de Oro” (s. VIII) que se conservan, aunque el quid de la cuestión estribaba en poder ver su contenido.

En cuanto pudo leerse algo de él, los arqueólogos supieron que se trataba de los Salmos canónicos del Antiguo Testamento -por eso se llama “Salterio”- un libro bastante común en cualquier monasterio o iglesia cristiana.

Si hubiera sido un mss. en lengua nativa, la historieta habría cambiado mucho… Pero lo poco que quedaba a la vista (sin intentar “abrir” el libro) indicaba que la mejor datación era a través de la letra misma del manuscrito, y que, de regalo, tal vez se encontrase algo de decoración a color. Eso aparte de las contracubiertas, que sí: eran de papiro,, material vegetal reutilizado. Afortunadamente, pudieron aplicarse técnicas exitosas y recuperar algunas hojas, que pueden verse en esta página del National Museum. (Actualizada). La “excavación” de las páginas salvables del libro fue minuciosa, tomándose en cuenta que la tinta utilizada, al contener partes de metal, podría haber salvado al menos parte de la escritura (imagináos letras individuales “extraídas” de un libro…).

El intríngulis del asunto era despegar las hojas unas de otras, pues gran parte del libro no era más que una masa caótica de cuero podrido.

Teniendo en cuenta lo que ha llovido (en Irlanda) desde entonces, parece que el Salterio no se ha podido reconstruir completamente, como se deseaba según los enlaces (ya rotos) que existían en 2012, cuando se redactó esta entrada.

Al menos se puede ver la letra, una bonita uncial mayúscula irlandesa, típica del s. VIII, lo cual determinó la datación del hallazgo. La delicadísima restauración que sufrió esta “lasaña de manuscrito” permite ver que la caligrafía era de lo mejorcito de la caligrafía monástica insular.

El Salterio había sido depositado en la turbera dentro de un bolso de piel de cerdo y tapado (todo junto, entiendo) con una piel de ternero. Al parecer, no es la primera vez que se encontraban objetos litúrgicos cristianos arrojados con cierto cuidado (envueltos o dentro de bolsos) en turberas. Parece difícil saber si tal cosa obedecía a un comportamiento ritual o si se trata de una ocultación o pérdida.

De todos modos, esto ya es curioso, pero lo dejaremos para otro día…

Lo que sí resulta extraño es que se encontrase casi intacta (pero desmenuzada por la humedad, el tiempo, la presión y la forma del descubrimiento) la cubierta del libro, que es la que llevaba papiro egipcio, pegado por dentro para dar consistencia al cuero del que está hecha. Sería la primera prueba de las relaciones mediterráneas del monasticismo irlandés. Mi curiosidad al respecto sigue insatisfecha: no he encontrado ni mú sobre este material tan llamativo. Probablemente fue imposible de analizar.

La bolsa donde estaba el libro se cerraba por medio de una lengueta con botones de hueso, como se ve en la reconstrucción. Se piensa que esta bolsa estaba teñida con un pigmento basado en carbón, es decir, que tenía un tono más bien negruzco.

En la web del Museo Nacional podéis ver imágenes de la recuperación de la cubierta y de alguna página del hallazgo, así como una recreación de las circunstancias mecánicas del mismo… Las imágenes no corresponden al Salterio (pues se ve el Cathach, se ve el Libro de Kells, se ve el Dimma…), pero hay unas fotos detalladas de las hojas que se han podido recuperar, acompañadas con su texto en latín y en inglés de los salmos. El Salterio, en su momento, pudo tener alguna de esas coloridas ilustraciones de tales libros, pero se ve que no ha podido ser recuperado mucho más que esos fragmentos de páginas.

Por proximidad geográfica con el lugar donde se encontró, es posible que el libro fuese copiado en Lorrha o en Terryglas, o en alguno de los grandes monasterios de la ribera del Shannon, donde estaba pujante la industria de la copia de libros “para llevar”. Por otro lado, a mi me parece que el cuidado que se observa en las partes de escritura que pueden verse, indican que no era un libro de Salmos para llevar (aparte del tamaño y la cantidad de hojas que se estiman) sino que quizá tenía uso litúrgico.

En academia.edu via JSTOR se puede bajar un PDF gratis acerca del Salterio (5 pp.). En youtube también hay varios videos sobre el asunto. El más interesante puede ser este de 2014. Hay otro, que todavía no he visto, con una charla académica sobre el particular.

 

Un plan (urgente) para la protección de los castros asturianos – Nortes | Centradas en la periferia


El abandono del castro de Mohías en Coaña es un nuevo síntoma de que algo grave falla en los últimos años en la gestión del patrimonio arqueológico castreño. Del patrimonio castreño y de otros patrimonios de España, me parece (añade Mujerárbol). Un gran reportaje en “Nortes”, a cargo del arqueólogo Rubén Montes. Porque la divulgación […]