Días/Vías mortales


Foto de Johannes Rapprich en Pexels

Yo diría que estos días no estoy ni soy.

Lo único bueno es que ni yo ni ninguno de mis cercanos tiene síntomas de Covid-19 (sin test, claro, pero tampoco toses), ¡albricias! Pero los más mayores del clan lo van notando, en sus comportamientos y sus achaques.

Pero no dejo de sentirme “confinada” dentro de este tiempo asqueroso, un tiempo (ya lo hemos dicho todos) sin besos, ni abrazos, sin “normalidad” que valga, ni nueva ni vieja; sin que los que deberían acertar al menos en algo, porque son los responsables, acierten ni en una putamierda. Los ciudadanos echándonos la culpa unos a otros, y los responsables, echándonosla a todos… o sea: ¡qué más mal se puede pedir?

No me extraña que algunas personas tengan ganas de suicidarse. Y que otras, andemos como muertos en vida.

O en via muerta…

Leo, escribo, busco algo esperanzador para leer, leo otra cosa, limpio la casa, me tiro en el sofá… Camino (menos que antes, porque duermo mal), paseo (sola), tomo cerveza sin alcohol. ¡Estoy hasta el moño! (también de la Telecinco de mi madre).

Me gustaría un buen vermut, una charla larga, unas risas, un abrazo, pero se me hace nudo.

Tengo nudos en la garganta y en el alma.

“Estoy solo aunque tengo familia. Necesito que alguien me abrace ya”, como tendrían que decir las pancartas según este artículo tan desesperanzador que me he encontrado.

Es España, encima, las pancartas dicen gilipolleces.