Esto y lo otro


La he robado en la C/ el Foso

No sé si empezar una breve serie sobre “el por qué de SABER Historia”, ya que parece que en DH nos hemos contagiado de ese virus reflexivo y se han producido a la vez varios artículos sobre el tema, tanto entre nosotros como en los exteriores de la Galaxia. Ya veremos, mis ánimos estos días no van más allá de la tentación de beberme entera la botella del agua desionizada que uso para regar el cactus.

Los motivos de esos artículos son los mismos: la adulteración -ista (populista, politicorreKta, sumisa… etc) de la Historia; la omnímoda presencia de una leyenda negra y de sus tías las contrarias, y la Politi-corri y la madrasa que la parió.

Este que me encuentro en La Razón está güeno, con reflexiones muy bien tiradas de profesionales como Juan Pablo Fusi y de exitosos como Santiago Posteguillo (fobias & filfas).

Igual que la reflexión del siempre buen tirador Mr. Sowell, que ilustra la entrada.

 

 

 

Urraca


Urraca. wikimedia-commons

Leí hace pocos días unos comentarios sobre ese nombre tan extraño, sonoro y de origen incierto en el catálogo de las Reinas y Señoras Hispánicas. Que si tenía que ver con el ave; que si el ave tenía que ver con el nombre, que si significaba… que si… bah.

Ni blanco, ni negro, sino irisado. O sea, según le dé la luz.

Lo que queda es la Historia, siempre. Aquí un excelente resumen divulgativo de la vida y obra de Urraca de León (s. XII) por Luis Galán Campos:  https://historiaeweb.com/2021/03/08/urraca-de-leon/

Espero que disfruten de su sencillez y su buena documentación.

Ciudades destruidas


Foto de neil kelly en Pexels

Hoy he mirado dos veces el terrorífico video que enlacé en mi entrada “Así murió Pompeya”. ¿No es fascinante el horror que sugiere el ruido?

Pienso que no hacen falta volcanes para destruir una ciudad. Hay cosas igual de malas.

He visto este artículo en el Irish Times y me ha sugerido la idea de otra ciudad cuyo cambio apunta a una desaparición de todo aquello que la hizo mía desde… que yo tenía once años. Dublín no es, porque hace ya demasiado que no voy y me temo lo peor (el artículo del IT me indica que los temores son ciertos).

Pero a Santander le está pasando lo mismo. El centro ha perdido mucho de su comercio tradicional, baretos incluidos (¡ay, Gelín!) y en el centro proliferan como setas tiendas de moñerías pseudoelegantes (o pseudopijas, no sé). Sin embargo, mi librería favorita, ha desaparecido por partida doble.

Las ciudades son también lugares de memoria personal, de afectos urbanos, no solo con las personas que conociste allí o acá, sino con el paisaje, con las calles (¡ay, Perines!), con los comercios o los bares que visitabas. Una esquina, un pasadizo, un cine… ayer un familiar y yo tuvimos que echar mano de Postureocantabro para situar algunas de las salas de cine donde nos divertimos en los veranos de los 70 y 80, no digo ya de los 90, cuando residí allí a lo largo de varios años. Usar Google maps no nos servía de nada.

Luego, por la noche, alguien en un blog amigo compartió un escalofriante video de calles de una ciudad estadounidense llenas de basura y de gente drogada….

Del artículo del IrishTimes destaqué este fragmento:

In Speak Softly, Go Far I question the psychological impacts – on the individual and on society – of living in the cities in which the realms of possibility are so severely curtailed, and in which the future becomes nearly impossible to imagine.

“Ciudades en las cuales los reinos de la posibilidad se encuentran tan severamente restringidos” dice lo subrayado en naranja.

Libertad, divino tesoro.

Nosotros somos Pompeya, pero también somos los volcanes.

 

Una placa


S. Pascual. Foto Aliseda.

Debería de haber al menos una placa que recordase lo que fue este sitio durante unos años, posteriores a nuestra infame Guerra Civil.

Gracias a algún dios, ahora hay niños que juegan y árboles que en otoño se ponen dorados. Ya no hay hombres apesadumbrados, apaleados, enfermos y hambrientos, tristes perdedores de una guerra triste, precursora de una larga Dictadura.

Debería haber algo ahí que lo recordase, para que no fuese en el mundo virtual el único sitio donde una puede enterarse de estas cosas, donde cualquiera pueda conocer su historia, no solo la bonita, los edificios Barrocos y los hermosos árboles, sino toda.

También las cosas tristes forman parte de la Historia. Qué pena.

 

 

 

Piedras de maldecir


https://i0.wp.com/stonefireblog.com. Piedras de maldecir en un “leacht” o altar (Inishmurray).

¿Sabías que en algunos monasterios y enclaves religiosos irlandeses existen “piedras de maldecir”?

El fenómeno universal que consiste en desear mal a alguien invocando a un poder divino, diabólico o mágico, requiere de una fórmula y de una imagen. En el caso de Irlanda las imágenes son tan concretas como guijarros que se encuentran en lugares religiosos, tales como antiguos monasterios, sitios de peregrinación o cruces altas.

El fenómeno de la maldición se asocia a los santos nativos en la literatura y en los Anales, donde se encuentra constancia de su uso. En esta entrada antigua de Mujerárbol, se recogía una noticia del Chronicon Scotorum acerca de la comunidad del monasterio de Tulach Garba (dependiente de Clonmacnois) que ayunó ritualmente contra un rey de Tethba, apoyando el ayuno en un ritual que implicó el sonido de campanos y metales, usando reliquias del santo del lugar, S. Ciarán, así como del mismo S. Patricio.

Se trata normalmente de guijarros redondeados por la erosión, en los que se ha grabado una decoración geométrica, líneas o cruces.Suelen ser grandes, tamaño queso (“un queso danés” dice una fuente del s. XIX) a veces tan aplanadas como un pan.

Los nombres tradicionales de estas extrañas piedras varían entre cloch (plural clocha) “guijarros” o leacc, lo cual sugiere una piedra plana

. Otros nombres como “La espadita de Cathasach” -una piedra “de maldecir” asociada a un santo local del co. Galway-, son más raros, aunque implican que algunas de estas piedras podrían tener la forma de una empuñadura de espada (alargada).

Muchas se llaman “piedras salpicadas” (clocha breaca), aunque no todas son guijarros de conglomerado multicolor.

El “ritual” de la piedra de maldecir consistía en revolver la piedra sobre una superficie plana en sentido antihorario, mientras se recitaba alguna “maldición” contra la persona causante de la ofensa.

Según el arqueólogo Chris Corlett, el fenómeno de las piedras de maldecir estaba extendido por toda Irlanda, aunque muchos de estos objetos fueron destruidos en el s. XIX por la Iglesia Católica. Citando fuentes modernas (s. XIX) y relatos folklóricos recogidos hasta principios del XX, este autor informa de que, en algunos casos, el maldecidor debía ayunar antes de llevar a cabo su acción, igual que lo que contábamos arriba de los monjes de S. Ciarán.

También existen relatos en los que las piedras se utilizaban para jurar sobre ellas en casos de abuso legal o apropiación indebida.

Para Corlett, las “piedras de maldecir” eran más bien garantes de la inocencia de quien juraba sobre ellas y, en este sentido, comparables a las reliquias “normales”. De todos modos, las reliquias irlandesas más destacadas eran objetos relacionados con el santo local (campanos, báculos, zapatillas, etc.) más que partes de sus cuerpos. A pesar de eso, señalemos que en toda la tradición irlandesa, las piedras tenían un simbolismo semejante al del “hueso”.

Bullán o Ballán* múltiple (www.irishmegaliths.org.uk)

En muchas de las imágenes que pueden verse en internet, las “piedras del maldecir” se encuentran metidas dentro de unos huecos redondeados de roca, naturales o artificiales, llamados “bullán” o ballán también vinculados a sitios religiosos y de peregrinación. Pero parece que esta relación piedra de maldecir/bullán no es tan antigua.

Se trata de dos objetos con funciones simbólicas diferentes: los balláin representan la comida y el amparo. Los balláin existentes están relacionados en el folklore con sitios donde moler cereal y hacer puches blancas para los peregrinos, alimento que también tenía poder curativo.

Es posible que algunos balláin grandes tuvieran algo que ver con la industria metalúrgica medieval a escala monástica… Como en el caso de la muy conocida piedra del Ciervo de Glendalough.

Según la leyenda, esa piedra servía para que el mismo San Kevin ordeñara a una cierva con cuya leche alimentaba a unos niños nacidos en el monasterio.

El tiempo y las reinterpretaciones populares (o no tanto) cambiaron el sentido, llegando unas y otras piedras hasta nuestros días tocadas con cierto “neopaganismo” y re-colocadas en donde no cuadra (bulláin).

********** Fuentes:

  • Elaboración propia.
  • CORLETT, CHRISTIAAN. “CURSING STONES IN IRELAND.” Journal of the Galway Archaeological and Historical Society, vol. 64, 2012, pp. 1–20. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/24612852. (Accessed 27 Aug. 2021.)