Diosas (casi) olvidadas


Reconstrucción digital del busto de Mannolitia, con collar de perlas (by DeWay).

Pomponio Mela en su Deambulatria, en la que expone un viaje por la Hispania del siglo I, da cuenta una bailarina gaditana de gran fama y belleza que posee una extraña relación con una diosa desconocida del panteón Ibérico: la diosa Tarambana. El nombre de la danzante era Mannolitia, pero nos ocuparemos primero de Tarambana.

¿Quién era Tarambana? ¿Dónde estaba situada la ciudad en la que Mannolitia ejecutaba sus danzas? ¿Era tan monumental la bailarina como afirman los clásicos?

Empecemos por el principio. Las bailarinas gaditanas eran un colegio semisacerdotal que ejecutaba sus graciosas danzas, un poquito lascivas, en honor a una diosa que, según la Deambulatria, se llamaba Tarambana. En unos fragmentillos de los Cantos Dionisiacos Etílico-Segundos de Diogenes Esteatopigio (finales del s. II AC) se hace eco de los cánticos que se elevaban a esta divinidad, a mediados de Febrero, en la ciudad de Gades:

Oh, diosa Tarambana, oh diosa del amor/ me quito los calcetines de lana/ y me pongo el bañador.

La Deambulatria de Mela corrige al griego, afirmando que tal cosa sucedía en otra urbe, adonde se celebraban en Noviembre grandes fiestas en honor a esta divinidad, y proporciona otro fragmento del canto:

Oh, diosa Tarambana, oh diosa la mejor/ me pongo los calcetines de lana/ y me quito el bañador.

En cuanto al nombre de la diosa, el filólogo francés Eustaquio Mosillòn (ya en 1895) propusoa que se trataba de un nombre de raíz cenicia. Aducía para ello una colección de sustantivos púnicos recogidos por el Esteatopigio en las Islas Pandorgas (quizá las Canarias) que comienzan con la sílaba Ta/To, como totufo, tabaiba y totorota. Como Tarambana se menciona asociada a Gades, colonia Púnica, esta propuesta es bastante razonable. Además, concuerda con la idea del Esteatopigio de que las danzantes no adoraban a Astarté, ni a ninguna otra diosa oriental. Se deduce, pues, que Tarambana era un culto nativo y desoriental.

Por su parte, la Deambulatria relata una historia que ayuda a completar la relación entre la famosa danzante y la diosa:

El genio de la danzante se manifestó cierto día en que, después de una grandiosa actuación, fue acarreada a hombros por el pueblo, al grito de «¡La más maciza y la mas lozana! ¡Tarambana, Tarambana!». Por este motivo, los ediles de cierta ciudad de Hispania decidieron elevar a Mannolitia un monumento en honor a su belleza y a sus dulces movimientos, adornando la efigie de la bailarina mortal con los atributos de la Diosa Inmortal. Los ediles, aprovechando que se encontraban en periodo electoral, declararon urgente destinar una parte del presupuesto público a erigir una representación de la bailarina. Así que contrataron al escultor más habilidoso de la región, quien ejecutó la primera parte del encargo, presentando a los comitentes un busto de Mannolitia, a falta del resto de la obra, que habría de ser de cuerpo entero.

Los próceres respondieron que el busto era magnífico, pero que se había acabado el presupuesto para continuar. A pesar de las protestas del artífice, la obra nunca se finalizó. El autor fue despedido de la urbe a cajas destempladas y con unos cuantos azotes en la espalda, y jamás cobró la obra ya realizada. Después, los ediles colocaron el busto en la esquina de una plaza de la ciudad.

¿Qué ciudad era? ¿A dónde había ido a parar el presupuesto?

Como a la segunda pregunta es difícil contestar, digamos sobre la primera que desde el siglo XIX se discutió muchísimo cuál era la población que cita Mela y sugiere el Esteatopigio. Además de la propia Gades, de Sexi, o de Malaka; otros han dicho que se encontraba en Elche, y otros en Sahelices, en plena Celtiberia.

El relato de P. Mela indica luego que las noticias sobre el monumento inconcluso a la danzante divinizada causaron tanta sensación en todas partes de Hispania, que el pueblo se sintió muy defraudado por la falta de brazos y sobre todo de piernas, de la representación. Durante años, agrias disputas entre los partidarios de lo que quedaba de monumento y partidarios de que se diera fin a la obra, ensombrecieron la vida de Hispania:

«Ambos bandos irreconciliables no dudaban en recurrír a las armas, se acuchillaban y hasta se mentaban a la madre en cada enfrentamiento.» (Deambulatria, cap. XXXV).

En estas estábamos, es decir, acabando con una de las últimas disputas entre los dos bandos, cuando se descubrió la «Dama de Elche», a finales del s. XIX. La discusión centífrica enturbió la polémica. El primero en enturbiar fue el Catedrático de Historia del Instituto de Enseñanza Secundaria de Paredes de la Nada, D. Florencio Surreal, que proclamó que la Dama era la representación de la diosa a la que aludía Mela.

Surreal, una tarde de domingo

Surreal, quien además de ser un excelente latinista fue campanero en San Patricio de Dublín, hasta que descubrió que se trataba de una catedral Anglicana y pidió el finiquito, se había adentrado en los escritos celticistas del momento y en los pubs de los alrededores rurales de la capital, gracias a lo cual pudo leer los principales textos del Lebar na hUidre (que el llama El Libro de las Hurbres, quién sabe por qué).

Surreal quedó tan fascinado por los textos del Ciclo Mitológico que desarrolló la idea de que Tarambana era una adaptación celtibérica de Medb, la Reina Bruja-Piruja. Se basaba para ello en una interpretación personal del nombre de la diosa: Tara («animal bovino») +amba («que mira hacia los dos lados») +ana («madre mía», exclamación en primitivo vascuence). Esto coincidía, según Surreal, con las características de Medb, asociadas a la fertilidad, al ganado vacuno y a la ambigüedad.

Como era de esperar, pronto surgió quien interpretase otra cosa. D. Manuel Echabarramindundi, también Catedrático de Secundaria (pero en Vizcaya), corrigió la lectura del vascuence de Surreal y afirmó que el busto hallado en Elche era el de Mannolitia, no la vulgar representación de una diosa.

Echabarramindundi, foto de carnet.

Los dos eruditos, ya talludos, estuvieron discutiendo hasta el inicio de la Guarra Civil, en la que cada uno militó en un bando, si bien cambiaron de ídem varias veces a lo largo del conflicto.

No se vuelven a tener noticias de Mannolitia hasta el año 1993, cuando la Sociedad Decencias de Villarejo de Ampáramo (Castiga-La Mancha) publicó un trabajo financiado por el Extensísimo Ayuntamiento de la villa, acogiendo como propia la interpretación de que la urbe mencionada por Mela estaba situada allí mismo, y que en ella estuvo el busto, pero en 1808 fue robado por los franceses y llevado a Elche, para embarcarlo hacia Marsella.

El folleto, de catorce páginas en español, inca, gallego y perdulario, argumentaba que el busto era representación de una flaminica, aunque lhace dudar de ello la falta de pruebas mamográficas. En la misma publicación, se señala que los cachivaches situados a ambos lados de la cabeza de la Dama simbolizan el Otro Mundo Eterno, y que eran idénticos a los que portaban unas danzantes vestidas de seda, en las grandes festividades que se celebraban antiguamente en la villa, las Saturnales Fallidas. Estas fueron prohibidas por la Inquisición en el s. XVI, aunque más tarde aparecieron en Valencia bajo el nombre de Fallas, por lo cual esta teoría es considerada la más estruendosa.

La diosa Tarambana sigue siendo un misterio, lo mismo que las piernas de Mannolitia y el paradero de los presupuestos.

******PARA SABER ALGO:

  • Pomponio Mela, Deambulatria (capítulo XXXV). Ediciones Desoriènte, París, 1950.
  • Dionisio Esteatopígico: Cantos rodantes. Fragmentos de clásicos mundialmente recocidos. Maguncia, 1860.
  • Folleteo Extensísimo del Ayuntamiento de… ¡un momento, aquí hay un error y no pienso revisar otra vez la entrada!