Moñadas del “finde”


Los fines de semana me levanto tarde, si hace bueno (y no es demasiado tarde) y me voy a caminar.

Así que hoy he bajado a ver si era cierto que habían abierto el “jardín grande” (el del Príncipe) aunque solo fuera parcialmente.

Lo han abierto y como hace bueno, ya hay mucha gente dentro a las 10:30. Al salir una hora después, ya había cola para entrar. Me ha producido tristeza ver los estragos producidos por Filomena. Árboles “abiertos” con ramas vencidas a un lado y al otro, arbustos fritos por la helada y muchas ramas que ha habido que cortar. También parece que han decidido quitar algunos ejemplares que mostraban importante daño en el interior.

Espero que pronto esté abierto por completo. Porque este paisaje de mi vida me da precisamente eso: la vida. No es lo mismo que verlo desde fuera, a otro lado de los barrotes… una vez dentro, ya no hay barrotes y lo mejor es mirar hacia arriba y ver picoverdes, mosquiteros, carboneros y herrerillos y árboles que hacen cosquillas al cielo.

Otra cosa que me gusta es ver el colorido y la juventud de los que practican el piragüismo. Un dia haré un reportaje de colores sobre los que se juntan allí.

Novela y ficción visual histórica


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Image: https://as01.epimg.net/epik/imagenes/2019/06/16/portada.jpg 
No sé ni de qué serie es.

Hoy traigo al blogo dos cositas acerca de la popularización de “lo medieval” en la literatura y en los medios audiovisuales.

Ambas cosas son en lengua inglesa y tratan del punto de vista anglosajón; aunque, en cuestión de la novela, seguro que algunas las hemos leído en versión española, puesto que son clásicos: Robin Hood, Ivanhoe, etc.

Lo otro también es posible que algunos lo hayáis visto, porque las series alimentan nuestras soledades pandémicas. No las mías, dicho sea de paso: apenas veo la TV, muy apenas. Pero creo que es buena cosa ver a) historia de la novela histórica (o algo así) y b) las dificultades de adaptar una buena novela (o varias) de un gran autor a la TV.

Este segundo artículo me ha gustado precisamente por eso, porque se detectan las dificultades, que no siempre tienen que ver con aquello en lo que los historiadores solemos fijarnos. En el fondo, los historiadores somos unos pessaos de mucho cuidao, y a lo mejor… no conviene serlo tanto. Nu tengo una idea clara. En general, si una peli está “bien hecha” los detalles importan menos y la acción de la ficción te envuelve y no te das cuenta. A menos que el romano vaya en patinete… Muchos se fijan en los avatares del protagonista o los secundarios; yo me fijo más en el desarrollo de la historia.

Sí que tengo una idea clara: en el lado “novela” se les ha olvidado una, que para mí es clave. El Cuchulain de Muirthemne de Lady Augusta Gregoria. Un culebrón… peligroso.

 

Cuando no volverán


Aquí va enlace a una estupenda web y a una buena entrada acerca de la pérdida de parte de nuestro Patrimonio medieval a consecuencia de… la política de Estado (the infamous Desamortización) y económica, de “herederos”… Y luego, falta de planes acerca de su remedio. Sí, bueno, admito que lo que cuenta ya no tiene […]

Perros verdes (hoy, vamos de verde)


Tonos de verde. Foto de Daria Shevtsova en Pexels

Bueno: creo que lo mejor para celebrar el día de hoy es… reeditar una entrada de 2010, nada menos. ¡Once años nos contemplan!
La actualizo con enlaces nuevos, ilustraciones y renovados comentarios…
Cuando en lenguaje coloquial le decimos a alguien que “es más raro que un perro verde”, estamos usando sin saberlo la misma terminología que los tratados legales irlandeses utilizaban para referirse a una cosa extraña, forastera.
Y es que en la Irlanda altomedieval existían los “perros verdes”, pero no tenían cuatro patas.
No sé cuán comunes o raros serían, porque los intercambios de todo tipo entre tuatha (tribus) debían de ser bastante numerosos: en una isla pequeña, y en territorios contiguos, los intercambios de productos serían relativamente fáciles, a menos que la geografía lo impidiera gravemente, y tenderían lógicamente a unir más, y más a menudo, que otra cosa. Los intercambios de genes, lo mismo.
En general no parece que hubiera grandes diferencias en modos de vida, genética, lengua, etc. entre distintas tuatha irlandesas. Pero el territorio se dividía en tuatha de forma tradicional, como nosotros nos dividimos en provincias. Se ha discutido bastante acerca de las posibles diferencias étnicas en momentos de la Antigüedad Tardía en Irlanda, pero es tema que no viene al caso aquí.
Así que un “perro verde” es una definición legal: el hombre que sale de su tribu y distrito para ir a convivir con una mujer de otra tribu.
Hay que tener en cuenta que la palabra “tribu” (tuath) no tiene el componente étnico que podría tener en un contexto nativo-americano o de pueblos cazadores-recolectores.

Fergus Kelly en su Guide to the Early Irish Law dice “perro gris” y, en el diccionario, glas abarca distintos tonos, desde el gris verdoso al verde hierba.

La mayor parte de las regulaciones concernientes a estas personas tiene que ver con las consecuencias legales de su matrimonio con la mujer de la túath receptora. Al ser un forastero, ese hombre no posee precio de honor propio (es decir: derechos o deberes legales) dentro del territorio de la túath de acogida. Pero si la unión es reconocida por la familia de la mujer, entonces cuenta como si tuviera la mitad del precio de élla, y eso ya es un derecho (a indemnización según ese precio). De todos modos, él no puede hacer contratos independientes sin permiso de ella, que es quien paga sus multas y sus tasas.
Lo curioso es que tampoco tiene responsabilidad legal en la crianza de sus hijos, ni en las faltas que éstos puedan cometer, que recaen en la familia de la madre, asunto espinoso para ésta. Es de suponer que, al perder sus derechos, él se consideraba de menor status que ella. Un buen ejemplo es Fergus, en el Táin Bo Cuailnge, que “por ir detrás de las nalgas” de Medb, figura como un personaje sin poder, marioneta de la poderosa Reina. Pero ese es un ejemplo (demasiado) literario.
Porque lo “normal” no era que un hombre cambiase de tribu (y perdiera sus derechos), sino que precisamente, lo hiciese la mujer, que en muchos casos, históricos, servía de objeto de intercambio y sello de amistad o de sumisión de unos territorios o “clanes” sobre otros.