El mudejarillo


“EL MUDEJARILLO”

Que a su autor, José Jiménez Lozano, le dieran el Premio Nacional de las Letras en 1992 ya nos indica que nos encontramos ante algo distinto a la “ficción histórica” más comercial. Porque ese premio —y otros que recibió Jiménez Lozano— tiene que ver con una escritura redonda, delicada, amante del ingente patrimonio del castellano y de su maravilloso vocabulario rural, y volcada hacia lo poético y también lo espiritual. En el de las Letras se premió la escritura sobria, apegada a las figuras más sobresalientes de nuestra Historia y reconociendo en el premio un homenaje implícito al gran Miguel Delibes, otro castellano leal.

El libro cuenta con un deje nostálgico la historia de un hombre cuya alma era más grande que él mismo: San Juan de la Cruz. No es lectura facilísima, ni hay enrevesadas aventuras plagadas de imaginería cinematográfica. Nada de eso.

Existe una trama muy sencilla que va de la infancia a la muerte del personaje, a través de una sucesión de escenas, que se antojan soñadas, mejor que descritas y “montadas” luego con los artificios literarios de hoy día. La descripción es escueta como un páramo quijotesco, pero el simbolismo que se otorga a los objetos cotidianos (alimentos, aperos de labranza, edificios, la madre, el niño…) y a los elementos del escenario (la luz o el sonido de las aves) la hace delicadamente poética.

De la “ambientación histórica” el autor da cuenta por medio de diálogos y de personajes secundarios, a través de los que percibimos la dificultad de la vida en una España imperial y rica, pero sustentada en muy endebles pilares. El tema es la diversidad de orígenes de los distintos españoles de entonces: campesinos, letrados urbanitas, religiosos, etc. y las trampas para esconder orígenes “no limpios” y la corrupción que de ello se derivaba. Las diferentes clases sociales y los problemas de cada una.Leer más »