Libros sobre España e Irlanda… en inglés


Además del estupendo detalle del “San Columba” de Wilhelmina Geddes que figura en la cubierta del catálogo de Four Courts Press que acabo de recibir, junto con tres libros, cuyo contenido os contaré cuando los lea, esta editorial nos ofrece obras que recuerdan la especial relación que durante la primera parte del Imperio tuvieron los Reinos Españoles con Irlanda.

Por que sí y por el honor de Irlanda, os dejo cuatro referencias de la editorial que a lo mejor ya no se pueden encontrar en nuestras librerías.

El primer libro es un trabajo de Francis Kelly sobre el (ya) famoso Capitán Cuéllar, protagonista hasta de un corto docu-drama muy bien hecho (¡y con medios locales!) del que nos hicimos eco en este bosque, una muestra de cómo hacer pelis sobre la Hª de España solamente cambiándose el ojo. El libro describe toda la carrera militar de este español magnífico, que terminó su vida en las Indias… Sí, hay material para más películas, pero una duda de que el tema se vuelva a tocar en una filmografía española tan tuerta y tan risible como la que tenemos.

Felipe II de España, Patrón de las Artes de Rosemary Mulcahy, analiza documental y visualmente la relación de este Rey con el arte y singularmente la Pintura y la Arquitectura.

Luego están dos obras de autores españoles que merecen mayor difusión en nuestro país. En general, el tema merece mayor difusión en España, y me hace gracia que sean precisamente en lengua inglesa desde donde se les den tan buenas reseñas.

La “Influencia irlandesa en la Corte Española en el siglo XVII” de Igor Pérez Tostado es el título mejor referenciado. Habiendo leído varios artículos de este autor, cuando preparé las entradas de este blog sobre Donal Cam Ó Sullivan Beare y su desgraciada muerte en Madrid, estoy segura de que es un estudio magnífico de tan importantes y ¡ay! fallidas relaciones políticas y militares.

Estas relaciones se estudian también por Enrique García Hernán en “Irlanda y España en el Reino de Felipe II” que hace amplio uso de las fuentes primarias para entrar en el tema principal, trabajando lejos del estilo de la historiografía anglosajona según dicen las reseñas. El trabajo es una sinopsis, actualización y edición en lengua inglesa de “Irlanda y el Rey Prudente” que se editó en 2002-2003.

Me encanta ver estas cosas que ahora se encontrarán en las librerías irlandesas, que no puedo ojear por causa de la pandemia. ¡Viva Irlanda, kñ!

 

Seres de luz y fuego


S. Miguel Arcángel, (detalle) de Wilhelmina Geddes (www.gloine.ie)

Durante las horas que pude asistir al coloquio académico sobre el monasticismo femenino en la Irlanda medieval, que fue organizado a principios de Julio por el monasterio de Glenstal, me sorprendieron las imágenes de vidrieras que los ponentes colocaban en sus pantallas compartidas de Zoom, como ilustración de lo que estaban diciendo. Como se ve, mi atención no está muy enfocada estos días…

Pero el caso es que mi desenfoque sirvió para saber un poco más de uno de los movimientos artísticos que más repercusión tuvo en Irlanda en tiempos de la naciente República, en el periodo de entreguerras, a principios del s. XX.

Se trataba de obras de vidrieros encuadrados en el movimiento Arts & Crafts, que, vuelto hacia lo artesanal, lo colectivo y la estética medieval, tenía una mirada más moderna que los anteriores “neo-góticos” y pre-rafaelistas ingleses, por lo que acogió con interés los motivos extraídos de la riqueza imaginativa de las leyendas religiosas hibérnicas, así como de la tumultuosa literatura irlandesa antigua y moderna, tan significativa por aquellos días en que Irlanda estaba levantando cabeza.

Estos artistas irlandeses se unieron en una asociación de la rama del vidrio coloreado y emplomado, denominada “La Torre de Cristal”, con nombre gaélico, An Túr Gloine, bajo la dirección de una significativa “emprendedora”, Sara Purser (1848-1943). No les iban a faltar encargos, pues las iglesias Católica y Anglicana, una vez liberadas de la presión que ejercían leyes vigentes en territorio británico contrarias a la libertad religiosa, se abrieron a interpretaciones iconográficas más atrevidas de los temas tradicionales. El grupo también estuvo abierto a otros comitentes, como el propio Estado Libre de Irlanda (1.922-1.937) que les encargó una obra de gran repercusión mediática… aunque en sentido contrario a la oficialmente esperada para la obra. Pero ese es un cotilleo que os contare otro día 😉

En el caso de las vidrieras de tematica religiosa, estos artistas crearon una iconografía muy moderna. Hay que tener en cuenta que los santos irlandeses no tenían una iconografía definida, a pesar de los esfuerzos de las instancias oficiales, como el decreto del Sínodo de Cashel, a mediados del XV, para asentar y popularizar la imagen de Patricio que hoy conocemos: un obispo (casi siempre vestido de verde) con báculo y una serpiente a los pies. El color verde es algo moderno y algo tontorro, aunque siempre estuvo asociado a Irlanda… pero quizá no en esos tonos. Por lo demás, existen pocas referencias visuales de estos santos, a pesar de los pintorescos detalles de sus vidas legendarias: la compañía de animales, especialmente los que son raros en la hagiografía, como el zorro de S. Ciarán o la mosquilla y el ratón de S. Mo Chúa; o bien los objetos ligados a ellos, como los peculiares báculos nativos o el calzado (sí, el calzado: a la izquierda, el zapato-relicario de Sª. Brígid, representado en una de estas vidrieras).

Los artistas de An Túr Gloine se apoyaban en colores fuertes y en un dibujo resolutivo, que daba una visión muy corpórea de los

santos nativos, y de otros seres sobrenaturales, como los magníficos ángeles y arcángeles de Wilhelmina Geddes que he puesto a la derecha (se trata de S. Miguel, con unas poderosas alas rojas).

También la iconografía de trajes y actitudes era atrevida y fantástica, como la representación que se encuentra en esta vidriera del templo de St. Beaidh en Ardcarne, diócesis de Elphin (Iglesia de Irlanda*). S. Patricio, en el lado izquierdo, en púrpura y rojo, nada de verde, y Sª. Brígit, cuyo rostro no es precisamente idealizado, en azafranes y en su mano derecha una pequeña ermita de tipo nativo –clochán– en alusión a la fundación de monasterios.

Extraída de https://www.gloine.ie/search/window/14701/W09

Esta obra concreta se debe a Evie Hone (1894-1955) una de las artistas más destacables de la Torre de Cristal, de la que formaron parte muchas mujeres: Catherine O’Brien, Beatrice Elvery, Ethel Rhynd… y por supuesto Evie Hone y Wilhelmina Geddes. 

Los fondos y orlas abstractos y llenos de color, así como muchos detalles del ropaje o del paisaje que rodea a los sujetos, son una magnífica muestra de imaginación, inspirada en las orlas decorativas de los manuscritos insulares PERO sin sus mismos códigos visuales, idealizados actualmente como epítome de “lo céltico”.

Muchas de estas vidrieras sirven para ilustrar cubiertas de libros, o de catálogos (como este de la editorial Four Courts Press de Dublín) y también de websites.

Four Courts Press Catalogue 2021 (S. Columba, detalle, de Wilhelmina Geddes).

Si queréis echar una ojeada a algunas de las obras de estos artistas del color, la transparencia y el fuego, lo mejor es que consultéis las estupendas fotografías (muchas de ellas ampliables) de las vidrieras de los templos que se encuentran en la página del proyecto “Gloine” que intenta la catalogación digital de estas obras de arte, emprendido por la Iglesia de Irlanda (anglicana) en consorcio con otras denominaciones religiosas.

Pinchar en este enlace y filtrar la búsqueda por estudios, aunque sin filtrar y mirando a lo loco, para desenfocar el ojo, también merece la pena.

Otra información viene aquí y, por supuesto, tirando de la wiki.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Monasticismo femenino…


… en Irlanda durante la Edad Media (y algo después). Resulta que, organizado por el monasterio de Glenstal, va a haber estos primeros días de Julio una Conferencia online sobre el monasticismo femenino medieval y tardo medieval en Irlanda. El ciclo de conferencias es gratuito y se ofrece a través de Eventbrite, o sea que […]

El divorcio en el Senchas Már irlandés


Foto de Klaus Nielsen en Pexels

El Senchas Már (o “Tradición Mayor”) es la colección principal de leyes antiguas irlandesas.

Según los investigadores que se han dedicado a ella, especialmente D.A. Binchy, compilador a su vez de todo ese tipo de fuentes en un “corpus” que denominó Corpus Iuris Hibernici (CIH), no es inverosímil que sea tanto una serie de costumbres (“derecho consuetudinario“) de origen muy antiguo, que empezó a recopilarse alrededor del siglo VIII, como cierta imitación o influencia del Derecho Romano a través del Derecho Común medieval o de la actividad de la Iglesia, puesto que los principales manuscritos se reunieron, copiaron y glosaron en distintos momentos a partir del siglo mencionado.

La mayor parte de lo que aquí contamos, procede de uno de sus textos principales, el Cáin Lanamna. Es curioso que, a pesar de llevar un nombre que es préstamo del latín (Cáin= “cánon”) no tiene tanta influencia eclesiástica como podía esperarse. Lo veremos en estos ejemplos.

Ya dijimos que los matrimonios en la antigua Irlanda eran contratos entre dos familias, y los cabezas de ambas -el padre (o tutor) de él y el de ella, (los ágae fine)- tenían la palabra.

El consentimiento para dar por buena la unión (arnaidm), requería fiadores por las dos partes, sobre todo en los matrimonios de tipo más serio. Eso quiere decir que personas concretas, ligads a las familias, se comprometían (con sus bienes) a que no hubiera irregularidades que conllevaban sanción legal, bajo pena de multas. Tengamos en cuenta que “salir como fianza” era una cosa muy peligrosa, pues siempre se podían perder bienes propios a causa de los desmanes de otros. En general, se buscaba que éstos fiadores fuesen de clase social igual o parecida a la de los contrayentes, por lo que acabamos de decir.
Se supone que las multas por irregularidad y la separación de bienes en caso de divorcio eran el principal motivo de discusión frente a jueces y abogados, puesto que de ello se ocupa principalmente el Cáin Lanamna.

Puesto que una esposa principal (cetmuinter) se compraba, el futuro marido entregaba un “precio de novia” (coibche) que se quedaba en la familia de ella.

Foto: Anastasia Shuraeva en Pexels

Existían distintos motivos por los que una mujer podría pedir un divorcio completamente legal y quedarse con esa parte. Por ejemplo, que él la pegase dejando huellas; que la abandonase por otra (caso en el cual hasta tenía derecho a quedarse en la casa común si quería); o si él propalaba historias falsas, sátiras o indiscrecciones de alcoba sobre ella.

Los casos de asunto sexual por parte de él también eran motivo de divorcio, pero sorprende saber que una mujer podía divorciarse de un hombre porque estuviese demasiado gordo y no fuese capaz de mantener relaciones con comodidad.
Por supuesto, asuntos como la impotencia (“porque no es fácil para una esposa convivir con un marido impotente” dice el glosador), la homosexualidad manifiesta de él o su esterilidad (difícil de probar a menos que ella hubiera tenido previamente un hijo con otro hombre), también eran motivo suficiente de divorcio por parte de ella.
Pero, en el caso de esterilidad, si no se divorciaban, podía entrar en funcionamiento una “separación temporal”, nada menos que para que él o ella, tuvieran un hijo con otra pareja.
Este hijo era considerado legalmente como hijo del marido (“a menos que el padre verdadero se lo compre” dice la Ley).
Otros casos de separación temporal podían darse cuando uno de los dos debía ser acogido bajo cuidados fuera de su casa, por haber sido herido por alguien externo (en quien recaían las obligaciones de tales cuidados) y, por supuesto, si cualquiera de los dos conyuges se iban de peregrinación, de viaje, a ver a un amigo, o, en el caso del varón, para tomar parte en una incursión de venganza legal (que también existía).
Finalmente, el hecho de que él tomase órdenes sagradas, era un motivo bastante normal de divorcio legítimo… y origen de alguna que otra familia eclesiástica.
Que ella robase a menudo, fuese infiel (en cualquier sentido), lo deshonrase propalando injurias sobre su marido. abortara o perdiera la leche por una enfermedad durante la lactancia, eran algunos de los motivos que recita una de las heptadas de proverbios legales titulada Gubretha Caratniad, una curiosa recopilación, más o menos versificada, de cuestiones que van en contra de los principios legales mayores.

Emparejamientos


Foto de Jasmine Carter en Pexels.

¿Sabíais que en la antigua Irlanda había siete tipos de matrimonio legal?

En la “Ley de los emparejamientos” se establecen hasta diez tipos, pero solamente siete son “accionables” en caso de juicio, como ahora veremos. Dice así el Cáin Lánamna o Ley de los Emparejamientos:

Pregunta: ¿Cuantas parejas de convivencia y procreacion existen en la Ley Irlandesa?

Respuesta: Diez, a saber: (1) la unión de contribución común; (2) la unión de una mujer en la contribución del hombre; (3) la unión de un hombre en la contribución de una mujer, con servicio; (4) la unión de una mujer que acepta las solicitudes* de un hombre; (5) la unión de un hombre que visita a la mujer, sin trabajo, sin solicitud, sin provisiones, sin contribución material: (6) la unión por rapto; (7) la unión entre mercenarios errantes; (8) la unión por seducción criminal; (9) la unión por violación; (10) la unión de burla.

De estas diez, siete se consideraban “legales”, es decir sujetas a algún tipo de compensación en caso de conflicto. Las dos últimas eran situaciones de hecho, sin garantía legal, pues nadie se responsabilizaría de lo que hiciera un criminal o un loco, que es lo que parece el nº 10. En este caso, los hijos que tuvieran, quedaban a cargo de un superior (o como afirmaba un dicho legal que ha pasado al refranero, “el cura que los casó”). El dicho debe de ser mucho más moderno que esas leyes, porque “los curas” no tenían mucho que decir en materia de matrimonios.

El papel de la Iglesia en el matrimonio fue un proceso lento en toda Europa. Y más en el caso presente, a menos que hablemos de una familia eclesiástica… La presencia de un obispo o la celebración del matrimonio en el templo, etc. entró muy tardíamente en Irlanda, con grandes aspavientos por parte de los Reformadores (los católicos del s. XII y los protestantes del XVI). De todos modos, es curioso que esa ley concreta lleve el nombre de Cáin, o sea, un derivado de “Cánon”. Pero también es sorprendente que la mísma contenga un amplio abanico de posibilidades de divorcio, que difícilmente se deben a influencia eclesiástica.

En la antigua Irlanda el matrimonio era un contrato privado entre dos familias. Como no existía el Estado, ni tampoco un sistema feudal pleno como el de Francia o de los Reinos Hispánicos, se trataba de decisiones económicas/políticas tomadas por toda la familia, que era la unidad legal básica, por debajo de la “tribu” o tuath. El negocio de casar a una hija/hijo era como el de hacer una compra beneficiosa o un alquiler de bienes o servicios.

He citado “hombre libre” aposta, porque era poca la iniciativa que tenía una mujer en esto. Unicamente en el caso de ser una heredera rica, como vimos en el caso de las dos Devorgillas, que se permitían hacer donaciones por sí solas. Pero ellas vivieron ya en un momento muy tardío y bajo otras condiciones, como la influencia anglonormanda (de sus familias políticas o de sangre). Por otro lado, existe una notable tradición literaria irlandesa en la que son ellas las que eligen y se llevan (a veces por la calle de la amargura) al elegido (Ej.: la historia de Diarmait y Grainne o el cuento de Deirdre y Noise, etcétera), lo cual es bastante curioso.

Así que la riqueza material de (la familia de) cada parte era importante. En el caso de la “pareja en los

Dibu: Lealsoria; Tudu & amigos, 2013.

bienes de una mujer” (nº 3), indica que la riqueza del lado de ella era mayor que la de él, lo cual favorecería que ella predominase en las decisiones económicas de la nueva familia.

También, en muchos casos, podían permitirse varias esposas en distintos grados de contribución y/o servicio. O sea, existía poligamia. Por ejemplo, un hombre podía tener una esposa principal, la cetmuinter (“primera de la familia”) en “contribución del hombre”, y otra(s) secundarias (por ej. “en visita”) convenientes a efectos de alianza temporal,  o por distintas circunstancias… o gustos, claro. Los artesanos y los filid (poetas, historiadores, etc.), gente errante por naturaleza, entrarían a menudo en ese tipo de matrimonios temporales.

Continuaremos con algo más de ésto en próximas entradas.

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Fuentes: repositorio CELT (UCork); Fergus Kelly: A guide of Early Irish Law, DIAS 1995.

Pico debajo de ala


“Gallineta” del Libro de Kells. Captcha Mujerárbol

En los monasterios irlandeses se desarrolló un tipo de letra especial, derivado de la letra uncial romana. Hoy le llaman”Gaelic National minuscule” en aras de la simplificación; “insular script” o “Irish script”, se han venido usando como sinónimos en la red. Modificaciones de ello se pueden conseguir para escribir en Word y en otros sistemas de escritura digital.

Este tipo de letra se utilizó desde antes del s. IX hasta el XVII, ingeniándoselas para adaptarse a la evolución de la lengua que representaba.

Desde el XIX hasta principios del XX continuó en Irlanda en forma de tipografía impresa, ligada al movimiento nacionalista, hasta los años 50 en que se generalizó el uso de la tipografía normalizada latina a través de la educación general. Hoy se ve sobre todo como letra decorativa, pero todavía es posible encontrar personas que la usan cuando escriben a mano cosas que implican afectividad (personal o cultural), sobre todo si lo hacen en lengua irlandesa. Hay que reconocer que, con pluma o cálamo, resulta muy bonita.

LU. RIA ms.23 E 25 Captcha Mujerárbol

Normalmente, los amanuenses o escribas (no “escribanos”, que es un cargo público de los reinos feudales de la Baja Edad Media) tenían una letra más o menos cuidada según el trabajo a realizar. Por ejemplo, no es lo mismo una nota marginal que un evangeliario. Por eso el Lebor na hUidre (a la izda.), que parece concebido para uso en la escuela monástica, no tiene nada que ver con el Libro de Kells (arriba dcha.), un trabajo de arte para exhibir en la iglesia.

En los scriptoria además de “buena letra” se utilzaban convenciones para ahorrar espacio, sobre todo abreviaturas. Algunas proceden de las notas tironianas romanas. Muchas, como sucede en la mayoría de las caligrafías medievales europeas, tienden a una bella simplificación de línea y gesto. Esto implica que para leer se necesitaba algo más que conocer las vocales y las consonantes…

En el repertorio CODECS tienen una página preciosa (y creciente) dedicada a las abreviaturas en los manuscritos irlandeses.

La que más me gusta (todas son curiosísimas) es la que se empleaba para indicar que el texto seguía en el renglón inferior: se denominaba “pico debajo del ala” (cenn fo eitte) y pinchando aquí podréis observar con qué gracia se indicaba el artificio.

Cenn fo eitte Nº 5