Un juego antiguo (y algo de humor ❤️)


Hay un deporte bastante “testosterónico” que se juega mayoritariamente en Irlanda, y territorios donde hay muchos irlandeses (por ej. Argentina y los Estados Unidos) y que se llama… jugar a la pelota, llevar la pelota o, en lengua no nativa, “hurling” (arrojar la pelota).

Bueno, algunos lo llaman “entre hockey y asesinato”…

Se juega con una pelota, no un balón, y hay que atizarle a la pelota. Para eso se usa un bastón en forma de pala que se llama, en lengua nativa, camán. Yo lo traduciría por “garrota”, que es lo que surgiere “cam” (algo curvado, ya conocéis esa palabra) si no fuera porque una”garrota” se parecería más a la del hockey… y no creo que haya nada más diferente del hockey que el hurling y su bastón. Para empezar, los jugadores de ésto no andan con la nariz pegada al suelo, como los del hockey, todo lo contrario.

CC0. Wikipedia Commons. Lápida bajomedieval de un gallowglass. Observar el bastón.

Oficialmente el nombre del juego es iománocht/iománt o sea “llevar, conducir”. En el enlace podéis escuchar como se pronuncia en lengua nativa (3 opciones). Aunque parece que no es un juego apto para señoritas, resulta que se juega también por chicas, y entones se llama camogie, derivado/anglizado de camógaíocht.

Tanto unos como otras tienen que empezar a practicarlo desde pequeños, porque se requiere cierta coordinación muscular y de ojo-mano. Yo lo he visto jugar a chiquillos de Primaria. Creo que debe de haber pocos chavales irlandeses que no hayan tenido un camán en casa… aunque sea de fibra y no de la madera tradicional (fresno), que pesa un quintal, y a veces va reforzado con chapas metálicas (en serio), en las partes en las que puede quebrarse por golpe.

En la info y la propaganda turística que se encuentra en internet, el hurling blasona de ser muy antiguo en Irlanda. Como otros juegos en toda Europa tiene toda la pinta de serlo. Jugar con un bastón y una pelota ya se hacía entre los griegos y romanos, al parecer. Gracias al conservadurismo y la larga duración de la sociedad agraria tradicional, el juego debió de existir en Irlanda desde muy temprano, pero sería difícil comprobar si era nativo o una influencia greco-romana.

Entonces, claro, no habría las mismas reglas (o ninguna) y los jugadores con la cabeza rota abundarían. De hecho el casco que actualmente portan es una imposición moderna, de los años 80/90 porque hasta entonces era opcional, como puede comprobarse por fotos antiguas

Bueno, pues aunque los irlandeses sean algo exagerados, la verdad es que hay un pasaje nada menos que del Táin Bó Cúalinge -esa cosa mítica recogida en el siglo XI- que parece describir a alguien haciendo buen uso de una pelota y la pala del camán. Se trata nada menos que Cú Chuláinn en el clímax de su primera hazaña juvenil.

Aquí vienen dos citas extraídas del cuento en su versión I, en el Lebor na hUidre y en la copia de éste en el Libro de Lecan principal (el manuscrito Y). La 2 es la más concreta, digamos…

  1. Se fue con su escudo de madera, su jabalina de juguete, su bastón y su pelota.
  2. (…) El perro fue hacia él. Pero todavía continuaba jugando. Tiraba la pelota y luego tiraba el bastón, hasta que tocaba la pelota. Cada lanzamiento era tan justo como el anterior. Lanzaba la jabalina de juguete y la recogía por el extremo antes de que tocara el suelo. No interrum­pió su juego, aunque el perro se le acercaba (…) Cuando el perro se echó encima de él, él le tiró la pelota y el bastón y lo agarró con las dos manos, o sea que puso una mano en la nuez de la garganta del perro y la otra en el lomo y lo golpeó contra una piedra hasta que sus miembros se abrieron de parte a parte. Pero según otros fue la pelota lo que le lanzó dentro de la boca, de forma que se llevó por delante todas sus entrañas. (Ambas citas: Traducción CLS).

La última línea de la cita 2 parece describir ese peligroso lance del juego al que nos referíamos antes. Lo que pasa es que en estos pasajes no se llama “camán” al bastón, sino lorg una palabra tan genérica que sirve hasta para denominar al pene (por cierto, en el mismo Táin). Algo más preciso es “lorg áne” (“bastón de conducir/guiar”) que el propio DIL da como “hurley”.

La pelota, por su parte, se llama en estos textos líathróit, que  debe ser un antepasado medieval de la normalizada “slíothar” el nombre actual, que se ha popularizado incluso en transcripción inglesa (si escucháis el enlace mejor que yo, en algún dialecto gaélico la s inicial desaparece, por lo que no cuesta ver la evolución).

El juego realmente existente se documenta también en los Estatutos de Kilkenny (finales del s. XIV) que lo prohibió  por ser “causante de graves lesiones”, recomendando en sustitución practicar el tiro con arco… ¡ande va a parar la peligrosidad!

Bueno, juzguen ustedes mismos. Juzguen, no jueguen, que puede ser peligroso.

(Esta entrada data de septiembre de 2011; fue actualizada Por Mujerárbol en Agosto de 2021, cambiando el título.)

Desde mi tableta


Foto de Kaboompics .com en Pexels

Resulta que me he adaptado un teclado portátil chino-ultrafino de pocos euros a la tableta-china de poco más y… ¡anda! se puede escribir a cierta velocidad con ello. La tecnología es la monda. Lo que yo buscaba era solamente poder escribir con mejor luz, en la mesa del salón, et voilà!

De todos modos, mi ultra ordenador Neolítico con win7 sigue siendo el más rápido al oeste de Castellón, ¡yupiii!

Y si no me pasa nada y mi ojo continua vivo, escribiré en el salón, en el baño, en el estudio, en la escalera. 

Hay días que a una le parece que las cosas funcionan, jejeje. No gracias a nadie, sino a Santa Casualidad, loór a ella.

La otra parte de satisfacción es porque ya me han puesto la primera dosis. Sí, en el lejano Zendal, y bien rápido. Y sin reacciones, después de 4 días, ¡yeeepa! 

Esto casi que merece música… Mas tarde veremos.  

El estrellero de San Juan de la Peña


(Reseña dedicada a Ángeles Navarro, que también escribe maravillas y es abuela narradora).

Esta novelita -o mejor fábula (recojo aquí el tono del epílogo de Táin II, pero sin acritud)- llegó durante el confinamiento mayor, de forma gratis et amore por la propia autora, Ángeles de Irisarri, que lo puso online para quien quisiera bajarlo. Así lo leí en mi KIndle, hace ya más de un mes.

Me da que las escritoras llamadas Ángeles tienen un… aquel para la ternura (aunque algunas practiquen el género negro con fran habilidad).

El caso es que esta fábula se lee de un tirón no porque sea “fácil” en el sentido de poco compleja, que también, sino porque así lo ha querido la autora, narrándolo de una forma que recuerda mucho a cómo contaban los cuentos las abuelas o las mamás, a los niños de antes.

Y este estrellero es un Barón Rampante a su estilo, porque “el árbol” en el que pasa tanto tiempo subido es una plataforma que se ha fabricado él para ver mejor las estrellas. Y como vive en San Juan de la Peña, no hay más árboles a los que agarrarse. El estrellero, que en realidad es un físico, lo primero que encuentra en Aragón es un perruco de esos que se ven en algunas partes de España cuidando los ganados, con su cara bonachona, su pelo compacto y su ladrido ronco y batallador. Y por eso, el protagonista pasa mucho tiempo sin hablar con humanos, pero tampoco con perros, que no necesitan que se les hable para entender…

Y luego hay distintas incidencias: un abad que se muere y hay que embalsamarlo; un monje que se muere de pena por lo anterior; una corte militar que llega a San Juan con sus vanidades y sus violencias, pues los abades allá eran laicos entonces, como en Clonmacnois e igual de irritables; un hombre extraño al que unos dan por loco y otros por desgraciado, pero que preocupa tanto que los monjes hacen venir a sabios de toda Europa para tratar su caso (me alegra que un monje de Bobbio estuviera entre ellos, aunque la autora lo pinte italiano y no de los fundadores, que eran muy estrelleros también) ¡y vaya la que lían para averiguar el estado mental del pobre hombre!. Hay también una bruja que no lo es, y unos viejucos cascarrabias dando la lata en el monasterio.

Foto de Miriam Espacio en Pexels

Y… ¿conseguirá el estrellero ver su estrella?

El librito se lee fácil porque es una fábula llena de sencillez y de ternura. Más que una novela histórica, que no se ha buscado, es un relato tradicional de magia oral, pero puesto por escrito, con humor y una sonrisa de autora. Y que nos lleva al pasado y a uno de los lugares más hermosos y emblemáticos de Aragón, pero sin épica, más bien con dulzura.

Un librito recomendable, ¿saben para qué? Para leer a los niños antes de que empiecen a mirar móviles y zarandajas que no les darán ningún calor.

 

Cambiar de registro


Mi pecho sabe a salmón” Amaranta Batel. Amazon, papel, año 2020

… o también para registrar por sitios escondiditos…

He sonreído, me ha hecho pensar algunas cosas mías, me he reído, me he identificado con la protagonista que, por cierto, se abstiene de discursos de empoderamiento femenino y va ella sola y se tira a la piscina, con todo y con el corazón (y el cerebro) por delante… y he vuelto a sonreír.

Una novelilla para un fin de semana, sin mayores aspavientos. Una recomendación que me hicieron, bienvenida en tiempos pandemonios.

Pensé que una novela que se presenta como “erótica” y que advierte de que contiene escenas sexuales explícitas iba a ser un bodrio verbenero, pero resulta que no, que está escrita con delicadeza y sin amaneramiento, ingredientes que se agradecen en ese tipo de literatura.

Una historia de hoy y de la “crisis de los…” ¿40, 50, 60? en una mujer protagonista que llega justo en el momento adecuado para mí. ¡Miel sobre… lecho de salmón con hojuelas!

Hala. Para desoxidar, nada mejor que el Omega 3.

Instantáneo solo el café


He probado suerte estos días con una aplicación telefonera que goza de una enorme popularidad y que consiste en compartir instontáneas con todo quisque. No niego que haya gente que se comunique de maravilla con ésto, pero yo no.

La apliacación telefonera se niega a colaborar con las distintas nubes donde tengo almacenadas MIS imágenes, en particular las viñetas de mi estilizado-retomado-amodiado “cómic” Tudu y los paganos. Estos días que me encuentro más relajada (no es por las vacaciones, es porque me he quitado un peso pesado de encima) he vuelto a dibujar, e incluso a reformar algunas de las planchas antiguas, como se puede ver arriba. Leer más »

Con fundamento


Panoramix cocinando con fundamento

Al pie de las descacharrantes “frikadas” de VoxHib en tuitele, me ha llegado este pequeño artículo del magazine británico History Today donde se da un repaso a la recepción del tema “druidas” a lo largo de la historia del término, de la historiografía. Desde las percepciones de los Griegos y Romanos -matizadas por la distancia geográfica y el conocimiento directo, además de por la necesidad propagandística de César- hasta las del siglo XIX y las necesidades de los nacionalismos grandes y pequeños.

Los hechos históricos acerca de los druidas son pocos, pero la misma escasez de evidencia tangible ha permitido que su imagen se reelaborase y se apropiase por los ingleses, los irlandeses los escoceses y los galeses durante más de 500 años.

Aparte de las palabras de moda en el academicismo algosajón (ej. “apropiación”) se trata de un artículo sencillo, que sirve para entender que la relación entre lo que realmente sabemos que fue y lo que nos gustaría que hubiera sido es bastante “fluída”. El provecho que se sacó de la imagen del “buen salvaje” occidental, hasta nuestros días.

Las fantasías, aunque no llegan a la zafia mentira descarada, son más bonitas, y conforman un panorama de colores que parecen satisfacer a todo el mundo en estos tiempos de silencio de la razón, o al menos, de la discusión con (algo de) fundamento.

El amigo VoxHib resume a su manera la cosa:

It’s only ‘Celtic’ if it’s from the Celtique region of France. Otherwise it’s just a sparkling antiquarian invention to designate a reconstructed linguistic family. Or a marketing scam to sell books, jewellery, pagan self-help manuals, tourist tat, ‘druid’ shite, and enya albums.