Una inmensa derrota colectiva


Foto: Mujerárbol

Hago mío lo que hoy dice Julio Valdeón.

Es una inmensa derrota colectiva.

Perdemos todos, aquí no hay diferencias en la tercera franja, si los bonitos quieren entender lo que significa “colectiva”.

Cuestionario


http://www.laslibreriasrecomiendan.com/

Una estupendísima entrevista/cuestionario a mi amigo Antonio Rivero Taravillo.

Lo suyo es la sencillez con arte, las respuestas ingeniosas y las recomendaciones maravillosas.

(Anoto lo de la poesía de Mario Quintana, ahora que empiezo a aficionarme a eso).

 

 

Última Roma


Restos de la “ciudad de Cantabria” en La Rioja. De akendali, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/index.php?curid=54476762

“Ultima Roma” de León Arsenal, fue el primer libro editado en España que llevaba códigos QR insertados, mediante los cuales se accedía desde sus páginas a mapas, breves notas o a pequeños videos que contextualizaban la carga histórica de la novela.

La historia que cuenta está ambientada en una época tan de finales del Imperio Romano que raras veces aparece en el cómputo de “lo más leído” o, habría que decir, de “lo más editado”, y eso que “Roma”, como palabra, vende mucho.

“Ultima Roma” es un libro muy bien escrito, con varias tramas que se solapan de una forma muy atractiva. Hay un espía al servicio del Imperio realmente existente en ese momento, el de Oriente. Hay un contingente militar romano que también sirve al mismo Imperio, pero posee otras tradiciones profesionales, pues procede de las estepas asiáticas. Está el papel de las tribus hispánicas poco romanizadas… o más bien “retrocedidas” en su momento histórico, un retroceso que a mí —como medievalista— siempre me intrigó, y cuyo rastro se vislumbra tanto en Hispania como en otros sitios. Está también el papel de los germánicos (suevos y godos) ninguno de ellos recién llegados a la Península y los segundos, poco “bárbaros” ya. Y está el de los extranjeros venidos de otras partes el Imperio: el motivo britónico por el que una empezó a leer la novela…

los personajes contienen elementos que me gustan especialmente, porque no suelen aparecer en la ficción histórica al uso: lo simbólico, como por ej. que el espía sea ciego y por tanto se valga de otros para su labor, así como sus introspecciones de tono onírico entre paisajes surrealistas. O lo intrigante, como la mujer que guarda las máscaras militares de los romano—britones, ¿por qué una mujer y no el “bardo” que aparece con ella?

Todos estos elementos hacen muy atractiva una historia que transcurre en la Hispania todavía no controlada del todo por los visigodos, al lado norte del Duero y cerca del curso, hoy riojano, del Ebro. , aunque la historia empieza en Cordoba y se extiende también por la costa levantina… O sea, que Hispania como paisaje también tiene un peso tangible en la narración.

Quizá la única pega que le pondría es su final algo abrupto. Por lo demás, una obra que me hizo disfrutar como los niños con el desarrollo de la acción y entretenerme como la divulgadora histórica que me gustaría ser con las extensiones por QR.

Con “Última Roma” empecé a interesarme por un novelista entonces desconocido para mí al que ya sigo con interés y que en el momento que escribo esta reseña, creo poder considerar como un amigo.

El mudejarillo


“EL MUDEJARILLO”

Que a su autor, José Jiménez Lozano, le dieran el Premio Nacional de las Letras en 1992 ya nos indica que nos encontramos ante algo distinto a la “ficción histórica” más comercial. Porque ese premio —y otros que recibió Jiménez Lozano— tiene que ver con una escritura redonda, delicada, amante del ingente patrimonio del castellano y de su maravilloso vocabulario rural, y volcada hacia lo poético y también lo espiritual. En el de las Letras se premió la escritura sobria, apegada a las figuras más sobresalientes de nuestra Historia y reconociendo en el premio un homenaje implícito al gran Miguel Delibes, otro castellano leal.

El libro cuenta con un deje nostálgico la historia de un hombre cuya alma era más grande que él mismo: San Juan de la Cruz. No es lectura facilísima, ni hay enrevesadas aventuras plagadas de imaginería cinematográfica. Nada de eso.

Existe una trama muy sencilla que va de la infancia a la muerte del personaje, a través de una sucesión de escenas, que se antojan soñadas, mejor que descritas y “montadas” luego con los artificios literarios de hoy día. La descripción es escueta como un páramo quijotesco, pero el simbolismo que se otorga a los objetos cotidianos (alimentos, aperos de labranza, edificios, la madre, el niño…) y a los elementos del escenario (la luz o el sonido de las aves) la hace delicadamente poética.

De la “ambientación histórica” el autor da cuenta por medio de diálogos y de personajes secundarios, a través de los que percibimos la dificultad de la vida en una España imperial y rica, pero sustentada en muy endebles pilares. El tema es la diversidad de orígenes de los distintos españoles de entonces: campesinos, letrados urbanitas, religiosos, etc. y las trampas para esconder orígenes “no limpios” y la corrupción que de ello se derivaba. Las diferentes clases sociales y los problemas de cada una.Leer más »

“Bandera Negra”


(Subtítulo de este post: A mí no me gustaba el siglo XIX)

Acabo de terminar “Bandera Negra” de León Arsenal. Una historia de piratas, pero no de los clásicos que salen en las pelis. Dudo mucho que estos piratas, auténticos y españoles lleguen a salir alguna vez en una película.

Pues se trata de una historia de corsarios del Mediterráneo durante la Primera Guerra Carlista, 1833—1840. O sea, en España a mediados del s. XIX, con ambas facciones (liberales y tradicionalistas) atacándose y contrabandeando armas, suministros y gente en sus respectivos intereses, a lo largo de la costa valenciana.

Una historia vibrante, con varios giros que acrecientan el interés de una trama que parece sencilla: hay una guerra civil «que vuelve a los hombres malos»; una rivalidad entre enemigos, que no excluye el comportamiento honorable; una historia de amor y… un tesoro, claro (si no, no sería una historia piratesca).

El lenguaje de los personajes está cuidado al máximo, con unos diálogos sin florituras que caracterizan a cada cual. No habla igual la señorona tradicionalista irlandesa que el piloto valenciano sin graduación. La presencia de personajes secundarios como el espía Clark, o el espadachín suramericano y el colorido de las descripciones otorgan fuerza a la narración. La historia de amor, además, está narrada con calidez, sin aspavientos y con una bonita sorpresa final.

Muy bien manejado también el protagonismo del paisaje, al que ayuda un poco de “visión pictórica” muy acorde con la ambientación de la novela en pleno Romanticismo, tan amante de las “marinas” pintadas.

En definitiva, una novela muy recomendable, teniendo en cuenta lo poco representado que está este periodo de los inicios de la España Constitucional en la novela histórica de nuestro país. Un periodo fascinante, como dice el autor en la nota final.