Feliz Año… y a seguir


Me ha encantado la historieta… y el dibujo, claro. Los efectos de sonido y música son maravillosos.

Dos cositas y Feliz Navidad


Foto: Mujerárbol (Santander).

Una está vaga y además, pachucha. Así que se conforma con lo más vagoncio del blogueo, que es enlazar cosas bonitas de otros.

Todas tienen una cosa en común: estrellas.

Uno de 1989.

Dos, de hace poco, pero mucho y suficiente para que se nos hayan olvidado cosas. Lo de Cernuda tiene truco, hacer clic con el cursor.

Y bueno, que lo paséis lo mejor posible.

 

 

Idiomas


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Un artículo divertido y muy interesante sobre el origen y desarrollo del inglés.

Como una no es de Filología, y menos de Filología Inglesa, encuentra divertidas las comparaciones con la sintaxis española y con el fondo Céltico que tuvo -tiene- la lengua inglesa.

Por esto, me hace gracia por la opinión (sin otro fundamento que una percepción personal) de que el inglés es mucho “mejor”, “mas sencillo” o “mucho más flexible” o “creativo” que el español. La extensión del inglés es debida a su enorme importancia política y económica actual, no a sus condiciones intrínsecas como lengua, puesto que, como dice el autor “El inglés es muy raro”. A lo largo del tiempo, en sitios conocidos o desconocidos, ha habido otras lenguas de cultura o “de poder”. Más bien debiéramos asombrarnos de como lenguas bien lejanas han enriquecido el español, u otras lenguas de la Península.

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No existen lenguas superiores a otras, existen diversas lenguas; no existen “lenguas puras”, todas tienen una historia llena de cambios, de influencias exteriores y de sustituciones, que se aceleran en cuanto el grupo humano que la habla entra en contacto con hablantes de otras lenguas: se toma, se presta, se acomoda TODO, el vocabulario y la sintaxis… El lenguaje es una especie de mercado libre, guiado por la “mano invisible” del deseo humano de comunicarse. Una herramienta, como dicen.

Los motivos históricos, que son los que destaca el autor del artículo, conforman esa cosa fantástica y maravillosa que es la lengua… propia (del autor, el inglés; de quien esto suscribe, el español), un árbol plantado en la Antigüedad que florece y se ramifica en todos sus hablantes mundiales.

En el caso del español, muchísimas ramas y disfrutando de una gran riqueza literaria. Por eso estoy de acuerdo con Pérez Reverte: tenemos una extraordinaria “patria común” linguística. Y deberíamos de cuidarla.

 

De otra (nuestra) guerra



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Ahora que estoy buscando “Las armas y las letras” (que no está en la biblioteca der puebro, qué ruina), así como de recordar el regusto positivo que me dejaron Eslava Galán (“Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie“) y “Trenes en la niebla” de Manuel Rico, resulta que los feeds de WordPress me han dado noticia de la publicación de “Los campos de concentración de Franco” de Carlos Hernández, al que el blog de Joaquín Armada le dedica esta interesantísima entrada con una entrevista y enlaces imprescindibles.

Estoy impaciente por leer las dos cosas, la de Trapiello y la de Hernández, aunque la Guerra Civil no sea un tema que me guste especialmente.

Por ejemplo, la lectura de “A sangre y fuego” de Chaves Nogales me impresionó por lo que cuenta, cómo lo cuenta y por el destino del propio autor. Lo considero lo más duro que he leído sobre “nuestra” guerra, aunque realmente cualquier cosa hecha con un mínimo de objetividad, o si es literatura, con un mínimo de piedad, es susceptible de encogerme las tripas. Debería de encogérselas a todo “español de bien”, ahora que hay entre nosotros tantos peligros para la libertad y la igualdad y, también, tanta bazofia pseudohistórica suelta.

Me parece que hemos desperdiciado un tiempo precioso en dar un cierre digno a la Guerra Civil. Todavía se utiliza políticamente el asunto, a veces de la manera más rastrera. Se olvida a las víctimas y se entorpece la dignidad, la memoria y la justicia (sí, es también el lema de COVITE) con re-interpretaciones tendenciosas, sucias e interesadas. Prefiero la historia objetiva, o si no, la literatura de la dignidad.

Esta carta, que fue publicada hace nueve años y que los lectores de Andrés Trapiello compartieron en su muro de Facebook (pues la terrible historia que la origina aparece relatada (es decir, amorosa y dignamente expuesta) en “Ayer no más”, resume lo que yo misma pienso -si es que hay que exponer un pensamiento.

Enterremos con nuestros muertos la guerra misma.