Soplos de luz


libro

He terminado el libro de Irene Vallejo “El infinito en un junco”, una delicia que me llegó en e-book desde una mano amiga, a la que desde aquí doy las gracias.

El libro nos propone un fantástico viaje por el tiempo, en busca de los orígenes de los libros y las bibliotecas, reflexionando sobre lo que ha implicado a lo largo de la Historia la existencia de ellos, almacenes del saber, de la experiencia y del sueño de los humanos.

Se trata de un libro que por medio de indicaciones hacia el pasado, proyecta hacia el futuro las ganas de saber, de explorar, de unir y de soñar que (por suerte) aún poseemos. Este ansia, se solidificó ya hace muchos milenios en la escritura y, unos milenios después, en la vida agitada, callejera, comercial y parlanchina de la Antigua Grecia… y de ahí, al sueño multicultural de Alejandro Magno, la primera Biblioteca del mundo.

Cuando estaba llegando al final y la autora nos resumía la evolución del “sueño de Alejandría”, pensé en los satélites que nos envían fotografías y datos desde lejanísimos planetas; o en las bellísimas imágenes de constelaciones obtenidas por los gigantescos telescopios de los Observatorios.

Ese suspiro de luz que se transmite desde tan lejos de nuestra Tierra, es el no va más del sueño que se inició en Alejandría, cuya mítica Biblioteca es el hilo conductor del ensayo. Trasnmitir datos de conocimiento a través del espacio, por medio de un soplo de luz, resume lo que ha evolucionado (no sin algunos dolorosos pasos hacia atrás, como nos recuerda la autora) esa fiebre por almacenar y repartir el conocimiento, que surgió con los primeros rollos de papiro llenos de garabatos.

El libro, que nos recuerda cual ha sido la fragilidad de los soportes de la escritura, y de todo lo que gira a su alrededor (autores, escribas, copistas, libreros, bibliotecas, encuadernadores, clasificadores, maestros, alumnos…) seguirá siendo por mucho tiempo un elemento necesario en nuestro mundo y… ¡ay de cuando falte ese elemento!

El que ahora todavía existan libros de papel, gran invento pero a la vez gran fuente de basura (y no solo los malos, como bien recuerda la autora en un capítulo dedicado al desecho de papel y al reciclaje…), no ha de impedirnos comprender que el futuro tiene un punto de realidad en esos ingeniosos soplos de luz que hoy representan las tabletas y los kindles, forma evolutiva actual de ese fastuoso invento humano que son la escritura y sus soportes. Desde el junco llamado “papyro” hasta el papel, pasando por la piel y el cuero.

Foto de Alex Andrews en Pexels

A la vez que recomiendo el libro, no dejo de pensar en lo incansable que es el sueño humano, plasmado ya en soplos de luz. La fragilidad del sueño humano.

Dos cositas y Feliz Navidad


Foto: Mujerárbol (Santander).

Una está vaga y además, pachucha. Así que se conforma con lo más vagoncio del blogueo, que es enlazar cosas bonitas de otros.

Todas tienen una cosa en común: estrellas.

Uno de 1989.

Dos, de hace poco, pero mucho y suficiente para que se nos hayan olvidado cosas. Lo de Cernuda tiene truco, hacer clic con el cursor.

Y bueno, que lo paséis lo mejor posible.

 

 

Idiomas


Foto de Breakingpic en Pexels

Un artículo divertido y muy interesante sobre el origen y desarrollo del inglés.

Como una no es de Filología, y menos de Filología Inglesa, encuentra divertidas las comparaciones con la sintaxis española y con el fondo Céltico que tuvo -tiene- la lengua inglesa.

Por esto, me hace gracia por la opinión (sin otro fundamento que una percepción personal) de que el inglés es mucho “mejor”, “mas sencillo” o “mucho más flexible” o “creativo” que el español. La extensión del inglés es debida a su enorme importancia política y económica actual, no a sus condiciones intrínsecas como lengua, puesto que, como dice el autor “El inglés es muy raro”. A lo largo del tiempo, en sitios conocidos o desconocidos, ha habido otras lenguas de cultura o “de poder”. Más bien debiéramos asombrarnos de como lenguas bien lejanas han enriquecido el español, u otras lenguas de la Península.

Foto de Elle Hughes en Pexels

No existen lenguas superiores a otras, existen diversas lenguas; no existen “lenguas puras”, todas tienen una historia llena de cambios, de influencias exteriores y de sustituciones, que se aceleran en cuanto el grupo humano que la habla entra en contacto con hablantes de otras lenguas: se toma, se presta, se acomoda TODO, el vocabulario y la sintaxis… El lenguaje es una especie de mercado libre, guiado por la “mano invisible” del deseo humano de comunicarse. Una herramienta, como dicen.

Los motivos históricos, que son los que destaca el autor del artículo, conforman esa cosa fantástica y maravillosa que es la lengua… propia (del autor, el inglés; de quien esto suscribe, el español), un árbol plantado en la Antigüedad que florece y se ramifica en todos sus hablantes mundiales.

En el caso del español, muchísimas ramas y disfrutando de una gran riqueza literaria. Por eso estoy de acuerdo con Pérez Reverte: tenemos una extraordinaria “patria común” linguística. Y deberíamos de cuidarla.