Mayores


Foto de Kamille Sampaio en Pexels

 

(…) hay un gran colectivo del que nadie habla: Son esas personas mayores o muy mayores, que cada día hacían grandes paseo, o varios pequeños, lo que les procuraba relacionarse con otras personas y mantenerse medio en forma física activando sus músculos, tomando el sol y poniendo la tensión y la colesterol a raya. Estas personas encerradas son el colectivo que más lo está pagando en cuanto a deterioro físico se refiere. Y posiblemente psicológico.

Los viejos no sólo sirven para ser encerrados en residencias o enterrarlos. Se merecen otras cosa. Todo. Todo se lo debemos.

Al hilo de este y otros comentarios en redes sociales y blogos que sigo, he pensado en mis cercanos y en otros conocidos, personas mayores a quienes dejar encerrados suena como un prólogo a “dejarlos enterrados”.

Una de las cosas que no me ha gustado ni un pelo en este “confinamiento” es la poca tolerancia a los que han (hemos) tenido que salir por fuerza mayor. No es que me parezca malo el confinamiento: como he leído por ahí, “es una medida primitiva, pero eficaz”, y en esta crisis lo eficaz es determinante.

Pero creo se debía de haber tenido una mayor tolerancia a quienes tienen que salir, ya sea por salud o porque no hay más remedio que salir. A llevar suministro a mayores o cuidar a familiares que viven alejados de casa de uno. Lo mismo me parece de los niños (los autistas, por ejemplo) para los que pasear es necesario como terapia. Con éstos últimos ya hubo su polémica, que se ha dejado caer -al menos por las redes sociales que brujuleo- cuando la despreciable actitud de las “viejasdelvisillo” patrias amenazó con señalarlos como nuevos apestados… Hacer ejercicio solo, con un menor o con un anciano, por un espacio abierto más o menos amplio -la manzana de casa es un ejemplo posible, otro el parque a veinte metros de casa- debería haberse permitido o debería empezar a permitirse ya, bajo control y bajo sentido común. Pero claro, la proverbial improvisación española ha llegado a copetes sorprendentes (de arriba abajo) en esta crisis. Y nos tiene hasta el copete (y los macraillí) por varias razones, algunas de muchísimo peso, como ha sucedido en las últimas horas.

Solo comentar que lo de los viejos me ha tocado. Compruebo día a día el deterioro de quien no tiene más alternativa que estar sentado, tragando tele, comiendo y durmiendo. Solo o acompañado. Suerte tienen quienes aún pueden echar unos minutos a comentar con alguien y por teléfono alguna coña de la tele, a resolver una sopa de letras o colorear cuadernillos de esos tan bonitos. Los que puedan leer, ya están en otra división.

Y por lo demás: sí, hemos sido injustos con nuestros mayores, punto.

 

 

5 comentarios en “Mayores

  1. Gran artículo; gracias. Por los tiempos que corren, merece una lectura y reflexión por toda la sociedad.

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  2. No sé cuando me convenceré de que eso de mayores, o viejos, o ancianos y otros piropos también me toca. Osá, que entro en el manojo.

    Decía un viejo cátedro -no se jubiló el puñetero hasta cerca de los ochenta, que consiguió una cátedra para su hijo- que él dudaba si estaba en la vejez de la juventud o en la juventud de la vejez. Pero que algo de juventud le rondaba.

    Saludiños.

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  3. Las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara, y conviene para no envejecer con más rapidez el pensar que nos hacemos viejos, Abadesa, viejecita, es nuestro tiempo y nuestra esperanza.

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