Entrada atrasada


cerradura, románico
S. Cecilia de Valdespinoso, detalle.

Me he encontrado estas fotos al adquirir un lector de tarjetas de memoria para “sacar” más fácilmente las fotos de mi Canon, porque sacarlas mediante la correspondiente app se ha vuelto aventura-que-va-para-largo, incompatible con el sistema del monitor de mi pc. ¡Queremos velocidad!

La de la puerta es de al menos 2016 y a otra de 2017. Las dos últimas de abajo son de ayer mismo, que hubo festival gatuno en el tejado de enfrente y festival de colores en el de atrás.

Algo con lo que entretener el día de hoy, frío y desapacible, y lo que es peor: todavía griposo.

(Actualización 5 Diciembre: parece mentira, pero sigo tosiendo, ¡maldita asma! Frío y desapacible hasta ayer).

Muchos nueves


El 9-9-2019 he cerrado una etapa. ¡Cuántos nueves!

No lo he sabido hasta esta tarde, que llegué a la puerta de casa cargada con documentos, firmas y papeleos. Entonces, me he dado cuenta de que han pasado diecinueve años así, como de golpe, ¡blam! Sí, me he sentido más mayor.

He dejado atrás cosas, como si fueran viejos cordones, gurruños administrativos, rutinas de principio de mes y de periodo de tributación de Hacienda, cabreos, dolores de cabeza, asmas… y recuerdos. Los sintetizo en esta

pequeña galería.

El gato figura en ella: era (y sigue siendo) muy aficionado a fisgar por las ventanas.

No sé por qué me he centrado en las ventanas. En el trocito de cielo + tejados que se veían desde aquella ventana, por la que dudo que vuelva a mirar. Sin embargo, mi fantasma es posible que aún ronde por aquellas escaleras, igual que el de Pangur, aunque tanto uno como otra seguimos aún vivos… y coleando.

Ya veo una cosa mejor que he conquistado: un campo más amplio de visión del cielo.

 

Galería


La entrada anterior me ha dado ganas de montar una galería con algunas fotos que muestran lo que una suele hacer los veranos: ir a ver románico, aprender alguna cosa nueva y pasear a orillas de mar.

¡Abrimos galería! Y dejamos este enlace para el que quiera verla completita en GoogleFotos.

Todas, todas son fotos telefoneras. Una es patosa total para las fotos con cámara “importante”. Hala, espero que os gusten.

 

 

San Miguel de Escalada


Escalada. Exterior (foto Mujerárbol)

Esta entrada es la última que le dedico al prerrománico maravilloso que vimos en la excursión con Cultur-Viajes por las tierras del viejo Reino Leonés.

S. Miguel fue uno de los varios monasterios que rodeaban la villa real de Alfonso III el Magno en León. La presencia real más al sur animó a monjes huidos de Córdoba a fundar allí este enclave, uno de los pocos que quedan de ese momento inicial del que ahora se llama “arte de la repoblación” en vez de “mozárabe”. El edificio se consagró en el año 912 y en la ceremonia estuvo presente el afamado eremita berciano Genadio, obispo de Astorga.

La delicadeza de las superficies de las columnas reutilizadas, la de la mayoría de los capiteles, el ritmo de los arcos, el de las suaves ondas grabadas en los altares, me maravillaron. Es verdad que algunos capiteles parecen más toscos (no son coetáneos), pero la manufactura general y además el orden que reina en las naves, hacen del interior un sitio maravilloso.

Sin embargo, lo que nos contaron acerca de las modificaciones de la altura del edificio original y su decadencia hasta la restauración de finales del XIX me indujo a escribir en mi libro de notas una cosa trágica, que luego mostraré.

La restauración dejó un edificio con notables diferencias entre exterior e interior. Quedó muy bien explicada la función del pórtico con esa delicada arquería tan famosa: uso funerario y lugar de acogida de los “excomulgados”, que no podían entrar al templo en los momentos rituales, mientras cumplían penitencia. La galería concuerda con la orientación de las tres naves del templo, aunque no acabo de entender si ya existía en el momento mozárabe (o como queramos llamarlo, según gustos ideológicos) y, entonces, se trata de un precedente de los que existieron luego en edificios plenamente románicos.

El que le hayan agregado ese cuerpo románico-tocho que se ve en todas las fotos, no concuerda con el “aire” delicado y elegante que en su momento debió de tener el conjunto. La función del agregado -actualmente convertido en proyecto museístico- no me quedó muy clara, aunque en su interior se hallan tumbas de distintas épocas, que indican que tal uso existió. Al haberse perdido partes del monasterio bajomedieval, el conjunto queda un poco caótico. Así sucede con la altura actual del edificio.

Celosía visigoda
Escalada: alturas discordantes y celosía “asturianizante”.

A la vista de que los modillones (de rollos) quedan fuera de la linea del tejado en algunos sitios, y a la vista del efecto de “corte” que el tejado ha hecho sobre el alfiz de los elegantes arcos del pórtico, esa parte de la restauración decimonónica… fue un churro.

Modillón (foto grupo Cultur-Viajes)

Distintos detalles del interior también indican desacierto, aunque el interior sigue siendo tan, pero tan elegante, que uno se olvida.

Fontaine señala que tal elegancia se encuentra en los pequeños ajustes que dotan a la planta basilical de gran armonía, como el hecho de que el arco central del transepto sea más estrecho que los dos que le acompañan. Eso divide en dos mitades equilibradas todo el espacio, siendo las dos naves laterales también más estrechas que la central.

mozárabe, Escalada, León
Naves (https://www.glosarioarquitectonico.com/)

Se conservan in situ parte de las cancelas que cerraban el presbiterio a la hora de la consagración. Esa parte tan peculiar del ritual hispanovisigodo dejó de muestra este elemento, siempre con una decoración maravillosa, abstracta y delicadamente abigarrada que -aunque sea en piedra tosca, como la que vi hace dos años en Sta. Cristina de Lena– evoca una cortina de suave tejido.

Por cierto que el cerramiento ritual de la cabecera se realizaría materialmente por medio de cortinajes, sujetos a bastidores, de los que al parecer han quedado restos en algún sitio. Esto me lleva a pensar en “el iconostasio” de la Damliag y su posible estructura de madera… pero bueno, ese es un asunto demasiado lejano.

Más cercana me quedó la sensación de que los edificios del monasterio, hasta la Desamortización y a lo largo del siglo XIX y XX, a través de los tiempos y de los cambios de ritual, sufrió tanto como la libertad y la igualdad de los ciudadanitos del país de solysombra donde habitamos.

Durante el trayecto hasta Escalada, me iba fijando en el destrozo que la procesionaria del pino había hecho en TODOS los montes del camino (se ve parcialmente en la foto de los modillones), asesinando árboles grandes y plantones pequeños, lo cual me dejó un regusto triste del encuentro con San Miguel de Escalada.

Por eso, escribí aquel dia en mi “diario” ful de viaje:

España y sus demoños fritos: los españoles.

Delicia visigoda (o así)


 

S. Pedro de la Nave

Lamento haber hecho el turista con San Pedro de la Nave, es decir, haberme puesto a tirar fotos telefoneras sin atender mejor a las explicaciones, hasta que nos tuvimos que salir al exterior por motivos ajenos a la organización del viaje. Traiciones de la tecnología.

Porque es un templo notable, al que hay que volver, en silencio y con tiempo, a poder ser. Una delicia verdaderamente antigua dentro del Prerrománico Hispánico (o Ibérico), a pesar de que la cronología haya cambiado, según dicen, de acuerdo con la historiografía dominante de cada momento.

Pinchar en la imagen para agrandar

El edificio, que se encontraba en otra parte y asaz deteriorado, y fue trasladado a su emplazamiento actual en 1932. Pueden ver fotos de su ser/estar anterior a los años treinta en este monográfico que le dedicó en su blog Ermitiella, la arqueóloga Consuelo Escribano.

Sin embargo, lo determinante de que hoy tengamos un edificio con cierto orden fue el buen criterio de D. Juan Gómez Moreno, que hizo una reconstrucción sincera de sus elementos, dejando un conjunto con intervenciones que respetan la estética y organización del edificio, aunque no sea del todo la “original”, sino la que nos da una mejor idea de lo que pudo ser en su momento.

A tales intervenciones, se ha unido lo hecho recientemente por la Fundación Sta. María la Real y por el proyecto de colaboración denominado “Plan Románico Atlántico”, que se concretan en la colocación de los imprescindibles sensores para monitorizar el estado del edificio, la instalación de luces eléctricas de bajo consumo en el templo, la adecuación del acceso al aparcamiento y el jardincillo alrededor (agradable) además del muro de acero cortén, que acompaña los desniveles del terreno que rodea al edificio, y que sirven como pasillo hasta él.

Las letras horadadas en el acero, con su ritmo repetitivo, creo que son acordes con la intención decorativa del muro y recogen inscripciones relativas al edificio, especialmente la epigrafía de su “extraño” horologio.

Planta de S. Pedro de la Nave.

Las fechas del edificio son discutidas. Gomez Moreno las da como del VII apoyándose en el tipo gráfico de los capiteles historiados y en el origen de la piedra utilizada, así como en la documentación relativa al templo. Excavaciones recientes y análisis de materiales de los que da cuenta Emitiella, la situan ya en el s. X desmintiendo su origen visigótico. Sea como sea, S. Pedro de la Nave sigue siendo un pequeño y delicioso misterio al que no sé como, tendré que volver.

También es discutido si el programa iconográfico se debe al mismo momento (durante la construcción) o si hay partes que se ejecutaron después de las reparaciones que se llevarían a cabo poco después. Jacques Fontaine, en el capítulo dedicado al edificio en el vol. “Prerrománico” (8º de la serie España Románica, de Zodiaque, ed. 1982) cree que todo el programa es coetáneo a la construcción, y que se puede advertir al menos la mano de dos maestros, uno más “primitivo” dentro de la tradición hispanovisigoda y otro con delicados apuntes de “protorrománico” en sus ejecuciones.

La planta, tal como aparece en el volumen de Zodiaque, es un extraño compromiso o interferencia, entre una planta basilical y una de cruz griega. A pesar de la complejidad de tal

Les dejo una pequeña galería de fotos “de guerra” hechas durante la visita, a las que he añadido algunas de otro autor, compartidas via el grupo participante en la excursión de Cultur-Viajes. Pinchen en cada imagen para ver mejor los detalles.

GALERÍA

 

 

 

 

 

Actualización cronológica


He encontrado por casa estas dos postales de la iglesia mozárabe de S. Cebrián de Mazote. Las imágenes son escáner del original (para algo ha de servir tener el móvil siempre a mano).

Sé que fui a ver esta maravilla mozárabe en la excursión que os relataba aquí, así que la cosa debió suceder después de lo que creía, porque la editorial leonesa de las imágenes marca 2000-2004. Echando mano a otros documentos (¡la memoria no, que falla más que una escopeta de feria!) supongo que la visita a Moreruela fue a finales de 2004/principios de 2005. Acababa de estrenar un coche que también era escopeta de feria y que tuve que dar de baja en 2010.

Los efectos del tiempo sobre los participantes en aquella travesía nocturna-románica no creo que hayan variado. Eso es lo que me produce tristeza…

Y… ya os contaré cosas de Mazote, que he refrescado leyendo el libro donde me encontré las postales.

Ay, el tiempo, qué cabrito…