Gatos en las leyes medievales irlandesas


Foto: Mujerárbol, 2006.

¿Sabíais que en los tratados legales de la Irlanda medieval existían leyes sobre los gatos?

El sistema irlandés tradicional, al no existir Estado, ni ser los reyes fuente de Derecho, se basaba en la regla de los contratos de peso equivalente, y de compensar los daños por medio de indemnizaciones, que podían llegar a ser cuantiosas, además de que tardó mucho en circular una moneda válida. En las sociedades agrícolas y ganaderas, como es el caso, los animales domésticos no son simplemente “mascotas” o juguetes para niños o adultos, aunque también cumplían funciones en el ocio y en la humana apreciación placentera de sus cualidades.

Así que los daños producidos a un animal valioso o generados por un animal, debían de ser compensados.

Esto llevó a los redactores de tales leyes a esmerarse en clasificar el valor económico de los animales que hoy apreciamos de otra manera. Ya sabemos que la vaca lechera constituía una unidad de medida (3 vacas lecheras, o dos y una ternera= una cumal, el precio básico) y que se pagaba en el equivalente a ésto, ya fuera en servicios, ropa y equipamiento, en alimentos o en conjuntos (sét, pl. séoit) de objetos equivalentes (joyas, servicios… o equipamiento para animales).

Por eso, en la sección denominada “Ley de los Gatos” recopilada en el Senchas Már, los redactores se esmeraron en clasificar según valores a los mininos. Al parecer, esta ley era una de las principales que un auténtico Juez debía de conocer.

Quizá la parte más curiosa sea cuando se clasifica a los gatos según sus cualidades:

Un “meone” un poderoso gato que maulla (…).
Un “breone”, una gata que ronronea y protege (…).
Un “crúipne”, un gato poderoso en virtud de sus patas (o garras).
Un “folum”, es un gato que pastorea (…) que se guarda con las vacas en el cercado.
Un “Glas nenta” es el gato (…) que está debajo de la espina verde, o que se trajo de una espina verde.
Un “rincne” es un gato de niños, por la razón de que atormenta a los niños, o los niños lo atormentan a él.
Un “baircne”, es el nombre del gato que está siempre junto a las mujeres, en un almohadón.

Salvo el crúipne, los dos primeros nombres son derivados onomatopéyicos: se pronunciarían (aproximadamente) m’on/br’on. “Rincne” parece derivarse de un verbo “cortar o arañar”. Sobre los baircne distintos manuscritos aportan algo más de “información”, siempre enlucida de mitología bíblico-LebharGabaliana:

Un Baircne, o sea, un gato para mujeres; o sea, un “guerrero de barco” pues del arca de Noé hijo de Lamiach vino primero; o un “Guerrero de barco”, o sea, un tipo fuerte, que fue traído en el barco de Bressal Brecc.

Y esta otra, también con tintes mitológicos:

El Baircne es un gato para mujeres, o sea un “guerrero de barco” (bairc-nia), o sea nia, fuerte; porque fue traído en el barco de Bressal Brecc, en el que iban los gatos negros con el pecho blanco.

En cuanto a la equivalencia económica de los gatos, los manuscritos lo dejan bien claro. El gato doméstico pertenece a la casa de su dueño y, como tal, tiene un precio propio (díre) que se paga por robarlo o hacerle daño injustamente. El dueño es responsable de su cuidado, de cobrar las compensaciones que se le deban por hacer daño al gato, y de pagar los daños que el animalito pueda causar:

Un “meone” es un gato de bodega (…) se pagan dos vacas si tres compañías de huéspedes afirman que obtuvieron completa abundancia de ella (de la bodega) y así lo corrobora la gente de la casa a la que protege (el gato); si no se encuentran los huéspedes o la gente de la casa no se atreve a afirmarlo, entonces solo se paga una vaca.

¡Y qué decir de la gata ronroneadora y protectora (breone)!

(…) se pagan tres vacas si hace las dos cosas, ronronear y proteger. Si solo hace una de las dos, entonces una vaca y una novilla de tres años (…). Si es menos que ésto, no excede en valor a la cosa que protege.

Y mucho ojo: los cachorros tanto de perro como de gato, aún cuando todavía no sean “activos”, es decir, maduros y entrenados en su oficio, valen 1/9 ¡del valor de su padre! El precio se acercaba al de una vaca lechera, en concepto de “smacht“, que es la prenda que se solía dar al comprometerse a aceptar la decisión de un Juez en un caso legal.

Foto: Mujerárbol 2013. Su libro favorito para dormir.

Una vez activos, los gatos tienen un “precio corporal” (éraic) que varía según el trabajo que desarrollan. Una cosa curiosa era que los gatos no son responsables por comerse algo que se encontrara en la despensa si ésto no se encontraba bien protegido, dentro de alguna vasija o en un lugar alejado del interés felino. El tener las cosas en su sitio, bien guardadas, se consideraba parte constitucional del buen trabajo doméstico.

En caso de que, a pesar de tenerlo bien guardado, el zape consiguiera alcanzarlo, era legal matar al gato.

Por otro lado, si un gato “en su locura por cazar ratones” hace daño a alguien, está exento de multa si dicho alguien no tenía derecho a andar por allí; en caso de que lo tuviera (por ejemplo, un siervo que entra en la bodega a buscar algo según lo ordena su señor) solamente debe pagarse la mitad de la multa.

¡No cabe la menor duda de que ser un gato irlandés, incluso en la Edad Media, era un privilegio!
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La fuente de esta entrada fue el nº 25 de Celtica, boletín del D.I.A.S, donde Kevin Murray (U.Cork), analizó la parte final del Senchas Már, que trata de “Las Leyes de los Gatos” y manuscritos de glosas a dicha ley. Por mi parte, consulté el libro de Fergus Kelly que aparece en la última foto.

Las fotos son de mi gato, Pangur el Negro, (2003-2020).

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