Llegamos tarde


No sé, hay veces que me da miedo hasta asomarme.

No me insistas, ya te lo he dicho. Ahí abajo hay mucho ruido, no me gusta, ¿sabes? Los hombres caminan atropellándose y gritando. Cuando era joven, solamente en tiempos de guerra se veía a tanta gente junta. Ahora, muchos van distraídos con música ensordecedora y unos objetos con luz intermitente que, al parecer, les envían mensajes. Dicen que se comunican por medio de esos objetos. ¡Están locos!

Estoy de acuerdo: nosotros no podemos tener miedo, pero yo ya estoy viejo… Sé que algunos de esos hombres llevarán armas escondidas con las que pueden hacer mucho daño, accionándolas en los lugares donde se acumula el gentío. Ya lo han hecho varias veces. ¡Es terrible! De todos modos, es poco lo que podrían hacer contra nosotros. Por lo que temo es por ellos, los humanos son tan frágiles y tan estúpidos. ¿Por qué ni siquiera después de una clara victoria nuestra son incapaces de comprender lo que se espera de ellos?

Que no, que no me atrevo a bajar. Ya sé que lo he hecho otras veces, pero ya estoy viejo para esto. Además, ¡la última vez fue tan triste! Sí, hace más de setenta años, claro que te acuerdas, ¿verdad? ¿Por qué somos tan impotentes contra el enemigo? ¿Lo sabes tú?

Bueno, bueno, está bien, te acompaño. Te conozco desde el Principio y no voy a negarme a cumplir tu deseo, viejo amigo.

No me tires de la manga, voy todo lo rápido que puedo. ¿Qué me dices? Ah sí, ahí en ese portal hay una pareja. Ya los veo, es en el número veintisiete, el que está detrás de los contenedores.  Ella lleva un niño en brazos. No, no es la ropa lo que le quita, es… ¿una bolsa de plástico? El trastea entre su ropa, ¿qué buscará? ¡Rayos! ¡Pero si es ese cacharro luminoso que usan para comunicarse!

¿Qué están pidiendo una unidad médica?

¡Pero bueno…! ¿Otra vez hemos sido los Ángeles más lentos que la Policía Local?

 

 

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