Briugu o “alberguista”


caldero autLa principal función de un “hospedero” o “alberguista” (briugu) era ofrecer alojamiento y manutención por tiempo limitado a cualquier hombre libre. No podía rehusar esta hospitalidad, pues si lo hacía perdía su condición de briugu, como es de suponer.

No se trataba de un “servidor especializado” sino de un dueño de casa. Es decir, era la forma en que un hombre con sustancia económica, aunque no fuera de la nobleza, adquiría alto rango.

En el Tratado que se titula Uraicecht Becc el “hospedero” se define como quien al adquirir dos veces tierra y propiedad de un señor, adquiere un rango igual que éste. Otros tratados indican que lo que se consideraba normal era que su cabaña ganadera fuera de cien reses. En el Tratado mencionado arriba, se habla del hospedero que “posee dos veces la propiedad de un briugu de cien y cuya casa está en donde se juntan tres caminos”.

Los bienes del hospedero están sujetos a intereses si se dan en prenda. Tal cosa sucedía con los bienes de cualquier persona, puesto que el empeño era básico en el mundo irlandés, que funcionaba a base de contratos privados.

Aquí recordamos en qué consiste el empeño en el Derecho Romano, pero no puedo hablar propiamente del irlandés hasta que no obtenga acceso a la edición del tratado concreto que menciona Fergus Kelly. Este autor señala que lo que habitualmente entrega un alberguista es su caldero -centro, recipiente de su riqueza y emblema de su función- o parte de su ganado.

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Del hecho de que en algunos tratados concretos se dice que armas entregadas en prenda por un hospedero no rinden intereses en caso de ser destruídas, sino que solamente se debe restituir el objeto, infiere Kelly que el hospedero no tenía papel militar. Esto tiene lógica desde el simbolismo del sustento y la alimentación, teniendo en cuenta que la guerra es, básicamente, destrucción de bienes.

Por otro lado, menciona Kelly, si un hospedero da en prenda su bastón, tiene derecho a unos intereses por valor de tres séts, es decir: dos vacas y media… ¡ya estamos! ¿qué parte de la media?

Ehm… un sét era un objeto de valor estándar, equivalente a la mitad de una vaca lechera. Podía ser un recipiente -acordaos de esta entrada para conjeturar lo interesante que podía ser un “simple” cubo- una herramienta, algún objetito más curioso como un broche, o como el propio ejemplo que cita Kelly, un bastón.

Me figuro que no se trataba de bastones de una rama de árbol cogida tal cual… sino algo más personalizado y por tanto, valioso.

(NOTA: las imágenes que acompañan a esta entrada han salido de http://conlatrashumancia.blogspot.com.es que narra una historia de acogida y nomadismo que me ha gustado mucho.)

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