Hippika gymnasia


Supe lo que era la Hippika Gymnasia tras leer un bonito libro de Peter Connolly dedicado a Las Legiones Romanas (Anaya, año 1989), un album magníficamente ilustrado que hace años tengo en casa.

La historia que, muy visualmente, contaba el libro era la vida de un legionario romano (Tiberio Claudio Maximo) que existió realmente, y que pasó de la dura infantería a la caballería romana en tiempos de Trajano. Bajo su mando, obtuvo honores extraordinarios durante la Guerra contra los Dacios, precisamente combatiendo en ese arma y por haber capturado al rey enemigo por medio de una acción individual arriesgada y honorable. Y se mostraba un dibujo maravilloso de un jinete poniéndose una de esas máscaras y otros en medio de la práctica, cuya ejecución resumía el autor.

By I, Adsek, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2227422

Bueno, todos los dibujos del libro eran maravillosos, pero yo daría brincos por ver en vivo una exhibición como la que transmiten las fotos de la Wiki sobre este tipo de ejercicio militar romano. En ellas, parece que los recreadores son alemanes (la página está rota, me temo). Pero en este artículo de La Brújula Verde se explica lo que era ese “deporte” militar con mayor detalle y con las fotos que pertenecen a la exhibición llevada a cabo por los mismos recreadores (de nivel extraordinario) que menciona la wiki.

Por cierto, que sospecho que la hippika Gymnasia fue el precedente de lo que en el Renacimiento y el Barroco se llamó el “Juego de Parejas”, o exhibiciones ecuestres que se llevaban a cabo… al menos en los terrenos de la Monarquía Hispánica.

Eso lo sé desde antes de leer el libro susodicho: en mi Real Sitio, precisamente junto a Palacio, existe una hermosa “Plaza de Parejas” que, si mi amigo Pico Tajo no me corrige, estaba dedicada a un juego caballeresco (e hípico) de exhibición y lujo a caballo, de lo que existen ciertas ilustraciones de época.

Plaza de Parejas, Aranjuez (Foto Mujerarbol 2017)

Me hace gracia comprobar que el caballo ha sido siempre, bajo Imperios lo mismo que en pequeñas monarquías tribales y bárbaras, en tantas culturas de Eurasia, ese animal mítico, hermoso, real y Real, de guerra y de Gloria, de exhibición y de compañía… después de haber alimentado con su carne y sangre salvajes a todos nuestros antepasados de una especie o de otra, durante los milenios del Paleolítico.

 

 

Emparejamientos


Foto de Jasmine Carter en Pexels.

¿Sabíais que en la antigua Irlanda había siete tipos de matrimonio legal?

En la “Ley de los emparejamientos” se establecen hasta diez tipos, pero solamente siete son “accionables” en caso de juicio, como ahora veremos. Dice así el Cáin Lánamna o Ley de los Emparejamientos:

Pregunta: ¿Cuantas parejas de convivencia y procreacion existen en la Ley Irlandesa?

Respuesta: Diez, a saber: (1) la unión de contribución común; (2) la unión de una mujer en la contribución del hombre; (3) la unión de un hombre en la contribución de una mujer, con servicio; (4) la unión de una mujer que acepta las solicitudes* de un hombre; (5) la unión de un hombre que visita a la mujer, sin trabajo, sin solicitud, sin provisiones, sin contribución material: (6) la unión por rapto; (7) la unión entre mercenarios errantes; (8) la unión por seducción criminal; (9) la unión por violación; (10) la unión de burla.

De estas diez, siete se consideraban “legales”, es decir sujetas a algún tipo de compensación en caso de conflicto. Las dos últimas eran situaciones de hecho, sin garantía legal, pues nadie se responsabilizaría de lo que hiciera un criminal o un loco, que es lo que parece el nº 10. En este caso, los hijos que tuvieran, quedaban a cargo de un superior (o como afirmaba un dicho legal que ha pasado al refranero, “el cura que los casó”). El dicho debe de ser mucho más moderno que esas leyes, porque “los curas” no tenían mucho que decir en materia de matrimonios.

El papel de la Iglesia en el matrimonio fue un proceso lento en toda Europa. Y más en el caso presente, a menos que hablemos de una familia eclesiástica… La presencia de un obispo o la celebración del matrimonio en el templo, etc. entró muy tardíamente en Irlanda, con grandes aspavientos por parte de los Reformadores (los católicos del s. XII y los protestantes del XVI). De todos modos, es curioso que esa ley concreta lleve el nombre de Cáin, o sea, un derivado de “Cánon”. Pero también es sorprendente que la mísma contenga un amplio abanico de posibilidades de divorcio, que difícilmente se deben a influencia eclesiástica.

En la antigua Irlanda el matrimonio era un contrato privado entre dos familias. Como no existía el Estado, ni tampoco un sistema feudal pleno como el de Francia o de los Reinos Hispánicos, se trataba de decisiones económicas/políticas tomadas por toda la familia, que era la unidad legal básica, por debajo de la “tribu” o tuath. El negocio de casar a una hija/hijo era como el de hacer una compra beneficiosa o un alquiler de bienes o servicios.

He citado “hombre libre” aposta, porque era poca la iniciativa que tenía una mujer en esto. Unicamente en el caso de ser una heredera rica, como vimos en el caso de las dos Devorgillas, que se permitían hacer donaciones por sí solas. Pero ellas vivieron ya en un momento muy tardío y bajo otras condiciones, como la influencia anglonormanda (de sus familias políticas o de sangre). Por otro lado, existe una notable tradición literaria irlandesa en la que son ellas las que eligen y se llevan (a veces por la calle de la amargura) al elegido (Ej.: la historia de Diarmait y Grainne o el cuento de Deirdre y Noise, etcétera), lo cual es bastante curioso.

Así que la riqueza material de (la familia de) cada parte era importante. En el caso de la “pareja en los

Dibu: Lealsoria; Tudu & amigos, 2013.

bienes de una mujer” (nº 3), indica que la riqueza del lado de ella era mayor que la de él, lo cual favorecería que ella predominase en las decisiones económicas de la nueva familia.

También, en muchos casos, podían permitirse varias esposas en distintos grados de contribución y/o servicio. O sea, existía poligamia. Por ejemplo, un hombre podía tener una esposa principal, la cetmuinter (“primera de la familia”) en “contribución del hombre” o no, y otra(s) secundarias (por ej. “en visita”) convenientes a efectos de alianza temporal,  o por distintas circunstancias… o gustos, claro. Los artesanos y los filid (poetas, historiadores, etc.), gente errante por naturaleza, entrarían a menudo en ese tipo de matrimonios temporales.

Continuaremos con algo más de ésto en próximas entradas.

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Fuentes: repositorio CELT (UCork); Fergus Kelly: A guide of Early Irish Law, DIAS 1995.

 

 

Un viajero de la Antigüedad: Julio César


De Andreas Wahra – Photo by Andreas Wahra, first uploaded to de.wikipedia GiulioCesare.jpg. Modifications by Wolpertinger und Phrood., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=388574

Este estupendo artículo de Federico Romero en Historia y Roma antigua nos acerca la figura de Julio César desde un punto de vista poco habitual: sus viajes por el mundo Mediterráneo… y parte del Atlántico.

El modelo del hombre de acción de la Antigüedad resulta muy interesante. En el caso de Julio César su meta de acción parece estar clara: conquistar poder político (personal) y territorial (colectivo), contribuyendo a la creación de eso tan tremendo, y sí, poco estudiado, que es… El Imperio.

Y no me refiero solamente el Romano, sino a todos los que en el mundo -al menos Occidental- han sido. Me ha impactado su autoconciencia de “estar por debajo de Alejandro”, porque he leído algo precisamente sobre Alejandro, que me ha dejado más ganas de conocer a este personaje. Curiosísimo, y que daría para una buena charla en mesa redonda con mis amigos “romanorus”…

Enlaces


Photo by Ilnur Kalimullin on Unsplash

Tres entradas estupendas en otros tantos blogos de Divulgadores de la Historia de estos días.

  1. Gladiatrix hace un podcast sobre El adulterio en Roma
  2.  El fisgón de Madrid nos lleva a una placiiita
  3. Como hemos estado fisgando y haciendo el coco por ahí, la Hª y el Arte nos ofertan un poquito de castigo (o más vicio, si se quiere).

Hala, ya tenemos entretenimiento.

 

 

Lenguas republicanas


Foto: Christian Domingues en Pexels

Lean el artículo de Elvira Roca Barea que hoy viene en la Fundación para la Libertad, aunque yo me vaya directamente al final:

(…) unos y otros carecen de lo mismo, aunque se digan adversarios: una cultura política auténticamente republicana.

Se puede decir con menos desgarro y unas imágenes menos esperpénticas (que sí, que la peluca mal colocada es la de Mauro Requejo, ese repelente personaje de Galdós que se rasca tanto y anda por mi puebro…).

El artículo es genial y estoy de acuerdo en lo básico: eso es lo que nos falta.

Pico debajo de ala


“Gallineta” del Libro de Kells. Captcha Mujerárbol

En los monasterios irlandeses se desarrolló un tipo de letra especial, derivado de la letra uncial romana. Hoy le llaman”Gaelic National minuscule” en aras de la simplificación; “insular script” o “Irish script”, se han venido usando como sinónimos en la red. Modificaciones de ello se pueden conseguir para escribir en Word y en otros sistemas de escritura digital.

Este tipo de letra se utilizó desde antes del s. IX hasta el XVII, ingeniándoselas para adaptarse a la evolución de la lengua que representaba.

Desde el XIX hasta principios del XX continuó en Irlanda en forma de tipografía impresa, ligada al movimiento nacionalista, hasta los años 50 en que se generalizó el uso de la tipografía normalizada latina a través de la educación general. Hoy se ve sobre todo como letra decorativa, pero todavía es posible encontrar personas que la usan cuando escriben a mano cosas que implican afectividad (personal o cultural), sobre todo si lo hacen en lengua irlandesa. Hay que reconocer que, con pluma o cálamo, resulta muy bonita.

LU. RIA ms.23 E 25 Captcha Mujerárbol

Normalmente, los amanuenses o escribas (no “escribanos”, que es un cargo público de los reinos feudales de la Baja Edad Media) tenían una letra más o menos cuidada según el trabajo a realizar. Por ejemplo, no es lo mismo una nota marginal que un evangeliario. Por eso el Lebor na hUidre (a la izda.), que parece concebido para uso en la escuela monástica, no tiene nada que ver con el Libro de Kells (arriba dcha.), un trabajo de arte para exhibir en la iglesia.

En los scriptoria además de “buena letra” se utilzaban convenciones para ahorrar espacio, sobre todo abreviaturas. Algunas proceden de las notas tironianas romanas. Muchas, como sucede en la mayoría de las caligrafías medievales europeas, tienden a una bella simplificación de línea y gesto. Esto implica que para leer se necesitaba algo más que conocer las vocales y las consonantes…

En el repertorio CODECS tienen una página preciosa (y creciente) dedicada a las abreviaturas en los manuscritos irlandeses.

La que más me gusta (todas son curiosísimas) es la que se empleaba para indicar que el texto seguía en el renglón inferior: se denominaba “pico debajo del ala” (cenn fo eitte) y pinchando aquí podréis observar con qué gracia se indicaba el artificio.

Cenn fo eitte Nº 5