Desde el borde del mar


Foto Mujerárbol.

Llevo unos días de vacaciones familiares en Santander. Lo habitual en mi historia. 

La conexión de internet es más bien precaria, así que es complicado escribir en el blogo.

Para rellenar el tiempo, me dedico a escribir, dibujar y leer, y a disfrutar del clima y del paisaje, sin olvidar mirar a menudo al cielo en busca de las aves habituales de esta zona. De momento ya tengo en la lista charranes comunes, bísbitas y un cernícalo “urbano” que merodea el barrio, aunque ayer pudimos ver un milano con caza en el pico: la víctima iba soltando plumas en todo el trayecto. 

By Mujerárbol 7/2021

 A pesar del crecimiento urbanístico de la fealdad arquitectónica (variedad gris+negro) aún hay un buen trecho de terreno de prados y arbolado que alberga vida pajaril y de la que permite vivir a la pajarera. Y sabemos por info de amigos que en la misma ciudad algunas aves rapaces crían y prosperan. Me queda por visitar alguna zona natural para ver aves marinas, amplio planeta desconocido para este árbol de secano. 

Hoy, que un pequeño accidente me tiene con una rodilla en “cuarentena”, he estado viendo en TVE la Altamira de Hugh Hudson, “la de Antonio Banderas”, quien se lleva el protagonismo de la historia, lo cual me pareció muy acertado cuando la ví por primera vez, a poco de estrenarse. Aproveché la ocasión para fijarme un poco más y hacer esta reseñoide secundaria.

Me parece que la peli se queda un poquito escasa acerca del empuje que debió de tener el original Sanz de Sautuola, ya que defendió con su propio argumentario (que para la época y un “amateur” no estaba nada mal) la autenticidad de las pinturas de la famosa cueva, ante el desprecio del mundo científico “extrahispano”… que me parece que eso, lo extrahispano, debió de pesar mucho más entre sus oponentes que los argumentos religiosos, flojamente representados por el estamento eclesiástico en el film, y los científicos, que aparecen prácticamente iguales que los del investigador español. Tan básicos como superados hoy día.

By Mujerárbol 7/2020

Ese enfrentamiento entre investigadores, que tenía que haber sido el meollo de la película, falla, lo cual hace perder fuerza a la trama principal frente a las otras dos.

La que corresponde a la vida personal del investigador está bien y es importante en la historia, aparte del papel de la “descubridora”, la niña María, que me parece muy bien interpretada. Por eso, lo que más me gustó de la peli fueron las escenas oníricas con los bisontes y el frío glacial que rodea a la nena.

Creo que se podía haber hecho una mejor historia con las dos grandes tramas: la discusión científica (no la discusión creencia religiosa-ciencia, precisamente) y el “papelón” de Carthaillac, un envidioso de libro que se disculpó “tarde, mal y nunca” y a quien no vemos claramente en el film.

Dejo aquí un par de fotos de las que he hecho estos días y una de hace dos años, tomada precisamente en el MUPAC, que suelo visitar cada vez que vengo a esta ciudad… esta vez no, precisamente, pero porque la imagen que quería captar de la Prehistoria cantábrica ya está suficientemente fija en mi memoria y solamente me falta ponerla por escrito.

“Por escrito gallina una…” 

 

 

Cansancios


Para empezar el día (no se crean, ya son las 11) me dispongo a escribir mi primera entrada de blog hecha desde la tableta china, el teclado ultrafino chino… y una cabeza lo mismo que la fregona que guardo en el baño de invitados. Reseca.

He dicho reseca, no resaca.

Foto de Rony Stephen Chowdhury en Pexels
Foto de Rony Stephen Chowdhury en Pexels

A principios de semana hice promesa de no leer noticias que me aguasen el día nada más empezarlo. Pero la incumplo, y así me va: desánimo total sobre las cosas cotidianas de estepaís estepa (cultural y muchas veces humana); país que no es para viejos y una cada día se siente más así, viejuna.

Es como una jaula de grillos y a la vez una dictadura-calcetín-del revés de la de Franco.
En esta, la iglesia no es La Iglesia, como en aquella, el bajopalio y esas cosas. Ganas de bajopalio existen, pero ahora los palios son verticales: tele y prensa en la que el amadolíder pasea continuamente de acá para allá.
Por otro lado, los nuevos obispos son una batucada de señoritas (de todos los sexos, géneros y especies posibles) muy modennas, resilientes y cuchuminativas (no se esfuercen en buscar esa palabra, me la he inventado para que cuadre con lo anterior; no se sabe lo que significa, pero rima con todo lo -ente y todo lo -ista que se le quiera añadir) y muy monas, desde luego, monas. Vestidas de seda.

Por supuesto, la “Cultura” (mayúsculas) no es la cultura, sino un ponche de boniteces, buenas intenciones en el discurso (luego ya si acaso, la acción), colorines y musiquita, (del tipo “mazo de la ferrería”). Todo bien progresista, resiliente y cuchuminativo.

La igualdad y la libertad se han ido a dar un paseo por la bahía. No vale de nada invocarlas cuando resulta que se crean diferencias dentro de cada territorio e incluso dentro de cada individuo (aah, nos quejábamos del “individualismo neoliberal”, aaah). O sea, un feudalismo neo-pop, que ya ni siquiera se basan en pretextos historicistas (estilo “nos conquistásteis entonces, ahora sus vais anterar”), sino en privilegios, ¡privilegios a estas alturas! por hablar una lengua, por “sentirse” diferente, o por no se lo pierdan, acreditar apellidos… ¡viva el Conde nuestro señor!

En fin, cansancio de que cualquier diferencia, cualquier arbitrariedad, ocurrencia o invento cuchuminativo tenga que estar cuidadosamente REGLAMENTADA, no vaya a ser que por el camino se pierdan… algunos billeticos… ¿no? Ya de la igualdad y la solidaridad, hablamos otro día.

Hasta nueva orden, igualdad, solidaridad (y libertad) son… lo que diga el Conde.

Mucho asco… ¡y mucho cansancio!

 

En vela


Foto de Jean van der Meulen en Pexels

Amiguitos, desde mi incorporacion a Divulgadores de la Historia, son muchos más los artículos y entradas de distintos blogs de “compañeros del remo” que me llaman la atención, y que leo o anoto con vistas a traerlos por aquí.

Que luego se me olviden es imperdonable, lo sé. Han crecido también mucho los enlaces y, la verdad, espero que sirva de algo tenerlos ahí en la lista.

Hoy traigo tres cositas sacadas de ahí y una de fuera. Todas os recomiendo leerlas: son excelentes por su calidad y lo interesante del tema tratado, unas de temas históricos y otras de plena actualidad.

  1. Una entrada muy bien articulada acerca de la esclavitud en Roma, que además concluye con un breve relato muy bonito y una bibliografía estupenda para profundizar en el asunto.
  2. Un podcast (modalidad online a la que me estoy aficionando) con una entrevista de la gladiatrix Maribel Bofill a un maravilloso entusiasta de la recreación, Ángel Portillo: El corazón de “Lignum en Roma” en https://go.ivoox.com/rf/71610970
  3.  Una historia del “Far West” con poco romanticismo, genialmente contada y con unas ilustraciones para quitar el hipo.
  4.  La historia actual (Cualia.es) toca un asunto “sensible” y muy interesante como todo lo que sale en ese portal.

1. Lucha o muere


Photo by Linford Miles on Unsplash

Un hombre llora a puerta cerrada y con el cerrojo puesto. Y habla, ante los demás, tan sólo de lo grave, de aquello en lo cual la muerte –que es lo único grave– se dirime. Y lo hace con contención medida. Ante el absoluto al cual llamamos muerte, no es digna la retórica. De ningún tipo. Y el grito reviste siempre una autocomplacencia obscena.

Un hombre busca entender: conocer por qué tortuosos caminos llegó hasta él lo más terrible. Y toda su apuesta de hombre libre cabe en eso: no lamentarse. Por más que duela. Ni maldecir. Ni detestar siquiera. Un hombre cabe en la apuesta de dar fría batalla a las fuerzas más sombrías, sin perder un átomo de su luz racional. Porque sólo esa luz va a permitirle no ser derrotado.

Un hombre traza, en el tenebroso laberinto de las huellas, los vectores que forman el teorema asesino que hizo trizas su vida, sus sueños, las vidas y los sueños de los suyos. Y da cuenta glacial de esa lógica. Porque hay en el horror una lógica tan blindada como en la inteligencia o la alegría. Y casi nunca el malvado es tan sólo un perfecto imbécil. Las lógicas del mal son implacables y deben ser expuestas con el mismo primor con que un oncólogo dibuja el cuadro genético de un cáncer.

En frío, pues. Conviene hablar en frío y comedidamente del golpe que recibió España en Barcelona y Cambrils, la semana pasada. Tomar en serio la reivindicación de Daesh. Entender a qué enemigo nos enfrentamos. Y con qué medios. Y saber bajo qué condiciones ganaremos y bajo cuáles estaremos condenados a una derrota similar a la de aquel 11 de marzo que hundió el proyecto de modernidad española.

 

En frío, conviene hablar en frío, porque también de lo trágico común se debe escribir con el mayor sosiego. Y con el mayor rigor. Sobre todo, de lo trágico común. El sosiego riguroso es el lenguaje trágico. Paul Valéry lo fija en un axioma acerado acerca de las tragedias de Jean Racine: «en las más altas conmociones, respetar los subjuntivos». La emoción no exime de la lógica; la exige. Respetemos los «subjuntivos» racinianos. Los cual, en el lenguaje del analista político, significa respetar la exposición clara de las determinaciones que confluyen en ese día de agosto en el cual un puñado de soldados de Alá –no un puñado de locos, ni siquiera de canallas, un puñado de soldados de Alá– consuma el mandato, que sus miembros han leído en el Corán, de matar a todo aquel que se empecine en negar la verdad única del Libro dictado al profeta por Alá. Ese libro de páginas de oro que, desde toda la eternidad, existe a la vera del Grande y Magnánimo, como atributo suyo.

La sentimentalización nos envilece. Siempre. Da igual que el grito sentimental sea buenista y positivo (el refugees welcome de esa inepta Carmena que llamaba a «empatizar» con Daesh tras los asesinatos de París, ¿llamará ahora a lo mismo?) o de bárbara exclusión fóbica (las voces irracionales que claman por hacer tabla rasa de los musulmanes). De nada sirven, en política, ni angelismos ni demonizaciones. A no ser de acicate para empujarnos al abismo. En esa medida exacta, todo sentimentalismo nos envilece, nos hace irracionales, estúpidos. Y vulnerables, por tanto. Envilece la verdad primordial de ese dolor sin palabras de lo trágico. Escribía el gran Luis Cernuda que, al igual que el amor, «debe el dolor ser mudo».

La retórica afectiva envilece, sobre todo, la más alta virtud de un hombre: la de entender lo que le ha sucedido. Y afrontarlo y combatirlo. Sin miedo. Y sin esperanza. Con lógica sólo. Ante lo trágico, no hay otra dignidad que no sea el cruel abrir los ojos a una búsqueda de la verdad que sólo nace del rigor. Sin una concesión. Sin una complacencia. Estamos en guerra. Hablemos de esa guerra. Planifiquemos ganarla. O aceptemos ser destruidos.

En enero de 2009 George Bush cerraba su mandato. La presencia militar americana garantizaba la pacificación del territorio iraquí. No eran necesarias virtudes proféticas para saber lo que sucedería si esas tropas eran retiradas. Estallaría una guerra que se extendería a todos los territorios colindantes. Fue lo que hizo Barak Obama, responsable último de lo que vino luego. Daesh se instaló en la zona abandonada por los americanos. Había aprendido de la derrota de Bin Laden. No basta una estructura de terror difusa. Para que ésta funcione, se requiere el soporte logístico de un Estado clásico, o de algo que germinalmente lo sea.

Fue lo que Al-Bagdadi proclamó desde Mosul. Dando origen a la guerra de exterminio más salvaje del siglo XXI. Hoy, Al-Bagdadi parece haber muerto, Mosul cayó, Raqqa está en trance de caer. El suelo del Estado Islámico se volatiliza. Y no queda más territorio sobre el que continuar la lucha que el de una Europa a la cual han afluido parte de los yihadistas que salvaron la vida. Empieza la segunda fase de la guerra. El territorio de Yihad no está ya al otro lado del estrecho. Está en un continente europeo que carece de un ejército común que merezca tal nombre.

Los yihadistas asientan su legitimidad simbólica en dos pilares. El primero, la numerosa población musulmana en Europa. El segundo, el carácter intemporalmente musulmán de ciertos territorios. España, sobre todo. Porque, conforme a la doctrina del Waqf, aquello que Alá entregó al islam una vez, lo entregó para la eternidad toda. Los yihadistas buscan apoderarse de Europa y recuperar su legítima propiedad en España. Es una diferencia relevante.

La guerra está aquí. Y va a quedarse. Es una guerra de la cual Europa puede salir destruida, si no se dota de un ejército y una inteligencia eficaces. Es lo que toca ahora. Planificarla en serio. O aceptar la derrota. Y no llorarla. Un hombre llora a puerta cerrada y con el cerrojo puesto. Luego decide: lucha o muere.

(Recogido en Fundación para la Libertad, 28/08/2017) http://paralalibertad.org/glacial/)

 

 

 

 

 

Viernes Santo


Foto de Vanderlei Longo en Pexels

De la pasada Semana y Jorge Bustos

Pero el Viernes Santo, se tenga o no fe, debiera ser la ocasión anual para mirar a los vertiginosos ojos claros de la muerte. No por morboso pasatiempo, ni necesariamente por católico precepto, sino incluso por sensatez pagana, para celebrar la certeza consoladora de Epicuro: la muerte no me importa porque cuando estoy yo, no está ella, y cuando está, entonces ya no estoy yo.