El divorcio en el Senchas Már irlandés


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El Senchas Már (o “Tradición Mayor”) es la colección principal de leyes antiguas irlandesas.

Según los investigadores que se han dedicado a ella, especialmente D.A. Binchy, compilador a su vez de todo ese tipo de fuentes en un “corpus” que denominó Corpus Iuris Hibernici (CIH), no es inverosímil que sea tanto una serie de costumbres (“derecho consuetudinario“) de origen muy antiguo, que empezó a recopilarse alrededor del siglo VIII, como cierta imitación o influencia del Derecho Romano a través del Derecho Común medieval o de la actividad de la Iglesia, puesto que los principales manuscritos se reunieron, copiaron y glosaron en distintos momentos a partir del siglo mencionado.

La mayor parte de lo que aquí contamos, procede de uno de sus textos principales, el Cáin Lanamna. Es curioso que, a pesar de llevar un nombre que es préstamo del latín (Cáin= “cánon”) no tiene tanta influencia eclesiástica como podía esperarse. Lo veremos en estos ejemplos.

Ya dijimos que los matrimonios en la antigua Irlanda eran contratos entre dos familias, y los cabezas de ambas -el padre (o tutor) de él y el de ella, (los ágae fine)- tenían la palabra.

El consentimiento para dar por buena la unión (arnaidm), requería fiadores por las dos partes, sobre todo en los matrimonios de tipo más serio. Eso quiere decir que personas concretas, ligads a las familias, se comprometían (con sus bienes) a que no hubiera irregularidades que conllevaban sanción legal, bajo pena de multas. Tengamos en cuenta que “salir como fianza” era una cosa muy peligrosa, pues siempre se podían perder bienes propios a causa de los desmanes de otros. En general, se buscaba que éstos fiadores fuesen de clase social igual o parecida a la de los contrayentes, por lo que acabamos de decir.
Se supone que las multas por irregularidad y la separación de bienes en caso de divorcio eran el principal motivo de discusión frente a jueces y abogados, puesto que de ello se ocupa principalmente el Cáin Lanamna.

Puesto que una esposa principal (cetmuinter) se compraba, el futuro marido entregaba un “precio de novia” (coibche) que se quedaba en la familia de ella.

Foto: Anastasia Shuraeva en Pexels

Existían distintos motivos por los que una mujer podría pedir un divorcio completamente legal y quedarse con esa parte. Por ejemplo, que él la pegase dejando huellas; que la abandonase por otra (caso en el cual hasta tenía derecho a quedarse en la casa común si quería); o si él propalaba historias falsas, sátiras o indiscrecciones de alcoba sobre ella.

Los casos de asunto sexual por parte de él también eran motivo de divorcio, pero sorprende saber que una mujer podía divorciarse de un hombre porque estuviese demasiado gordo y no fuese capaz de mantener relaciones con comodidad.
Por supuesto, asuntos como la impotencia (“porque no es fácil para una esposa convivir con un marido impotente” dice el glosador), la homosexualidad manifiesta de él o su esterilidad (difícil de probar a menos que ella hubiera tenido previamente un hijo con otro hombre), también eran motivo suficiente de divorcio por parte de ella.
Pero, en el caso de esterilidad, si no se divorciaban, podía entrar en funcionamiento una “separación temporal”, nada menos que para que él o ella, tuvieran un hijo con otra pareja.
Este hijo era considerado legalmente como hijo del marido (“a menos que el padre verdadero se lo compre” dice la Ley).
Otros casos de separación temporal podían darse cuando uno de los dos debía ser acogido bajo cuidados fuera de su casa, por haber sido herido por alguien externo (en quien recaían las obligaciones de tales cuidados) y, por supuesto, si cualquiera de los dos conyuges se iban de peregrinación, de viaje, a ver a un amigo, o, en el caso del varón, para tomar parte en una incursión de venganza legal (que también existía).
Finalmente, el hecho de que él tomase órdenes sagradas, era un motivo bastante normal de divorcio legítimo… y origen de alguna que otra familia eclesiástica.
Que ella robase a menudo, fuese infiel (en cualquier sentido), lo deshonrase propalando injurias sobre su marido. abortara o perdiera la leche por una enfermedad durante la lactancia, eran algunos de los motivos que recita una de las heptadas de proverbios legales titulada Gubretha Caratniad, una curiosa recopilación, más o menos versificada, de cuestiones que van en contra de los principios legales mayores.

Emparejamientos


Foto de Jasmine Carter en Pexels.

¿Sabíais que en la antigua Irlanda había siete tipos de matrimonio legal?

En la “Ley de los emparejamientos” se establecen hasta diez tipos, pero solamente siete son “accionables” en caso de juicio, como ahora veremos. Dice así el Cáin Lánamna o Ley de los Emparejamientos:

Pregunta: ¿Cuantas parejas de convivencia y procreacion existen en la Ley Irlandesa?

Respuesta: Diez, a saber: (1) la unión de contribución común; (2) la unión de una mujer en la contribución del hombre; (3) la unión de un hombre en la contribución de una mujer, con servicio; (4) la unión de una mujer que acepta las solicitudes* de un hombre; (5) la unión de un hombre que visita a la mujer, sin trabajo, sin solicitud, sin provisiones, sin contribución material: (6) la unión por rapto; (7) la unión entre mercenarios errantes; (8) la unión por seducción criminal; (9) la unión por violación; (10) la unión de burla.

De estas diez, siete se consideraban “legales”, es decir sujetas a algún tipo de compensación en caso de conflicto. Las dos últimas eran situaciones de hecho, sin garantía legal, pues nadie se responsabilizaría de lo que hiciera un criminal o un loco, que es lo que parece el nº 10. En este caso, los hijos que tuvieran, quedaban a cargo de un superior (o como afirmaba un dicho legal que ha pasado al refranero, “el cura que los casó”). El dicho debe de ser mucho más moderno que esas leyes, porque “los curas” no tenían mucho que decir en materia de matrimonios.

El papel de la Iglesia en el matrimonio fue un proceso lento en toda Europa. Y más en el caso presente, a menos que hablemos de una familia eclesiástica… La presencia de un obispo o la celebración del matrimonio en el templo, etc. entró muy tardíamente en Irlanda, con grandes aspavientos por parte de los Reformadores (los católicos del s. XII y los protestantes del XVI). De todos modos, es curioso que esa ley concreta lleve el nombre de Cáin, o sea, un derivado de “Cánon”. Pero también es sorprendente que la mísma contenga un amplio abanico de posibilidades de divorcio, que difícilmente se deben a influencia eclesiástica.

En la antigua Irlanda el matrimonio era un contrato privado entre dos familias. Como no existía el Estado, ni tampoco un sistema feudal pleno como el de Francia o de los Reinos Hispánicos, se trataba de decisiones económicas/políticas tomadas por toda la familia, que era la unidad legal básica, por debajo de la “tribu” o tuath. El negocio de casar a una hija/hijo era como el de hacer una compra beneficiosa o un alquiler de bienes o servicios.

He citado “hombre libre” aposta, porque era poca la iniciativa que tenía una mujer en esto. Unicamente en el caso de ser una heredera rica, como vimos en el caso de las dos Devorgillas, que se permitían hacer donaciones por sí solas. Pero ellas vivieron ya en un momento muy tardío y bajo otras condiciones, como la influencia anglonormanda (de sus familias políticas o de sangre). Por otro lado, existe una notable tradición literaria irlandesa en la que son ellas las que eligen y se llevan (a veces por la calle de la amargura) al elegido (Ej.: la historia de Diarmait y Grainne o el cuento de Deirdre y Noise, etcétera), lo cual es bastante curioso.

Así que la riqueza material de (la familia de) cada parte era importante. En el caso de la “pareja en los

Dibu: Lealsoria; Tudu & amigos, 2013.

bienes de una mujer” (nº 3), indica que la riqueza del lado de ella era mayor que la de él, lo cual favorecería que ella predominase en las decisiones económicas de la nueva familia.

También, en muchos casos, podían permitirse varias esposas en distintos grados de contribución y/o servicio. O sea, existía poligamia. Por ejemplo, un hombre podía tener una esposa principal, la cetmuinter (“primera de la familia”) en “contribución del hombre”, y otra(s) secundarias (por ej. “en visita”) convenientes a efectos de alianza temporal,  o por distintas circunstancias… o gustos, claro. Los artesanos y los filid (poetas, historiadores, etc.), gente errante por naturaleza, entrarían a menudo en ese tipo de matrimonios temporales.

Continuaremos con algo más de ésto en próximas entradas.

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Fuentes: repositorio CELT (UCork); Fergus Kelly: A guide of Early Irish Law, DIAS 1995.

Pico debajo de ala


“Gallineta” del Libro de Kells. Captcha Mujerárbol

En los monasterios irlandeses se desarrolló un tipo de letra especial, derivado de la letra uncial romana. Hoy le llaman”Gaelic National minuscule” en aras de la simplificación; “insular script” o “Irish script”, se han venido usando como sinónimos en la red. Modificaciones de ello se pueden conseguir para escribir en Word y en otros sistemas de escritura digital.

Este tipo de letra se utilizó desde antes del s. IX hasta el XVII, ingeniándoselas para adaptarse a la evolución de la lengua que representaba.

Desde el XIX hasta principios del XX continuó en Irlanda en forma de tipografía impresa, ligada al movimiento nacionalista, hasta los años 50 en que se generalizó el uso de la tipografía normalizada latina a través de la educación general. Hoy se ve sobre todo como letra decorativa, pero todavía es posible encontrar personas que la usan cuando escriben a mano cosas que implican afectividad (personal o cultural), sobre todo si lo hacen en lengua irlandesa. Hay que reconocer que, con pluma o cálamo, resulta muy bonita.

LU. RIA ms.23 E 25 Captcha Mujerárbol

Normalmente, los amanuenses o escribas (no “escribanos”, que es un cargo público de los reinos feudales de la Baja Edad Media) tenían una letra más o menos cuidada según el trabajo a realizar. Por ejemplo, no es lo mismo una nota marginal que un evangeliario. Por eso el Lebor na hUidre (a la izda.), que parece concebido para uso en la escuela monástica, no tiene nada que ver con el Libro de Kells (arriba dcha.), un trabajo de arte para exhibir en la iglesia.

En los scriptoria además de “buena letra” se utilzaban convenciones para ahorrar espacio, sobre todo abreviaturas. Algunas proceden de las notas tironianas romanas. Muchas, como sucede en la mayoría de las caligrafías medievales europeas, tienden a una bella simplificación de línea y gesto. Esto implica que para leer se necesitaba algo más que conocer las vocales y las consonantes…

En el repertorio CODECS tienen una página preciosa (y creciente) dedicada a las abreviaturas en los manuscritos irlandeses.

La que más me gusta (todas son curiosísimas) es la que se empleaba para indicar que el texto seguía en el renglón inferior: se denominaba “pico debajo del ala” (cenn fo eitte) y pinchando aquí podréis observar con qué gracia se indicaba el artificio.

Cenn fo eitte Nº 5

Un diccionario antiguo


Mis diccionarios. A la derecha, la edición a 4×2 columnas del DIL, un suplicio para los monoculares (Foto: Mujerárbol).

Me encontré esta entrada en una página pública de FB, dedicada al recuerdo de Micheál Ó Cléirigh, uno de los Cuatro Maestros y monje Franciscano del Colegio Irlandés de Lovaina, miembro de una antigua familia de historiadores, clérigos y filid tradicionales de Irlanda, que murió alrededor de 1643.

En la entrada se habla de una de sus obras más curioas: el diccionario de O’Clery (apelllido anglizado) que todavía se cita como una de las fuentes históricas de la lengua irlandesa. El motivo es que su autor habría trillado en muchos manuscritos antiguos para realizar el trabajo.

El título es “Diccionario o Pequeño Glosario” y en el se recogen palabras “difíciles y antiguas” del irlandés (literario) anterior al siglo XVII, como dice esta cubierta. La palabra foclóir -que tiene la misma raíz que “vocablo” y “vocabulario”- ahora se escribe con tilde o “marca de longitud”- y en la época de Ó Cleirigh no.

Captcha. (https://www.facebook.com/Cleireach/posts/1070108610160688)

Una de las particularidades de este librito es que fue impreso en el propio Colegio de Lovaina, o sea: no es un manuscrito. El Colegio contaba con su propia imprenta, lo cual agilizaba la producción literaria de los profesores y escolares propios. Hay que tener en cuenta que el de Lovaina, fundado en 1607, fue uno de los más exitosos colegios de Irlandeses de los patrocinados por la Corona de España en aquellos días. Estaba a cargo de la Orden Franciscana y practicamente hasta nuestros días (salvo guerras mundiales) ha mantenido su papel como dinamizador de la cultura irlandesa en el continente.

El Focloir no Sanasán recogía vocabulario antiguo del irlandés y por eso algunas de sus referencias han ido a parar al DIL (y a su nieto del siglo XXI, el eDIL), que es un diccionario histórico de esa lengua y una fuente imprescindible para los que nos dedicamos a las fuentes irlandesas.

El de O’Clery es el primero que se hizo con un criterio racionalizado.

Sin embargo, el diccionario más antiguo del irlandés es el Glosario de Cormac (Sanais Chormac) del s. IX. Atribuido al rey-Obispo de Cashel, su criterio es mucho más imaginativo, pues Cormac se encontraba en la órbita de las Etimologías de S. Isidoro y del saber medieval europeo, hibernizado, eso sí, y hasta con toques de interpretación humorística: nunca olvidaré su definición de “nalgas” (en castellano, culo), que viene recogida en el eDil. Define la cosa por el ruido “tonante” que hace… 😆 

Hay que tener en cuenta que a partir del s. XVI con las catástrofes políticas que acontecieron en Irlanda, hasta el XVII-XVIII, el irlandés de registro culto, se fue perdiendo junto con la clase social que lo mantenía: la nobleza de lengua gaélica y sus filid o “poetas”, historiadores, genealogistas, etc. mientras que la lengua seguía evolucionando y cambiando hacia lo que hoy es el irlandés contemporáneo.

Por lo que dicen los filólogos, no ha sido una evolución hacia mayor sencillez (sintáctica) pero tanto sintaxis como fonética (y sobre todo, ortografía) han cambiado muchísimo. Acabo de señalar el cambio de sitio de las tildes (un auténtico laberinto gaélico, os lo aseguro). Además, hay que tener en cuenta que lo que queda de irlandés Antiguo y Medio solo lo conocemos por escritos de tipo literario/técnico (sagas, literatura religiosa, leyes…) que no reflejaban el habla común.

Eso pasa con todas las fuentes escritas de los idiomas viejos. Ignoramos cómo sería la realización a pie de calle (o de huerta) del castellano de la época del Cantar del Mio Cid (el siglo XIII). Lo que se conserva son registros cultos y librescos, en su mayoría. Y en el caso del irlandés, registros “cultísimos” y elaboradísimos: la clase profesional que los fabricó eran esos “pedantes mandarines” creadores de lo que se ha llamado, de una forma que a ellos no les gustaría, “literatura bárdica“.

El autor de este diccionario pertenecía a una familia de eruditos que llevaba cultivando el arte de la palabra escrita, el examen de manuscritos antiguos y de la tradición desde varios siglos antes. Fue uno de los autores de los Anales de los Cuatro Maestros, para lo cual él y sus ayudantes se sirvieron de fuentes entre las que es posible se encontrara el Lebar na hUidre o Libro de la Vaca Parda… Pero de ese libro… hablaremos otro día.

Perros verdes (hoy, vamos de verde)


Tonos de verde. Foto de Daria Shevtsova en Pexels

Bueno: creo que lo mejor para celebrar el día de hoy es… reeditar una entrada de 2010, nada menos. ¡Once años nos contemplan!
La actualizo con enlaces nuevos, ilustraciones y renovados comentarios…
Cuando en lenguaje coloquial le decimos a alguien que “es más raro que un perro verde”, estamos usando sin saberlo la misma terminología que los tratados legales irlandeses utilizaban para referirse a una cosa extraña, forastera.
Y es que en la Irlanda altomedieval existían los “perros verdes”, pero no tenían cuatro patas.
No sé cuán comunes o raros serían, porque los intercambios de todo tipo entre tuatha (tribus) debían de ser bastante numerosos: en una isla pequeña, y en territorios contiguos, los intercambios de productos serían relativamente fáciles, a menos que la geografía lo impidiera gravemente, y tenderían lógicamente a unir más, y más a menudo, que otra cosa. Los intercambios de genes, lo mismo.
En general no parece que hubiera grandes diferencias en modos de vida, genética, lengua, etc. entre distintas tuatha irlandesas. Pero el territorio se dividía en tuatha de forma tradicional, como nosotros nos dividimos en provincias. Se ha discutido bastante acerca de las posibles diferencias étnicas en momentos de la Antigüedad Tardía en Irlanda, pero es tema que no viene al caso aquí.
Así que un “perro verde” es una definición legal: el hombre que sale de su tribu y distrito para ir a convivir con una mujer de otra tribu.
Hay que tener en cuenta que la palabra “tribu” (tuath) no tiene el componente étnico que podría tener en un contexto nativo-americano o de pueblos cazadores-recolectores.

Fergus Kelly en su Guide to the Early Irish Law dice “perro gris” y, en el diccionario, glas abarca distintos tonos, desde el gris verdoso al verde hierba.

La mayor parte de las regulaciones concernientes a estas personas tiene que ver con las consecuencias legales de su matrimonio con la mujer de la túath receptora. Al ser un forastero, ese hombre no posee precio de honor propio (es decir: derechos o deberes legales) dentro del territorio de la túath de acogida. Pero si la unión es reconocida por la familia de la mujer, entonces cuenta como si tuviera la mitad del precio de élla, y eso ya es un derecho (a indemnización según ese precio). De todos modos, él no puede hacer contratos independientes sin permiso de ella, que es quien paga sus multas y sus tasas.
Lo curioso es que tampoco tiene responsabilidad legal en la crianza de sus hijos, ni en las faltas que éstos puedan cometer, que recaen en la familia de la madre, asunto espinoso para ésta. Es de suponer que, al perder sus derechos, él se consideraba de menor status que ella. Un buen ejemplo es Fergus, en el Táin Bo Cuailnge, que “por ir detrás de las nalgas” de Medb, figura como un personaje sin poder, marioneta de la poderosa Reina. Pero ese es un ejemplo (demasiado) literario.
Porque lo “normal” no era que un hombre cambiase de tribu (y perdiera sus derechos), sino que precisamente, lo hiciese la mujer, que en muchos casos, históricos, servía de objeto de intercambio y sello de amistad o de sumisión de unos territorios o “clanes” sobre otros.

Gatos en las leyes medievales irlandesas


Foto: Mujerárbol, 2006.

¿Sabíais que en los tratados legales de la Irlanda medieval existían leyes sobre los gatos?

El sistema irlandés tradicional, al no existir Estado, ni ser los reyes fuente de Derecho, se basaba en la regla de los contratos de peso equivalente, y de compensar los daños por medio de indemnizaciones, que podían llegar a ser cuantiosas, además de que tardó mucho en circular una moneda válida. En las sociedades agrícolas y ganaderas, como es el caso, los animales domésticos no son simplemente “mascotas” o juguetes para niños o adultos, aunque también cumplían funciones en el ocio y en la humana apreciación placentera de sus cualidades.

Así que los daños producidos a un animal valioso o generados por un animal, debían de ser compensados.

Esto llevó a los redactores de tales leyes a esmerarse en clasificar el valor económico de los animales que hoy apreciamos de otra manera. Ya sabemos que la vaca lechera constituía una unidad de medida (3 vacas lecheras, o dos y una ternera= una cumal, el precio básico) y que se pagaba en el equivalente a ésto, ya fuera en servicios, ropa y equipamiento, en alimentos o en conjuntos (sét, pl. séoit) de objetos equivalentes (joyas, servicios… o equipamiento para animales).

Por eso, en la sección denominada “Ley de los Gatos” recopilada en el Senchas Már, los redactores se esmeraron en clasificar según valores a los mininos. Al parecer, esta ley era una de las principales que un auténtico Juez debía de conocer.

Quizá la parte más curiosa sea cuando se clasifica a los gatos según sus cualidades:

Un “meone” un poderoso gato que maulla (…).
Un “breone”, una gata que ronronea y protege (…).
Un “crúipne”, un gato poderoso en virtud de sus patas (o garras).
Un “folum”, es un gato que pastorea (…) que se guarda con las vacas en el cercado.
Un “Glas nenta” es el gato (…) que está debajo de la espina verde, o que se trajo de una espina verde.
Un “rincne” es un gato de niños, por la razón de que atormenta a los niños, o los niños lo atormentan a él.
Un “baircne”, es el nombre del gato que está siempre junto a las mujeres, en un almohadón.

Salvo el crúipne, los dos primeros nombres son derivados onomatopéyicos: se pronunciarían (aproximadamente) m’on/br’on. “Rincne” parece derivarse de un verbo “cortar o arañar”. Sobre los baircne distintos manuscritos aportan algo más de “información”, siempre enlucida de mitología bíblico-LebharGabaliana:

Un Baircne, o sea, un gato para mujeres; o sea, un “guerrero de barco” pues del arca de Noé hijo de Lamiach vino primero; o un “Guerrero de barco”, o sea, un tipo fuerte, que fue traído en el barco de Bressal Brecc.

Y esta otra, también con tintes mitológicos:

El Baircne es un gato para mujeres, o sea un “guerrero de barco” (bairc-nia), o sea nia, fuerte; porque fue traído en el barco de Bressal Brecc, en el que iban los gatos negros con el pecho blanco.

En cuanto a la equivalencia económica de los gatos, los manuscritos lo dejan bien claro. El gato doméstico pertenece a la casa de su dueño y, como tal, tiene un precio propio (díre) que se paga por robarlo o hacerle daño injustamente. El dueño es responsable de su cuidado, de cobrar las compensaciones que se le deban por hacer daño al gato, y de pagar los daños que el animalito pueda causar:

Un “meone” es un gato de bodega (…) se pagan dos vacas si tres compañías de huéspedes afirman que obtuvieron completa abundancia de ella (de la bodega) y así lo corrobora la gente de la casa a la que protege (el gato); si no se encuentran los huéspedes o la gente de la casa no se atreve a afirmarlo, entonces solo se paga una vaca.

¡Y qué decir de la gata ronroneadora y protectora (breone)!

(…) se pagan tres vacas si hace las dos cosas, ronronear y proteger. Si solo hace una de las dos, entonces una vaca y una novilla de tres años (…). Si es menos que ésto, no excede en valor a la cosa que protege.

Y mucho ojo: los cachorros tanto de perro como de gato, aún cuando todavía no sean “activos”, es decir, maduros y entrenados en su oficio, valen 1/9 ¡del valor de su padre! El precio se acercaba al de una vaca lechera, en concepto de “smacht“, que es la prenda que se solía dar al comprometerse a aceptar la decisión de un Juez en un caso legal.

Foto: Mujerárbol 2013. Su libro favorito para dormir.

Una vez activos, los gatos tienen un “precio corporal” (éraic) que varía según el trabajo que desarrollan. Una cosa curiosa era que los gatos no son responsables por comerse algo que se encontrara en la despensa si ésto no se encontraba bien protegido, dentro de alguna vasija o en un lugar alejado del interés felino. El tener las cosas en su sitio, bien guardadas, se consideraba parte constitucional del buen trabajo doméstico.

En caso de que, a pesar de tenerlo bien guardado, el zape consiguiera alcanzarlo, era legal matar al gato.

Por otro lado, si un gato “en su locura por cazar ratones” hace daño a alguien, está exento de multa si dicho alguien no tenía derecho a andar por allí; en caso de que lo tuviera (por ejemplo, un siervo que entra en la bodega a buscar algo según lo ordena su señor) solamente debe pagarse la mitad de la multa.

¡No cabe la menor duda de que ser un gato irlandés, incluso en la Edad Media, era un privilegio!
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La fuente de esta entrada fue el nº 25 de Celtica, boletín del D.I.A.S, donde Kevin Murray (U.Cork), analizó la parte final del Senchas Már, que trata de “Las Leyes de los Gatos” y manuscritos de glosas a dicha ley. Por mi parte, consulté el libro de Fergus Kelly que aparece en la última foto.

Las fotos son de mi gato, Pangur el Negro, (2003-2020).