Aullidos


Aquí, estupendo artículo en Celtica Hispana sobre el dios-lobo Uaelico. Sí, luego fue el Perro del Herrero, que no tiene rabo, porque Cuchulainn Martínez se lo ha cort… ¡Uy, perdón! (Estoy algo desmotivada, me parece).


Siempre creí que esta música a) era para una serie de TVE (en blanco y negro, años 60/70) b) era de Joaquín Rodrigo c) el compositor no era español Pues ahora, a mis años, me entero de que ninguna de las tres suposiciones era buena. Me sigue pareciendo estupenda. Todavía tarareo (o silbo) el primer […]

Amos Oz, in memoriam


Su libro “Historia de amor y oscuridad” me sobrecogió este año. Un grandísimo narrador de historias, al margen de sus “activismos” tan poco conocidos por aquí, por lo demás.

La tristeza infinita de esa gente, que puede estallar en música, en enorme jolgorio, en rabia o en benditas palabras. Esa gente que forma parte de nosotros, lo queramos o no.

Un contacto de FB me ha dado la sugerencia de enlazar en memoria de Amos Oz esta pieza de Maurice Ravel que, al parecer, intenta reproducir en un lenguaje universal (la música) las palabras de la oración hebrea por los difuntos. (En el video, solo música).

Palabras olvidadas


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Anales de los Cuatro Maestros, 1097.- Una gran abundancia de avellanas en toda Irlanda este año, de manera que los cochinos de Irlanda engordaron y algunas de estas avellanas duraron hasta el final de dos años después. Se lo llamó el Año de las avellanas blancas”, y un seiseadhach de avellanas costaba un penique.

Cuando quise poner a mi novela un título, pensé primero en “El año de las avellanas blancas”. pero como el disparador me lo dio otro año (el 1100) no pude emplearlo.

Tampoco pude averiguar lo que es un seiseadhach, pero está claro que contiene la raíz “seis”. Me figuro que la cantidad tiene que ser más de una docena, pues eso serían muy pocas avellanas, por más maravillosas que fuesen.

Pensé que la palabra más cercana en español tradicional (el que habla de fanegas, de cuartillos y de esas cosas que se utilizaban en el mundo rural y miden pocas cantidades de algo) podría ser “ambuesta“, una palabra ya en desuso que tiene raíz céltica. Un “bas”, palmo/palma de la mano irlandés, es poco más de 8 cm. muy poco, si es que el conjunto de pesos y medidas que viene en la wiki no es una invención.

Ambuesta. A mi me la enseñaron de otra forma, como “almozá”/almozada… Parece oriental, con esa “al”, pero no lo es. Almozada no es más que ambuesta pero transformada por el mucho uso, como esos objetos desconocidos que se encuentran en los pueblos abandonados y que uno ya no sabe para qué sirven.

Sin embargo, cada vez que bebemos agua de una fuente recogiéndola con las manos, hacemos una ambuesta, pues recogemos una pequeña cantidad de algo suelto (muy suelto) entre las dos manos.

Frío y hielo


Estoy documentándome un poco sobre el clima que debimos “disfrutar” hace 35-40 mil años atrás en el Norte de la Península Ibérica.

Teniendo en cuenta que no se trata de una documentación “a fondo”, porque tampoco quiero meterme en profundidades, sino solamente no decir alguna barbaridad (como el situar mamuts en un momento/lugar donde no estén atestiguados mamuts), pues me he paseado por toda clase de búsquedas en Google. Algunas terriblemente técnicas, otras, más divulgativas y fáciles de entender para una pobre medievalera en sandalias y camiseta.

Ayer, llegué por casualidad a un blog que, además, me proporcionó un estupendo enlace a relatos nativos del Ártico, que me vendrán de perlas en mi documentación. Mis relaciones con la casualidad -incluso con el Polo- son así.

El blog se llama Kabloonas, la palabra nativa que sirve para definir a los que no tenemos los mismos antepasados que los que nativos del Ártico… (¡Ay, si aquellos inuit supieran!) y está hecho por Andrés Paredes, un español apasionado, como debe ser. Su pasión es todo lo que tiene que ver con la exploración ártica y, en especial, con la expedición de Franklin, desaparecida en el Norte a mediados del s. XIX.

Una expedición que no es extraño que suscite pasiones, por lo demás… Pero para enteraros de ellas, os remito a Kabloonas.

No olvidéis llevaros una rebequita y la bufanda.