Urraca


Urraca. wikimedia-commons

Leí hace pocos días unos comentarios sobre ese nombre tan extraño, sonoro y de origen incierto en el catálogo de las Reinas y Señoras Hispánicas. Que si tenía que ver con el ave; que si el ave tenía que ver con el nombre, que si significaba… que si… bah.

Ni blanco, ni negro, sino irisado. O sea, según le dé la luz.

Lo que queda es la Historia, siempre. Aquí un excelente resumen divulgativo de la vida y obra de Urraca de León (s. XII) por Luis Galán Campos:  https://historiaeweb.com/2021/03/08/urraca-de-leon/

Espero que disfruten de su sencillez y su buena documentación.

Reliquias


Se celebraba el dia 18 de los corrientes con trompetería (mitigada por el calorazo y la sordera) el aniversario del asesinato de Federico García Lorca. Como la foto de la cabecera me pareció perfecta -verlo joven y hermoso, fumando, disfrutando de la vida– el artículo me ha llegado más hondo y mejor.

Y de ahí que me parezca también una buena reflexión sobre ciertos aspectos de la Historia. No de esa historia concreta, que ya la sé, sino de La Historia.

Leanlo en Cualia, un magazine que cada vez me gusta más.

Huesos de santos

 

La vidriera escandalosa


Uno de los paneles del “escándalo”. Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=19332247

Como ya dije en la entrada anterior acerca del gremio de artistas irlandeses del vidrio emplomado que formaron An Tur Gloine (La Torre de Cristal), a principios de siglo se produjo en Irlanda una explosión de este arte, principalmente unido a la decoración de edificios religiosos, pero también civiles.

A poco de la creación del Estado Libre de Irlanda (en Diciembre de 1922) a los políticos de la nueva nación se les ocurrió nada menos que regalar a la Sociedad de Naciones (radicada entonces en Ginebra) un algo que representara la vitalidad y la cultura del nuevo miembro del afamado club, y que contribuyera con ello a destacar sobre su vieja tutora y todavía madrastra, Gran Bretaña. La empresa consistía en nada menos que cubrir cinco grandes vanos de un edificio de la delegación de Ginebra con vidrieras emplomadas.

El caso es que al final, la obra fue aceptada por la OIT, Organización Internacional del Trabajo, una de las delegaciones de la Sociedad de Naciones, que también estaba en Ginebra (y todavía sigue en el mismo emplazamiento, aunque ahora pertenece a la ONU).

Harry Clarke. Wikimedia commons

En 1925 se dio un presupuesto para la obra y en ese mismo año se contactó con el taller de Harry Clarke, un vidriero e ilustrador irlandés radicado en Dublin, que por entonces estaba en el no-va-más de su fama, así que el trabajo se puso en marcha cuando comitente y taller se pusieron de acuerdo en que se haría. Formado en el Arts & Crafts y, por tradición familar, en la vidriería religiosa, Harry Clarke estaba influenciado también por el Art Nouveau que había conocido viajando por París y otros países europeos -también por España. 

Una vez inspeccionado el sitio donde iba a situarse la obra, Clarke aceptó el encargo y se puso a pensar el tema, decidiendo que tendría que ver con la Fantasía y no necesariamente con el Trabajo, y tampoco con el paisaje o las tradiciones irlandesas, para mayor libertad creativa.

Así que decidió dedicar cada panel a un escritor irlandés moderno, de forma que habría 15 paneles representativos de la obra de otros tantos autores, muchos de ellos amigos suyos, entre los que cabe destacar G. B. Shaw, Seán O’Casey, Patrick Pearse, Liam O’Flaherty y otros más conocidos para los lectores españoles como Synge, Yeats, Lady Gregory y James Joyce.Leer más »

Desde el borde del mar


Foto Mujerárbol.

Llevo unos días de vacaciones familiares en Santander. Lo habitual en mi historia. 

La conexión de internet es más bien precaria, así que es complicado escribir en el blogo.

Para rellenar el tiempo, me dedico a escribir, dibujar y leer, y a disfrutar del clima y del paisaje, sin olvidar mirar a menudo al cielo en busca de las aves habituales de esta zona. De momento ya tengo en la lista charranes comunes, bísbitas y un cernícalo “urbano” que merodea el barrio, aunque ayer pudimos ver un milano con caza en el pico: la víctima iba soltando plumas en todo el trayecto. 

By Mujerárbol 7/2021

 A pesar del crecimiento urbanístico de la fealdad arquitectónica (variedad gris+negro) aún hay un buen trecho de terreno de prados y arbolado que alberga vida pajaril y de la que permite vivir a la pajarera. Y sabemos por info de amigos que en la misma ciudad algunas aves rapaces crían y prosperan. Me queda por visitar alguna zona natural para ver aves marinas, amplio planeta desconocido para este árbol de secano. 

Hoy, que un pequeño accidente me tiene con una rodilla en “cuarentena”, he estado viendo en TVE la Altamira de Hugh Hudson, “la de Antonio Banderas”, quien se lleva el protagonismo de la historia, lo cual me pareció muy acertado cuando la ví por primera vez, a poco de estrenarse. Aproveché la ocasión para fijarme un poco más y hacer esta reseñoide secundaria.

Me parece que la peli se queda un poquito escasa acerca del empuje que debió de tener el original Sanz de Sautuola, ya que defendió con su propio argumentario (que para la época y un “amateur” no estaba nada mal) la autenticidad de las pinturas de la famosa cueva, ante el desprecio del mundo científico “extrahispano”… que me parece que eso, lo hispano, debió de pesar mucho más entre sus oponentes que los argumentos religiosos, flojamente representados en el film por el estamento eclesiástico (teniendo en cuenta que uno de los primeros investigadores de Altamira fue… el abate Brehuil, primero de una serie de sacerdotes-prehistoriadores), y los científicos, que aparecen prácticamente iguales que los del investigador español. Tan básicos como superados hoy día.

By Mujerárbol 7/2020

Ese enfrentamiento entre investigadores, que tenía que haber sido el meollo de la película, falla, lo cual hace perder fuerza a la trama principal frente a las otras dos.

La que corresponde a la vida personal del investigador está bien y es importante en la historia y en una peli de “biografia”, aparte del papel de la “descubridora”, la niña María, que me parece muy bien interpretada. Por eso, lo que me gustaron mucho las escenas oníricas con los bisontes y el frío glacial… que rodea a la nena.

Creo que se podía haber hecho una mejor historia con las dos grandes tramas: la discusión científica (no la discusión creencia religiosa-ciencia, precisamente) y el “papelón” de Carthaillac, un envidioso de libro que se disculpó “tarde, mal y nunca” y a quien no vemos claramente en el film.

Dejo aquí un par de fotos de las que he hecho estos días y una de hace dos años, tomada precisamente en el MUPAC, que suelo visitar cada vez que vengo a esta ciudad… esta vez no, precisamente, pero porque la imagen que quería captar de la Prehistoria cantábrica ya está suficientemente fija en mi memoria y solamente me falta ponerla por escrito. Y porque no soporto los mostradores altos.

 

 

El hombre que dio su caballo a un mendigo


Llevo varias semanas siguiendo esta página de FB cuyas fotografías son maravillosas.

Se trata de la página de John Connell, joven autor de un libro titulado «The man who gave his horse to a beggar», una biografía de San Aidán de Lindisfarne realizada a través de los lugares y los personajes significativos de la geografía británica en los que se desarrolla la historia de ese personaje. (Otro artículo, más prolijo, sobre S. Aidan aquí, en Omnium Sanctorum Hiberniae).

El autor ha recorrido los sitios de Irlanda, Gran Bretaña y Escocia asociados con San Aidán, ayudado por un fotógrafo (Phil Cope) que ha hecho unas maravillosas fotos de cosas que me gustan y que, en algunos casos, solo existen allí, como los pozos santos. Se ven bosquetes, menhires, cruces de estilo irlandés y de estilo sajón, camberas llenas de verde y de animalillos… Sin olvidar fotos tomadas en Clonmacnois (¡sííí!) y los maravillosos paisajes de las costas de las islas.

Pero también hay vitrales góticos o neogóticos, viejas capillas llenas de humedad, templos y antiguos monasterios, algunos destruidos durante la Reforma, relacionados con la vida de este “protoperegrino” irlandés, “evangelizador” o al menos, movilizador de los Sajones. Se cuentan pequeñas historias, milagros y visiones de los personajes que se relacionaron con él y con su misión, así como el destino de esta. Y me gustan mucho los mapas que ilustran la edición

Ya os contaré, aunque lo que se ve en Facebook despierta las ganas, como podréis comprobar si visitáis la página.

(Actualización) El libro es una delicia por el formato, por las fotos y por lo que cuenta. Un viaje fotográfico-histórico que merece la pena, para conocer las vicisitudes -y las cien mil influencias- de la Edad Media de las Islas Británicas.

Enhorabuena, Mr. John Connell.

Un diccionario antiguo


Mis diccionarios. A la derecha, la edición a 4×2 columnas del DIL, un suplicio para los monoculares (Foto: Mujerárbol).

Me encontré esta entrada en una página pública de FB, dedicada al recuerdo de Micheál Ó Cléirigh, uno de los Cuatro Maestros y monje Franciscano del Colegio Irlandés de Lovaina, miembro de una antigua familia de historiadores, clérigos y filid tradicionales de Irlanda, que murió alrededor de 1643.

En la entrada se habla de una de sus obras más curioas: el diccionario de O’Clery (apelllido anglizado) que todavía se cita como una de las fuentes históricas de la lengua irlandesa. El motivo es que su autor habría trillado en muchos manuscritos antiguos para realizar el trabajo.

El título es “Diccionario o Pequeño Glosario” y en el se recogen palabras “difíciles y antiguas” del irlandés (literario) anterior al siglo XVII, como dice esta cubierta. La palabra foclóir -que tiene la misma raíz que “vocablo” y “vocabulario”- ahora se escribe con tilde o “marca de longitud”- y en la época de Ó Cleirigh no.

Captcha. (https://www.facebook.com/Cleireach/posts/1070108610160688)

Una de las particularidades de este librito es que fue impreso en el propio Colegio de Lovaina, o sea: no es un manuscrito. El Colegio contaba con su propia imprenta, lo cual agilizaba la producción literaria de los profesores y escolares propios. Hay que tener en cuenta que el de Lovaina, fundado en 1607, fue uno de los más exitosos colegios de Irlandeses de los patrocinados por la Corona de España en aquellos días. Estaba a cargo de la Orden Franciscana y practicamente hasta nuestros días (salvo guerras mundiales) ha mantenido su papel como dinamizador de la cultura irlandesa en el continente.

El Focloir no Sanasán recogía vocabulario antiguo del irlandés y por eso algunas de sus referencias han ido a parar al DIL (y a su nieto del siglo XXI, el eDIL), que es un diccionario histórico de esa lengua y una fuente imprescindible para los que nos dedicamos a las fuentes irlandesas.

El de O’Clery es el primero que se hizo con un criterio racionalizado.

Sin embargo, el diccionario más antiguo del irlandés es el Glosario de Cormac (Sanais Chormac) del s. IX. Atribuido al rey-Obispo de Cashel, su criterio es mucho más imaginativo, pues Cormac se encontraba en la órbita de las Etimologías de S. Isidoro y del saber medieval europeo, hibernizado, eso sí, y hasta con toques de interpretación humorística: nunca olvidaré su definición de “nalgas” (en castellano, culo), que viene recogida en el eDil. Define la cosa por el ruido “tonante” que hace… 😆 

Hay que tener en cuenta que a partir del s. XVI con las catástrofes políticas que acontecieron en Irlanda, hasta el XVII-XVIII, el irlandés de registro culto, se fue perdiendo junto con la clase social que lo mantenía: la nobleza de lengua gaélica y sus filid o “poetas”, historiadores, genealogistas, etc. mientras que la lengua seguía evolucionando y cambiando hacia lo que hoy es el irlandés contemporáneo.

Por lo que dicen los filólogos, no ha sido una evolución hacia mayor sencillez (sintáctica) pero tanto sintaxis como fonética (y sobre todo, ortografía) han cambiado muchísimo. Acabo de señalar el cambio de sitio de las tildes (un auténtico laberinto gaélico, os lo aseguro). Además, hay que tener en cuenta que lo que queda de irlandés Antiguo y Medio solo lo conocemos por escritos de tipo literario/técnico (sagas, literatura religiosa, leyes…) que no reflejaban el habla común.

Eso pasa con todas las fuentes escritas de los idiomas viejos. Ignoramos cómo sería la realización a pie de calle (o de huerta) del castellano de la época del Cantar del Mio Cid (el siglo XIII). Lo que se conserva son registros cultos y librescos, en su mayoría. Y en el caso del irlandés, registros “cultísimos” y elaboradísimos: la clase profesional que los fabricó eran esos “pedantes mandarines” creadores de lo que se ha llamado, de una forma que a ellos no les gustaría, “literatura bárdica“.

El autor de este diccionario pertenecía a una familia de eruditos que llevaba cultivando el arte de la palabra escrita, el examen de manuscritos antiguos y de la tradición desde varios siglos antes. Fue uno de los autores de los Anales de los Cuatro Maestros, para lo cual él y sus ayudantes se sirvieron de fuentes entre las que es posible se encontrara el Lebar na hUidre o Libro de la Vaca Parda… Pero de ese libro… hablaremos otro día.