Poquito más de Barroco


Jardines. (2003) Foto Mujerárbol

Este disco ya lo traje otra vez. Sigue pareciéndome una delicia, por eso repito.

Hecho con cuidado y cariño por un pequeño equipo y grabado en el Colegio Irlandés de Lovaina, de donde en el XVII salieron tantas cosas de un lado para el otro.

Bueno, esta pieza, Moggy Lawther, es bastante bailable. Oiganla como si se oyera en nuestros Jardines, durante los esplendores Barrocos. ¡Quién sabe si no llegó a oírse!

 

Anticipando


La «Marcha de Ó Sullivan» que se escuchaba en un vibrante momento del film «Rob Roy» de Michael Caton-Jones (1995) no tiene nada que ver con el caballero de la orden de Santiago del mismo patronímico sobre el cual acabo de publicar un artículo-entrada actualizado en la revista digital DH.

Como el artículo va a tener una secuela que podréis leer enseguida en este blogo, os traigo aquí el original de la «Marcha», que no es exactamente igual que el que podía escucharse en la película… o mi oreja ya ha hecho «clack» con motivo de la pandemia. Cosa posible.

 

 

El poder de la música


Foto: Cabo Menor. Mujerárbol

Suelo trabajar escuchando de fondo alguna música suave, que no sea muy descriptiva, ni demasiado… a ver cómo lo digo… Vale, solo oigo medio bien con un oído (auriculares clásicos al canto), así que algunas me suenan raras, como desafinadas, pues se me escapan los tonos que mi oído no capta. 

Modern Classical (no hay unanimidad estética en esta etiqueta), chillout, jazz downtempo, spaced (ambient, o como se diga), escuchar a Cecilia Bartoli o algún contratenor (siempre autores del Barroco), son las cosas que prefiero, sin dar de lado otras, como las bandas sonoras de pelis que nunca he visto.

Suelo oirlo en streaming y, en general, Spotify no me hace gracia, salvo para escuchar algún álbum concreto…

Lo malo es que muchas veces se me va la cabeza adonde sugiere la música y no adonde debería de estar, en el trabajo concreto. A veces, «la ida» me da bofetón de pasado y rasguño de presente, y me tengo que ir a llorar a otro lado.

Hoy me ha pasado con esta. Es el poder de la música.

 

¡Qué ruido…!


No sé si este villancico bretón lo he puesto ya algún año pero, para por si acaso, aquí va… con un par de pequeñas explicaciones.

Por supuesto, no hay nada de pagano en este villancico, puesto que es un villancico no el aullido del viento…Celebra, pues, el Nacimiento de Cristo, Luz y Sol de la Humanidad doliente.

Baptisterio románico de San Giovanni in Fonte. Verona, 1123. (Foto by Wolfgang Sauber, Wiki Commons).

Pero es curioso pensar que, aunque la mayor parte de nosotros entendemos que la Anunciación a los pastores sucede en un entorno nocturno y silencioso, quizá la Edad Media no lo veía así. Los pastores están a punto de dormirse, alguno entretiene la sobremesa de la cena con una musiquilla (como se ve en las pinturas del Panteón Real de León) con una flautilla, una gaita u otro instrumento ligero y sin complicaciones. O con la dulzaina que aparece en ese relieve italiano del s. XII.

Y entonces… ¡bum! se abren los cielos y aparecen ángeles, y hablan y unos entienden y otros no, y aquello es… ¡pero qué ruido es este!

El autor del villancico, no obstante vivir en el siglo XIX, también participa del tema del ruido y nos presenta de modo genuino a sus causantes: Aeled, Ángeles. El título del villancico: «¿Qué ruido es este en el mundo?» (obsérvese que el bretón conserva la P inicial de «qué»).