Entrevista


Una entrevista al presidente de Divulgadores de la Historia, Federico Romero, que habla del libro Ab Urbe Condita. La Roma de la gens Valeria y del proyecto que ha habido delante y el que hay detrás del libro que va a romper con toa la pana de la Historia de Roma en la España pandemónica, ¡ea!

Se escucha a partir del minuto 5 en este enlace:  

https://www.capitalradio.es/audio/20201016_MARCAPAGINAS/84607207?utm_source=whatsapp

 

Locos como romanos


      Os dejo una serie de entrevistas en video que celebran el 3er. Aniversario del Día de la Romanidad. Federico Romero (Divulgadores de la Historia) presenta a Sergio Alejo, Javier Porras, Maribel Bofill y Paco Álvarez (y alguna sorpresa más) colaboradores de ese “evento” o como se quiera llamar, que contarán cosas interesantísimas […]

Trios (y fin)


Photo by Miguel A. Padriñán on Pexels.com

Al leer el episodio que El Historicón relató en su blog hace unos días, sobre una anécdota contenida en el libro de Tito Livio “Ab Urbe Condita” -parte de la leyenda de los Horacios y los Curiacios- me vino a la mente toda esta historia que dejaré aquí, desmenuzada como un bizcocho, por si le sirve a algún estudioso de rituales, religiones Antiguas… o de manuscritos medievales.

Yo me dedico a esto último, así que es de lo que trataré en este post.

De paso servirá para que los lectores pueden enterarse de cómo las gastaban los prolíficos escribas irlandeses.

Desde principios del s. XX, los investigadores que se han ocupado de los manuscritos y relatos irlandeses antiguos, se han decantado por una de estas dos posturas:

a) que el contenido principal de los relatosprocede de tradiciones orales que se remontan al mismo sustrato de la lengua indoeuropea, origen de la que se hablaba en Irlanda en la Edad del Hierro. Y del latín, ¿eh?

b) que los escribas medievales cristianos que copiaron tales cuentos inventaron esos episodios, o los calcaron de fuentes bien conocidas, como los Clásicos grecolatinos o El Antiguo Testamento.

Bueno, la historia de Horacios y Curacios recogida por Tito Livio a mi “me suena” a un buen ejemplo de lo que digo. Para eso, desmigaré los elementos de lo que cuenta Tito Livio y de lo que se cuenta en una historia irlandesa con la que, al cabo de doce años, vuelvo a encontrarme: el Táin Bó Cúalnge (versión I).

En este cuento, los elementos principales de lo mismo que cuenta Tito Livio se han “desmigado” también, y se han repartido en episodios diferentes, liados por un defecto de copia del manuscrito, que se puede atribuir al escriba o a los editores (medievales y modernos).

No sabría decantarme por que los escribas irlandeses hubieran tenido tiempo de adaptar una lectura de Tito Livio (habría que saber si una copia de Tito Livio se conocía en Irlanda antes del año 1100, pero con lo viajeros que eran, lo mismo lo habían leído en otra parte…). O más bien, creerme que Tito Livio recoge una tradición TAN, pero tan antigua, que entre la gente de habla céltica (indoeuropea) de Irlanda, se habría conservado una historia parecidísima, con los mismos (o parecidísimos) elementos.

La clave de todo me la dieron los tríos: presentar las cosas de tres en tres parece ser una característica básica de LO indoeuropeo, la cultura que está detrás de las lenguas que hablamos mayoritariamente en Europa.

El irlandés y el latín, por ejemplo. Leer más »

De tres en tres


Foto chunga del dibujo de Le Brocquy en Kinsella, “The Táin” (1986)

Como una nunca se dedicó a la Historia Antigua y desconoce mucho de la civilización romana (y de toda su mitología), se ha sorprendido mucho de esta entrada en el blog de Juanma Palomino, El Historicón, que relata una leyenda-pseudohistórica recogida por Tito Livio. La leyenda, como tiene que ser, sirve para racionalizar un ritual preexistente… pero vamos… ¿cuánto de preexistente?

¿Es posible que los escribas de TBC I desconocieran la obra de Tito Livio? ¿Hay un motivo IE (indoeuropeo) en el tema, lo que sería más, ¿sugestivo, gracioso? ¿Es posible que los detalles -como el tronco de árbol que sirve como “yugo sacrificial”- sean solo semejantes por herencia y no copiados/adaptados? Huy, huy…

Lo primero que me ha venido a la cabeza es el engorroso capítulo del Táin denominado “La Llegada de las Tropas” y su no menos enrevesado episodio “Las Triadas de los Hombres de Irlanda“… y como resultaba que en ese momento me estaba dedicando a hablar de fuentes del Táin, pues se abrió el grifo.

Nunca, nunca va a dejar ese asombroso relato Táin Bó Cúalnge de sorprenderme. Ni tampoco lo bueno que es andar en una red, que me permite colaboraciones y curioseaciones acá y allá.

¡Gracias, Historicón!

 

 

Manuscritos y “memorias” (una reflexión)


Folio de LU 59. Las Macgnímrada

Ahora que estoy repasando TBC I me doy cuenta de lo grande que fue la labor de los escribas y amanuenses irlandeses del s. X-XI. Debió ser hercúlea, ¿o hay que decir “homérica”?

Aquellos “bárbaros” que ya no lo eran, querían introducir su propia Historia en la del mundo. Esta era entonces la Historia escrita por Roma, que recogía la escrita por los Griegos, con sus dioses campando por el mundo, y la Historia Bíblica, o sea, todo aquello que dijera el Antiguo o el Nuevo Testamento. Por supuesto, con excursiones por los Apócrifos por si alguna cosa les resultaba extravagante (para incluirla, ¡menudos eran!) o paseos por donde hiciera falta.

Todo indica que el carro de guerra (y sobre todo el “falcado”) es un préstamo de la épica grecolatina.

Por supuesto que se apoyaban en la memoria oral de los profesionales denominados filid, pero ni estos eran Arqueólogos, ni Filólogos. Y tampoco eran superhéroes. Y aunque era probable que tanto los filid como los “nobles sabios” monásticos tuvieran barniz de conocimiento de los clásicos, ¡y del latín o el griego! tampoco se enfrentaban a ellos como nos enfrentamos nosotros.

Como mucho, matizaban con lo que aparece muchas veces en TBC I: “y como dicen otros…” (córugud eile) o “como dicen otros libros…” (agus libair aile córugud aile…) y así, se curaban en salud.

Arqueología

Y además: ¿cómo estaba el manuscrito del que estaban copiando?

El otro día leía unos datos sobre la famosa prueba de pluma de Mac Célechar. Parece ser que a mediados del s. XIII (cuando se hizo la redacción III de TBC) ya no era legible por desvaimiento de la tinta, y parte del texto tampoco lo sería, a lo que se sumaba la falta de comprensión del idioma. Sí, del propio idioma.

En la exposición que vimos el año pasado sobre El Cantar del Cid y Ramón Menéndez Pidal ya pudimos hacernos una idea de lo necesario para leer un documento del s. XIII y está escrito en un castellano lo suficientemente moderno como para que a los que estudiamos Historia en mi generación aún podamos leerlo transcrito sin modernizar y enterarnos de parte de lo que cuenta… Pero pertenecemos a una generación con cultura Universitaria “antigua”, aparte de habernos especializado en leer cosas viejunas, muy viejunas.

¿Cuántos siglos puede conservarse oralmente un hecho? Y no me refiero a una hazaña histórica, sino a detalles, por ejemplo: ¿cómo eran las vainas de la espadas de hace trecientos años? Y de qué manera se conserva el “hecho” (pachucho, reseco, momia, polvo eres, etc…) cuando alguien, feliz o inconsciente, lo recoge. Y también cómo lo recoge, si con pinzas o con una pala o con…  Me hizo mucha gracia -creo que ya lo conté en Mujerárbol– que en una de las rebeliones irlandesas del XIX se confiscaron las “armas” que llevaba un grupito de rebeldes y entre ellas resulta que había una espada, de esas pequeñujas, de la Edad del Bronce. Por supuesto, el confiscador no tenía ni idea de lo que era “aquello”, ¡pues la iba a tener el que la llevaba…! Pero lo que uno se encuentra en el suelo…

Así que, una vez expresada la vieja cautela escéptica del escriba del colofón latino de TBC II (otro que tal) expreso la mía propia: ni es Edad del Hierro todo lo que lo parece, ni pagano todo lo que aparenta. Las coincidencias de dos mil años, muchas veces son… criaturas nuestras.

La información importante (para entonces) no es la que creemos ver (ahora). Y, en general, soy escéptica sobre las coincidencias.

¡Ellos ya lo tienen!


Tiberio, Calígula y Claudio

 

Academia Play ha hecho este divertido dibujo de los Tres Emperadores y el libro que va a romper con “toa la pana” sobre Roma y su Historia: Ab urbe condita. Ya sabéis que tiene una función solidaria para la cultura, a través de editorial EDAF y Día de la Romanidad.

Yo espero comprarlo esta tarde en mi librería de confianza. ¡A por ello!