Novela y ficción visual histórica


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Image: https://as01.epimg.net/epik/imagenes/2019/06/16/portada.jpg 
No sé ni de qué serie es.

Hoy traigo al blogo dos cositas acerca de la popularización de “lo medieval” en la literatura y en los medios audiovisuales.

Ambas cosas son en lengua inglesa y tratan del punto de vista anglosajón; aunque, en cuestión de la novela, seguro que algunas las hemos leído en versión española, puesto que son clásicos: Robin Hood, Ivanhoe, etc.

Lo otro también es posible que algunos lo hayáis visto, porque las series alimentan nuestras soledades pandémicas. No las mías, dicho sea de paso: apenas veo la TV, muy apenas. Pero creo que es buena cosa ver a) historia de la novela histórica (o algo así) y b) las dificultades de adaptar una buena novela (o varias) de un gran autor a la TV.

Este segundo artículo me ha gustado precisamente por eso, porque se detectan las dificultades, que no siempre tienen que ver con aquello en lo que los historiadores solemos fijarnos. En el fondo, los historiadores somos unos pessaos de mucho cuidao, y a lo mejor… no conviene serlo tanto. Nu tengo una idea clara. En general, si una peli está “bien hecha” los detalles importan menos y la acción de la ficción te envuelve y no te das cuenta. A menos que el romano vaya en patinete… Muchos se fijan en los avatares del protagonista o los secundarios; yo me fijo más en el desarrollo de la historia.

Sí que tengo una idea clara: en el lado “novela” se les ha olvidado una, que para mí es clave. El Cuchulain de Muirthemne de Lady Augusta Gregoria. Un culebrón… peligroso.

 

El estrellero de San Juan de la Peña


(Reseña dedicada a Ángeles Navarro, que también escribe maravillas y es abuela narradora).

Esta novelita -o mejor fábula (recojo aquí el tono del epílogo de Táin II, pero sin acritud)- llegó durante el confinamiento mayor, de forma gratis et amore por la propia autora, Ángeles de Irisarri, que lo puso online para quien quisiera bajarlo. Así lo leí en mi KIndle, hace ya más de un mes.

Me da que las escritoras llamadas Ángeles tienen un… aquel para la ternura (aunque algunas practiquen el género negro con fran habilidad).

El caso es que esta fábula se lee de un tirón no porque sea “fácil” en el sentido de poco compleja, que también, sino porque así lo ha querido la autora, narrándolo de una forma que recuerda mucho a cómo contaban los cuentos las abuelas o las mamás, a los niños de antes.

Y este estrellero es un Barón Rampante a su estilo, porque “el árbol” en el que pasa tanto tiempo subido es una plataforma que se ha fabricado él para ver mejor las estrellas. Y como vive en San Juan de la Peña, no hay más árboles a los que agarrarse. El estrellero, que en realidad es un físico, lo primero que encuentra en Aragón es un perruco de esos que se ven en algunas partes de España cuidando los ganados, con su cara bonachona, su pelo compacto y su ladrido ronco y batallador. Y por eso, el protagonista pasa mucho tiempo sin hablar con humanos, pero tampoco con perros, que no necesitan que se les hable para entender…

Y luego hay distintas incidencias: un abad que se muere y hay que embalsamarlo; un monje que se muere de pena por lo anterior; una corte militar que llega a San Juan con sus vanidades y sus violencias, pues los abades allá eran laicos entonces, como en Clonmacnois e igual de irritables; un hombre extraño al que unos dan por loco y otros por desgraciado, pero que preocupa tanto que los monjes hacen venir a sabios de toda Europa para tratar su caso (me alegra que un monje de Bobbio estuviera entre ellos, aunque la autora lo pinte italiano y no de los fundadores, que eran muy estrelleros también) ¡y vaya la que lían para averiguar el estado mental del pobre hombre!. Hay también una bruja que no lo es, y unos viejucos cascarrabias dando la lata en el monasterio.

Foto de Miriam Espacio en Pexels

Y… ¿conseguirá el estrellero ver su estrella?

El librito se lee fácil porque es una fábula llena de sencillez y de ternura. Más que una novela histórica, que no se ha buscado, es un relato tradicional de magia oral, pero puesto por escrito, con humor y una sonrisa de autora. Y que nos lleva al pasado y a uno de los lugares más hermosos y emblemáticos de Aragón, pero sin épica, más bien con dulzura.

Un librito recomendable, ¿saben para qué? Para leer a los niños antes de que empiecen a mirar móviles y zarandajas que no les darán ningún calor.

 

Última Roma


Restos de la “ciudad de Cantabria” en La Rioja. De akendali, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/index.php?curid=54476762

“Ultima Roma” de León Arsenal, fue el primer libro editado en España que llevaba códigos QR insertados, mediante los cuales se accedía desde sus páginas a mapas, breves notas o a pequeños videos que contextualizaban la carga histórica de la novela.

La historia que cuenta está ambientada en una época tan de finales del Imperio Romano que raras veces aparece en el cómputo de “lo más leído” o, habría que decir, de “lo más editado”, y eso que “Roma”, como palabra, vende mucho.

“Ultima Roma” es un libro muy bien escrito, con varias tramas que se solapan de una forma muy atractiva. Hay un espía al servicio del Imperio realmente existente en ese momento, el de Oriente. Hay un contingente militar romano que también sirve al mismo Imperio, pero posee otras tradiciones profesionales, pues procede de las estepas asiáticas. Está el papel de las tribus hispánicas poco romanizadas… o más bien “retrocedidas” en su momento histórico, un retroceso que a mí —como medievalista— siempre me intrigó, y cuyo rastro se vislumbra tanto en Hispania como en otros sitios. Está también el papel de los germánicos (suevos y godos) ninguno de ellos recién llegados a la Península y los segundos, poco “bárbaros” ya. Y está el de los extranjeros venidos de otras partes el Imperio: el motivo britónico por el que una empezó a leer la novela…

los personajes contienen elementos que me gustan especialmente, porque no suelen aparecer en la ficción histórica al uso: lo simbólico, como por ej. que el espía sea ciego y por tanto se valga de otros para su labor, así como sus introspecciones de tono onírico entre paisajes surrealistas. O lo intrigante, como la mujer que guarda las máscaras militares de los romano—britones, ¿por qué una mujer y no el “bardo” que aparece con ella?

Todos estos elementos hacen muy atractiva una historia que transcurre en la Hispania todavía no controlada del todo por los visigodos, al lado norte del Duero y cerca del curso, hoy riojano, del Ebro. , aunque la historia empieza en Cordoba y se extiende también por la costa levantina… O sea, que Hispania como paisaje también tiene un peso tangible en la narración.

Quizá la única pega que le pondría es su final algo abrupto. Por lo demás, una obra que me hizo disfrutar como los niños con el desarrollo de la acción y entretenerme como la divulgadora histórica que me gustaría ser con las extensiones por QR.

Con “Última Roma” empecé a interesarme por un novelista entonces desconocido para mí al que ya sigo con interés y que en el momento que escribo esta reseña, creo poder considerar como un amigo.