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Con su estilo gráfico simplificado y colorista, la gentecilla de Academia Play acierta de pleno al divulgar distintos aspectos de la Historia en pequeñas pildoras, con guiones elaborados por gente muy preparada. Por ejemplo: en este caso con guión de Federico Romero Díaz (escritor, divulgador y presidente de Divulgadores de la Historia, entre otras cosas) […]

El Táin perdido y hallado


S. Isidoro Hispalense, escultura por xxx en la escalinata de la Biblioteca Nacional, Madrid.

Se dice que el Táin fue traído de España a cambio de las Etimologías, que en Irlanda se denominaban el Culmen (es decir, “la cumbre del conocimiento”, así, en hiberno-latín). Se lo llevaron de España a Irlanda unos sabios que buscaban el Táin en la Península Ibérica, ya que su memoria había perdido los sucesos concretos de la famosa épica. Así lo dice la historia de El Hallazgo del Táin («Do faillsigud Tána bó Cúailnge») cuya redacción más antigua está en el Libro de Léinster, siglo XII.

Lo primero que salta a la vista es que los irlandeses pretendían haberse llevado dos cosas por el precio de una… El Táin, que era lo que buscaban, y las Etimologías. Así que, a lo mejor en vez de sabios, eran más bien hábiles comerciantes… Aparte de ese detalle, y de bromas, en esa historia lo que realmente se cuenta no tiene nada que ver con España ni con las Etimologías.

Así que hablemos de datos históricos. Lo cierto es que San Isidoro de Sevilla, (560–635 AD) debió escribir su obra en la primera mitad del s. VII. En ese momento, Irlanda se encontraba en plena “Edad de Oro” de escritura en lengua nativa y en Latín. Aunque es dudosa una fecha exacta, T. Ó Máille, en los años 20 del siglo pasado, consideraba que el libro debió llegar a Irlanda muy poco después de escrito. Esto no sería raro, precisamente por la vitalidad de dicha “edad dorada” y la proverbial movilidad de los sabios irlandeses.

Una prueba indirecta, es que en el monasterio de San Gall se conservaba una copia de las Etimologías en caligrafía irlandesa . Ya sabréis que el primitivo monasterio de San Gall fue fundado por uno de los compañeros de S. Columbano de Bobbio, notable peregrino, fundador y cascarrabias irlandés, polémico viajero por el Imperio Carolingio. Ese monasterio, hasta nuestros días, ha suministrado bastantes manuscritos relacionados con Irlanda y con su lengua nativa.

Finalmente, hay indicios del uso de las Etimologías -que deben mucho a la Retórica Clásica de la Antigüedad- en la obra atribuida al rey-obispo de Cashel, Cormac (siglo IX) llamada «El Glosario de Cormac» y también en el género literario irlandés denominado dindsenchas. Este trata de explicar el origen y significado de distintos topónimos de Irlanda y está hiper-representado en el Táin, precisamente, mediante truculentas historias que relacionan hechos y personajes de ese Saqueo mitológico con nombres de lugares.

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Fuentes:

Ó Máille, T. : The autorship of the Culmen (Ériu 9, 1921).

Oroz Reta, J.,: Etimologías, Libros I-X. Ed. bilingüe. BAC. (Salamanca, 1982).

Barney, S.A.; Lewis, W.J.; Beach J.A. & Berghof, O. (eds.): The Etymologies of Isidore of Seville, (Cambridge: 2006).

El Salterio de Faddan More (republicación)


Captura de pantalla by Ban Dida.

ACTUALIZACIÓN DE UNA ENTRADA DE 2012.

Trasteando por ahi a raíz de la noticia de un papiro copto, me encontré más papiro… pero esta vez dentro de un manuscrito irlandés, lo que me picó el deseo de saber más. Hoy, a 3 de diciembre del 2020, trasteando por Facebook acerca de un muerto de turbera, vuelvo a esta entrada.

El Salterio de Faddan More fue encontrado en una turbera de la villa de ese nombre en el condado de Tipperary, en 2006. Fue puesto bajo la tutela del National Museum of Ireland, que inmediatamente empezó la labor de restauración. Teniendo en cuenta la cantidad de cosas que aparecen en las turberas del país, que apareciera un libro no era tan raro. Pero el caso es que parecía tratarse de uno de los escasísimos manuscritos de la “Edad de Oro” (s. VIII) que se conservan, aunque el quid de la cuestión estribaba en poder ver su contenido. En cuanto pudo leerse algo de él, los arqueólogos supieron que se trataba de los Salmos canónicos del Antiguo Testamento -por eso se llama “Salterio”- un libro bastante común en cualquier monasterio o iglesia cristiana.

Si hubiera sido un mss. con material y lengua nativa la historieta habría cambiado mucho… Pero lo poco que quedaba a la vista (antes de intentar “abrir” el libro) indicaba que la mejor datación era a través de la letra misma del manuscrito, y que, de regalo, tal vez se encontrase algo de decoración a color. Eso aparte de las contracubiertas, que sí: eran de papiro,, material vegetal reutilizado.

Afortunadamente, pudieron aplicarse técnicas exitosas y recuperar algunas hojas, que pueden verse en esta página del National Museum. (Actualizada). La “excavación” de las páginas salvables del libro fue minuciosa, tomándose en cuenta que la tinta utilizada, al contener partes de metal, podría haber salvado al menos parte de la escritura (imagináos letras individuales “extraídas” de un libro…).

El intríngulis del asunto era despegar las hojas unas de otras, pues gran parte del libro no era más que una masa caótica de cuero podrido.

Teniendo en cuenta lo que ha llovido (en Irlanda) desde entonces, parece que el Salterio no se ha podido reconstruir completamente, como se deseaba según los enlaces (ya rotos) que existían en 2012, cuando se redactó esta entrada.

Al menos se puede ver la letra, una bonita uncial mayúscula irlandesa, típica del s. VIII, lo cual determinó la datación del hallazgo. La delicadísima restauración que sufrió esta “lasaña de manuscrito” permite ver que la caligrafía era de lo mejorcito de la caligrafía monástica insular.

El Salterio había sido depositado en la turbera dentro de un bolso de piel de cerdo y tapado (todo junto, entiendo) con una piel de ternero. Al parecer, no es la primera vez que se encontraban objetos litúrgicos cristianos arrojados con cierto cuidado (envueltos o dentro de bolsos) en turberas. Parece difícil saber si tal cosa obedecía a un comportamiento ritual o si se trata de una ocultación o pérdida.

De todos modos, esto ya es curioso, pero lo dejaremos para otro día…

Lo que sí resulta extraño es que se encontrase casi intacta (pero desmenuzada por la humedad, el tiempo, la presión y la forma del descubrimiento) la cubierta del libro, que es la que llevaba papiro egipcio, pegado por dentro para dar consistencia al cuero del que está hecha. Sería la primera prueba de las relaciones mediterráneas del monasticismo irlandés. Mi curiosidad al respecto sigue insatisfecha: no he encontrado ni mú sobre este material tan llamativo. Probablemente fue imposible de analizar.

La bolsa donde estaba el libro se cerraba por medio de una lengueta con botones de hueso, como se ve en la reconstrucción. Se piensa que esta bolsa estaba teñida con un pigmento basado en carbón, es decir, que tenía un tono más bien negruzco.

En la web del Museo Nacional podéis ver imágenes de la recuperación de la cubierta y de alguna página del hallazgo, así como una recreación de las circunstancias mecánicas del mismo… Aparte de imágenes que no corresponden al Salterio (pues se ve el Cathach, se ve el Libro de Kells, se ve el Dimma…), hay unas fotos detalladas de las hojas que se han podido recuperar, acompañadas con su texto en latín y en inglés de los salmos. El Salterio, en su momento, pudo tener alguna de esas coloridas ilustraciones, pero se ve que no ha podido ser recuperado mucho más que esos fragmentos de páginas.

Por proximidad geográfica con el lugar donde se encontró, es posible que el libro fuese copiado en Lorrha o en Terryglas, o en alguno de los grandes monasterios de la ribera del Shannon, donde estaba pujante la industria de la copia de libros “para llevar”. Por otro lado, a mi me parece que el cuidado que se observa en las partes de escritura que pueden verse, indican que no era un libro de Salmos para llevar (aparte del tamaño y la cantidad de hojas que se estiman) sino que quizá tenía uso litúrgico.

En academia.edu via JSTOR se puede bajar un PDF gratis acerca del Salterio (5 pp.). En youtube también hay varios videos sobre el asunto. El más interesante puede ser este de 2014. Hay otro, que todavía no he visto, con una charla académica sobre el particular.

 

Kerne: guerrilleros irlandeses del s. XVI


Este texto lo obtuve de la edición resumida y en inglés de la obra de Felipe O’Sullevan Beare que mencioné en en otro post y se encuentra en el repertorio CELT de la Uni. Cork.
Matthew Byrne, el editor, juzgó bueno anexar unos apéndices de fuentes anteriores que describen hechos o cuestiones relacionadas con la Guerra de los Nueve Años, en cuyo contexto se enmarcaba la obra de O’Sullevan. Uno de tales fragmentos es el que viene a continuación. Procede de una obra inglesa del 1600 acerca de las campañas de 1599 en Irlanda. Fue editada por primera vez en 1843 (Tracts relating to Ireland, Ir.Arch. Soc. vol. II, pp. 7-8, Dublín).

Las ilustraciones, como no podía ser de otro modo, proceden del Derricke  y del famoso dibujo de Alberto Durero, que retrata a unos irlandeses al servicio de algún señor en Alemania.

Vamos con el fragmento de 1600:

Sus fuerzas son de tres clases: jinetes, “gallowglass” y Kernes.

Los jinetes están armados con una protección en la cabeza, camisas de malla o chaquetillas, una espada, una daga de doble filo y una lanza. Montan sobre cojines de cuero o almohadillas, sin estribos, y en esto se diferencias de nosotros: al encontrarse con el enemigo, no llevan los bastones o lanzas debajo del brazo, ni las apoyan de ese modo, sino que lo cogen por enmedio y lo llevan por encima del hombro, y así acometen. 
Cada jinete tiene dos o tres caballos, y cada caballo va con un criado: el caballo de servicio está siempre suelto y el criado, que lleva su arnés y su lanza, monta sobre el otro o sobre un trotón. 

Los “gallowglass” son hombres escogidos y seleccionados de grandes y poderosos cuerpos, crueles y despiadados. Ellos son la fuerza más grande en la batalla, pues escogen más bien morir que ceder, así que cuando se llega a luchar cuerpo a cuerpo, o son rápidamente muertos o vencen. 
Van armados con una camisa de malla, un casco y una daga de doble filo. El arma que más usan es un hacha o alabarda de seis pies de largo, cuya hoja es un poco como la cuchilla de un zapatero, y sin pica, cuyo golpe es mortal aunque sea ligero. Y así armados, cuentan con un hombre para que le lleve el arnés y un muchacho para que le lleve las provisiones, y por así decirlo son como para ser utilizados cuando se los necesita y ochenta de ellos forman un batallón (battell) de gallowglass.

Fuente: wikipedia.

El kerne es una especie de infante, ligeramente armado con una espada, una rodela de madera o un arco y un haz de flechas con cabeza dentada, o con 3 dardos que tiran con maravillosa facilidad y puntería, siendo un arma muy molesta para el enemigo, especialmente para los jinetes para quienes es mortal. En estos últimos años, han practicado con el mosquete y el arcabuz y se han hecho muy buenos y listos en disparar. Algunos, usan a los “dalonyes” o mozos de caballos como cuarta forma (de soldado) pues los llevan al combate; se trata de los más bajos y ruines de su país, y no menos útiles en el campo de batalla para dar de comer o peparar a los caballos que dañinos para el enemigo con sus dardos.

pintura antigua
Pintura escuela holandesa (1594)

Como la mayoría de las imágenes se repiten un poco por todas partes, os recuerdo la decoración de la tumba de la Abadía de Roscommon que salía en el documental de Focus, que enlacé hace unos días. Se trataba de una representación de “gallowglass” de época (s. XV) enmarcados en sendos arcos apuntados, en la tumba de Felim O’Conor. El motivo de estos guerreros acompañando a su señor más allá de la vida, parece que era algo normal en la escultura funeraria irlandesa.

Finalmente, en la imagen de la derecha, el kerne está idealizado al más alto grado.

No sé si es por tratarse de alguien “del otro bando” (?) o por que un caballero inglés (?) no anda por el mundo con los malos pelos de los verdaderos y bárbaros kernes.

¿No son monas las puñetitas y la valona de encaje que me lleva el señorito?

 

*******(ESTO ES UNA ACTUALIZACIÓN DE UN POST DE FEBRERO 2010, el formato de la entrada puede alterarse debido a los cambios en el html de WordPress)****

El libro de Lismore


Photo: Clare Keogh

Una noticia aparecida el 29/10 en RTÉ (siento haberla retrasado tanto) daba cuenta de que el Libro de Lismore, del siglo XV, una reliquia del ultimo suspiro del mundo gaélico, ha sido donado a la bibloteca de la Universidad de Cork (UCC).

El libro es una compilación escrita en vellum. Contiene desde vidas de santos hasta la única versión existente de Los Viajes de Marco Polo en irlandés. Formará parte de la colección especial de la biblioteca universitaria y será utilizado en programas de enseñanza de la lengua irlandesa moderna -pues está escrito en esta penúltima fase del idioma-, e incluso para la extraña (y entrañable) disciplina de la paleografía, al contener un tipo de letra, la insular minúscula, la “de amanuense gaélico”, que es una joya del pasado, ya refinada en la Baja Edad Media.

Como cosa interesante, la donación ha ido acompañada de una serie de facsímiles del manuscrito que reflejan la evolución de esta forma de copiar fielmente los escritos antiguos: copias a mano hechas por O’Curry (sí, el editor de una de las versiones de TBC I); colotipos de R.A.S. Macalister; copias del s. XIX y la versión digital del Irish Script On Screen, de 2010.

También, es un reflejo del interés por la cultura nativa y la de fuera por parte de los antiguos señores de Carbery, al Oeste del Condado de Cork, como explica el artículo de Pádraig ó Macháin. El libro fue dedicado en el siglo XV a Finghin mac Carthaigh, que por lo que se ve en las fechas, no es el mismo que viene en la Wiki, sino un descendiente suyo de 1478–1505.

Un pequeño video de RTÉ en este enlace.

Los libros antiguos de Irlanda, amiguitos, ¡qué pasión! 

 

 

El Evangelio de Lindau (publicada 8/6/2011)


Vuelvo a publicar esta entrada, porque de nuevo editan la libreta que le dió origen. Es lo que pasa por ir por la vida (y las papelerías) con el ojo abierto. ¡Voy a por ella, ya!

El otro día fui a la papelería a comprar un regalo, y me encontré con que una empresa de material de escritorio de casi-lujo tiene a la venta unos cuadernos de notas y agenditas que, entre otras preciosidades del diseño, reproducían esta cubierta de libro:

Cubierta trasera del Evangeliario de Lindau

La decoración de entrelazos plateados que rellena los cuarterones de la cruz, ¿os suena a algo? Exacto, a arte irlandés.
Se trata de los evangelios de Lindau que se hicieron en la Alta Edad Media en algún lugar del Sur de Alemania, o bien en la propia abadía de San Gall, fundada por uno de los compañeros del viaje del misionero irlandés San Columbano. Estos misioneros fundaron algunos de los monasterios más brillantes de la época de Carlomagno, que persistieron durante los reinados de sus descendientes, en muchos casos hasta que entró en territorio alemán la regla Benedictina y, aún bajo esta, hasta la Reforma Protestante.

Una congregación de canónigas de la nobleza, llamada “Nuestra Señora Bajo los Tilos” (¡hermoso nombre!) poseía en el s. XVI el libro. Al ser seculariazado el convento en el s. XIX, la joya quedó en manos de descendientes de la última abadesa, de quienes pasó hasta Nueva York a principios del s. XX, y allí fue adquirido por los creadores de la Biblioteca Pierpont Morgan, donde hoy se encuentra.

En el enlace podéis ver un video sobre el particular.

Cubierta frontal

La cubierta frontal es una de las obras cumbre de la Escuela Cortesana de Carlos el Calvo, un nieto de Carlomagno que se rodeó de los mejores filósofos, artistas y maestros de su tiempo (segunda mitad del s. IX) entre ellos no pocos irlandeses. La cubierta muestra una fina representación de Cristo crucificado en relieve de oro, rodeado de evangelistas y ángeles en paneles separados, acompañados por un despliegue espectacular de piedras preciosas.

Sin embargo, la cubierta posterior del libro es la que ha hecho correr más tinta, precisamente por su mezcla de elementos hibérnicos con carolingios e italianos, éstos últimos muy posteriores.

Como veis, el motivo decorativo principal es una cruz, en cuyo centro hay un topacio y 4 pequeños bustos de Cristo en relieve esmaltado, cada uno con una inscripción. Me extraña que no sean los Evangelistas, pero los curadores del Museo los han visto mejor que yo. Me recuerdan a esa oración -hoy popular en Irlanda- que sitúa a Cristo en todas las direcciones del espacio además de encima y debajo del orante.

Entre los brazos de la cruz están los paneles de plata dorada, con entrelazos de animales fantásticos que llaman la atención por su estilo hibérnico. En las esquinas de la cubierta hay 4 relieves de los evangelistas, que fueron añadidos en el s. XVI.

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