Los Condes de Irlanda (1)


Chungui-foto Mujerárbol, 2021

La «huída de los Condes» es un hito intemporal en la Historia de Irlanda.

No exagero si lo llamo intemporal, porque muchos han señalado que la influencia de aquel hecho alcanza nuestros días y se refleja en los acontecimientos que -cada vez con menor violencia, pero todavía graves- agitan la convivencia entre las distintas gentes que habitan la isla. Conflictos que ahora, con el Brexit y su sannnnta madre, se reeditan en tiempos de pandemia, ansiedad, angustia y desesperación (du-du-á…). (Esto es por rimar con esa cancioncilla tan conocida: «Toda una vida»… sílbenla…)

El contexto de la Huída, sus causas lejanas y cercanas, su dramático desarrollo y la influencia que el hecho ejerció en el conjunto de la Historia de la nación son un ejercicio «de libro» para cualquier historiador o aficionado deseoso de conocer algo más que tópicos sobre Irlanda. Por eso, acerté al traerme de mi ultimo viaje un bonito libro editado en 2007 con motivo del cuadrigentésimo aniversario de los hechos, cuya portada he fusilado en la ilustración de arriba. «The Flight of the Earls» de John Mac Cavitt es de lectura fácil, a lo que ayudan las ilustraciones de Seán Ó Brógáin, muy buenas y constituyentes de un importante documento historiográfico.

Se trata de un gran trabajo de investigación y divulgación. Su éxito y hasta su precio a día de hoy, sorprenderían si se dieran en nuestro hispánico «mercado cultural». Es un trabajo bien documentado, objetivo y entretenido para leer y visualizar.

Y, en fin, me ha hecho comprender las esperanzas que acerca de nosotros -nosotros, los españoles, y en particular nuestro Rey Felipe II y su sucesor, Felipe III- tenían aquéllos irlandeses, lo cual me anima a escribir esta pequeña serie en la que mostraré en qué consistió, cómo se desarrolló y que influencia tuvo…

LA HUÍDA DE LOS CONDES

1. Causas a largo plazo: a finales del s. XVI tenemos en Europa un panorama creciente de formación de Estados Modernos, cada vez más fuertes, cuyo desarrollo culminó en la etapa del Absolutismo.

El Estado Inglés se encontraba inmerso en un proceso de centralización en torno a una Monarquía cada vez más poderosa (aunque no pasó sin tropezones, como la posterior «revolución» Parlamentaria y populista de Cromwell). La Monarquía ya había conseguido controlar el poder religioso por medio del «anglicanismo» concentrando el poder político y religioso en la figura del Rey, en este caso, Reina: Isabel I.

Mientras, España estaba en el zénit de su poder Imperial bajo Felipe II, campeón político y religioso de la Europa Católica y Contrarreformista.

No era raro que estas dos potencias chocasen: ya lo habían hecho antes del desastre de la Armada Invencible (1588), que no marcó todavía el final de nada para nosotros, pues aún quedaba tela que cortar y cartas con la que seguir jugando la partida.

Lo que menos esperaba la Monarquía Inglesa era que unos «bárbaros salvajes incivilizados» que vivían a su lado -ADN de su propia Edad del Bronce y subsuelo de su mísma Edad Media-, quisieran jugar un papel o papelillo en tan ambicioso teatro. Al fin y al cabo no eran más que unos «primos» convocados sin querer a la partida, en la que debieran «callar y repartir tabaco» en vez de otra cosa.

Pero el mundo gaélico, antiguo raigón de un pre-estado que en su Edad de Oro ni siquiera fue feudal, de repente se encontraba con una buena baza; una baza que pondría a la Corona Inglesa contra las cuerdas en pocos años.

¿Como es que estos «primos» lograron tan increíble órdago? Y, sobre todo, ¿cómo es que cuando parecían haber ganado sus buenas manos, cogieron y se levantaron de la mesa?
Ó Neill en un retrato de poco antes de morir en Roma; autor desconocido.

2. Causas a corto plazo: naturalmente, el poder inglés tenía que desconfiar de los señores gaélicos, igual que en la España de los RR. Católicos Isabel y Fernando desconfiaban de la nobleza, a la que tuvieron buen cuidado en atraerse o descabezar.
Aunque ciertamente muchos grandes señores gaélicos se habían acogido a la política de surrender and regrant aplicada por la Corona Inglesa, otros planteaban rebeliones más o menos abiertas. Aparte, dicha política se había teñido con elementos religiosos cuando Inglaterra se separó de la Iglesia Católica, a la que los irlandeses seguían unidos.
Un elemento final que trababa el sistema de surrender and regrant era el sistema legal nativo irlandés, basado en sus antiguas y complejas leyes de sucesión, y en un sistema familiar extenso que la palabra «clan», con sus tintes etnográficos exóticos, no ayuda a entender.

Las divergencias entre el sistema inglés de sucesión y herencia y el sistema gaélico favorecían contínuas disputas acerca de los señoríos, entre ellos y dentro de las familias más poderosas.

En el Norte de Irlanda los dos señoríos mas pujantes desde hacía siglos eran los de Ó Neill y los de Ó Donnell.

Deseosos de aminorar su poder e independencia, los ingleses avalaban a Hugh mac Ferdorcha Ó Néill, cuyo padre había sido asesinado por motivos de sucesión al caudillaje de este poderoso clan. Considerado aliado del inglés, ya que había luchado a su vera durante la Segunda Rebelión de Desmond en 1580, parece que Hugh Ó Neill ambicionaba un poder más amplio, para lo cual no dudaba en actuar en un doble frente pro y contra-inglés, según las circunstancias.

Hugh Ó Neill se convirtió en Caudillo de los Uí Neill y por tanto señor de gran parte del Ulster una vez vencido su primo y oponente Torlogh Luineach O’Neill, en 1593, gracias a la ayuda de… Hugh Roe O’Donnell heredero de la realeza de Tirconell/Donegal, a quien los ingleses consideraban tan peligroso que lo raptaron y llevaron preso al castillo de Dublín cuando solo tenía 15 años (en 1587).
O’Neill (con cuya hija Rosa estaba comprometido) le ayudó a escapar y a proclamarse señor de Tyrconnell, a pesar de que padeció congelación y consiguiente amputación de los dedos gordos de los dos pies, durante la huída de su cautiverio.

Ó Donnell, amargado, estaba dispuesto a plantar cara a los que le habían tratado tan mal.

Por entonces, Ó Neill no le apoyaba abiertamente, sino en secreto, jugando quizá (según Mac Cavitt) con la idea de restaurar la Monarquía Suprema de Irlanda sobre un pivote bicéfalo Ó Donnell /Ó Neil. La actuación contra Torlogh Luineach consolidó la alianza entre las dos grandes familias del Ulster.  Pero, además, Ó Donnell estaba en estrecha comunicación con Felipe II de España de quien esperaba (y a veces obtenía) ayuda para armar a sus ejércitos… ¿iban a ser capaces estos 3 aliados de darle un buen golpe en la cresta al archienemigo de la Religión, la Reina de Inglaterra, Isabel?
Faltaba ver quien estaba y quien no estaba dispuesto a hacerlo…

————-CONTINUARÁ———-

 

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