Mallacht a gáiscid (*)


Foto de Joonas kääriäinen en Pexels

Maldigo a la cochina pandemia.

Maldigo el no poder abrazar a quienes quiero, el tener que utilizar los dedos para hablarles y la vista para escucharles. Maldigo el no poder besar a quien quiero besar y el no poder abofetear a los que se merecen ser abofeteados.

Maldigo a los imbéciles que nos gobiernan, máximos responsables de proteger a la ciudadanía, que escudándose en su cochina inutilidad andan sacando ventajas, mayormente económicas, pero también de “poder”, de ese que no sale de una piedra que dice la verdad, sino de otro lado más oscuro y fangoso.

Maldigo a los idiotas sin mascarilla, a los que se ríen de los que la llevamos y a los cachos de carne con ojos que la tiran al suelo en las calles y en los jardines, así se les caigan al suelo a ellos y a ellas sus respectivos órganos reproductores, usados o sin usar.

Maldigo a los cenutrios que rehuyen un funeral cívico por un motivo gilipoyas, no menos cureril que lo que ellos fingen rechazar (porque es eso: fingen), como si los que han muerto por este virus no fueran “de los suyos”, o sea, no fueran humanos, como ellos, que son mortales. Un dios los reconocerá, dijo otro famoso maldecidor.

A mí, que no salgo tanto de bares, pero que aprecio un trago con charla en buena compañía, me entristece el no poder hacerlo cómo y cuándo quiera mi libertad, voluntariamente aplazada para proteger y protegerme, para que… unos imbéciles puedan pisotearla, haciendo lo que les viene en gana cuando y cómo les viene, como cerdos y cerdas… A esos y esas enemigos de la libertad, les deseo guin, bádud, loscad.

Y sí, estoy muy cabreada bilingüe.

(*) «Malditas sean sus armas», glosa satírica en medio de un poema antiguo irlandés, no sé si en el Táin I o en otro sitio, no estoy ahora para ponerme a buscarlo.

2 comentarios en “Mallacht a gáiscid (*)

  1. Ayyy, lo leí el otro dia en español, no sé si enlazado en FB por JUlio Valdeón u otro así (Ovejero, por ej.). Vamos de cabeza a la mierda, amiguita. La responsabilidad individual se ha convertido en una mierda pinchá en el palo del niñato posmoderno que más cerca pase por allí. Se lo digo yo.

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