Cambiar de registro


Mi pecho sabe a salmón” Amaranta Batel. Amazon, papel, año 2020

… o también para registrar por sitios escondiditos…

He sonreído, me ha hecho pensar algunas cosas mías, me he reído, me he identificado con la protagonista que, por cierto, se abstiene de discursos de empoderamiento femenino y va ella sola y se tira a la piscina, con todo y con el corazón (y el cerebro) por delante… y he vuelto a sonreír.

Una novelilla para un fin de semana, sin mayores aspavientos. Una recomendación que me hicieron, bienvenida en tiempos pandemonios.

Pensé que una novela que se presenta como “erótica” y que advierte de que contiene escenas sexuales explícitas iba a ser un bodrio verbenero, pero resulta que no, que está escrita con delicadeza y sin amaneramiento, ingredientes que se agradecen en ese tipo de literatura.

Una historia de hoy y de la “crisis de los…” ¿40, 50, 60? en una mujer protagonista que llega justo en el momento adecuado para mí. ¡Miel sobre… lecho de salmón con hojuelas!

Hala. Para desoxidar, nada mejor que el Omega 3.

Imbecilidad y progreso


¿Verdad que parece una contradicción de términos? Pues es la realidad. Involución. El Prof. Sosa-Wagner alerta de la receta… que algunos quieren: Hay que limpiar la Historia, manchada por Ejércitos infectos, hay que meter la Historia misma en los hondones de sus rincones oscuros, entre sus ruinas suburbiales, hay que sepultar sus fracasos y sus […]

Más nostalgias


Photo by chivozol from Pexels

Ayer, visualizando un reportaje muy bien hecho acerca de una de las tertulias literarias más influyentes en su momento y su sector -el mundo de la Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción- me acordé de los tiempos en que yo también era tertuliana.

La nuestra no era una tertulia tan influyente, aunque sí igual de animada. O bueno, eso era lo que me parecía a mí, que acudía de vez en cuando. El lugar de encuentro estaba a muchos kilómetros de mi residencia, pero cuando conseguía aprovechar algún puente, fiesta o vacación y largarme para allá, siempre lo daba por bueno. Era estar entre amigos, charlando de las cosas que nos gustaban y “arreglando el mundo a golpe de…” ¿de cervezas? ¿de calcetines? Sin duda de ilusión por construir algo.Leer más »

Limpiar y dar esplendor


Estoy pasándole el plumero a Mujerárbol. Ya sabéis que eso me encanta. Lo primero, como siempre, probar otro color de fondo, mi vicio privado. De momento, he eliminado etiquetas bobas y apartados que con el tiempo han empezado a sobrar. Más adelante veremos si modernizamos alguna cosilla. ¡Ah! he comprobado que los enlaces llevan a […]

Ahí andamos


Más quisiera yo que fuera así mi paseo. (Foto de Gabriela Palai en Pexels)

Andamos, es decir, caminamos.

La cuarentena me ha dejado mal parada de ánimos, fundida en una rutina apabullante, así que he retomado el madrugar y caminar.

No es que eso me quite todos los malparamientos, pero despeja bastantes nublados y sobre todo, ayuda a dormir con ganas, que es algo prioritario para mí.

No sé si me dará el cuerpo para un galloway 2/1 en 5km. o algo, pero me parece que el verano se acerca deprisa. En cuanto empiecen los calores sé que me pondré como una alpargata y no creo que pueda “echar” tan facilmente como ahora esos 9.37 del sábado pasado, o los 6 y medio de nórdica de hoy. Lo único que deseo es recuperar la actividad y el tono físico… Y quizá centrarme en una nueva etapa creativa.

(Que incluya una novela y media, y varios relatos por ahí tiraos).

 

En el silencio



Foto de Min An en Pexels

Para combatir la desgana que se apodera de los que no teletrabajamos y estamos algo acostumbrados a estar solos, pero no tanto, asistimos a cursos y cursitos en internete, ¡que no falten las ganas de aprender!

A los que leen en los balcones -los de Sevilla, como el de la estupenda foto de la publicación que está en el enlace, o los de cualquier barrio que tenga balcones- les deberíamos hacer un monumento. Son un preciado tesorillo.

Hace ya unos… unos nosecuantos días, tuve que salir por la tarde, soleada y cálida, y era tal el silencio -solo los mirlos- que parecía oírse el pasar de las hojas de una joven lectora en un balcón de mi barrio.

Por suerte, aquí abundan los árboles. Generalmente aligustres, pero algo más allá, alrededor de la Plaza de Toros, hay un parquecito con hierba, olmos, cerezo, pino… Y entonces, se oyen y se ven los pajaretes que parecen haber vuelto a señorear las ciudades, como si fuesen más bien pueblos.

Ójala repitamos más esa hermosa actividad: sentarse en el balcón, o junto a la ventana abierta, a leer en el silencio. O por lo menos, a mirar los pájaros.