Escrito por San Patricio (entrada de 2010)


Foto de Steven Hylands en Pexels

Para celebrar el día (17/3/2010), os dejo un fragmento escrito por el propio santo, en el que vemos que fue uno de los primeros atacados por la hibernitis:


Y después de unos años me encontré de nuevo en Britania con mis parientes, que me acogieron como a un hijo y me pidieron, en confianza, que después de la gran tribulación que había pasado no me marchara a otro lugar lejos de ellos.
Y entonces, en una visión por la noche, vi a un hombre cuyo nombre era Victoricus, viniendo como si fuera de Irlanda, con innumerables cartas, y él me dio una de ellas, y leí en el comienzo de la carta: “La voz de los irlandeses.” Estaba leyendo el principio de la carta y me pareció en ese momento escuchar la voz de los que estaban junto al bosque de Foclut, que se encuentra cerca de la costa occidental, y lloraban con una sola voz : «Te rogamos, jóven santo, que vengas y camines de nuevo entre nosotros.”
Y me hirió intensamente en el corazón, de forma que no pude leer nada más, y así me desperté.  
Gracias a Dios, ya que después de tantos años el Señor se lo concedió de acuerdo a su grito.

(Confesiones relato autobiográfico).

ACTUALIZACIÓN: después de 2010 se ha publicado el texto completo de las “Confesiones” de Patricio en varias lenguas y la edición crítica de Bieler, en este maravilloso enlace. Una fuente indispensable, fotos del Libro de Armagh aparte)

Locos como romanos


      Os dejo una serie de entrevistas en video que celebran el 3er. Aniversario del Día de la Romanidad. Federico Romero (Divulgadores de la Historia) presenta a Sergio Alejo, Javier Porras, Maribel Bofill y Paco Álvarez (y alguna sorpresa más) colaboradores de ese “evento” o como se quiera llamar, que contarán cosas interesantísimas […]

Enlaces


Foto de lalesh aldarwish en Pexels

Voy a ir agregando enlaces aportados por Divulgadores de la Historia.

Se encontrarán en una columna en la página de entradas, abajo del todo, bajo el epigrafe “Divulgación histórica”. ¡Son muchos blogos y todos interesantes! Daaaarme tiempo para irlos agregando y reconstruyendo Mujerárbol.

(Ay, parece que WordPress se ha compadecido de los “viejunos”, que no nos adaptamos a tener que aprender a dar pedales con las orejas, y nos deja el “editor clásico” para seguir tecleando sin contemplaciones. Gracias, ¡Oh, wapos!).

Trios (y fin)


Photo by Miguel A. Padriñán on Pexels.com

Al leer el episodio que El Historicón relató en su blog hace unos días, sobre una anécdota contenida en el libro de Tito Livio “Ab Urbe Condita” -parte de la leyenda de los Horacios y los Curiacios- me vino a la mente toda esta historia que dejaré aquí, desmenuzada como un bizcocho, por si le sirve a algún estudioso de rituales, religiones Antiguas… o de manuscritos medievales.

Yo me dedico a esto último, así que es de lo que trataré en este post.

De paso servirá para que los lectores pueden enterarse de cómo las gastaban los prolíficos escribas irlandeses.

Desde principios del s. XX, los investigadores que se han ocupado de los manuscritos y relatos irlandeses antiguos, se han decantado por una de estas dos posturas:

a) que el contenido principal de los relatosprocede de tradiciones orales que se remontan al mismo sustrato de la lengua indoeuropea, origen de la que se hablaba en Irlanda en la Edad del Hierro. Y del latín, ¿eh?

b) que los escribas medievales cristianos que copiaron tales cuentos inventaron esos episodios, o los calcaron de fuentes bien conocidas, como los Clásicos grecolatinos o El Antiguo Testamento.

Bueno, la historia de Horacios y Curacios recogida por Tito Livio a mi “me suena” a un buen ejemplo de lo que digo. Para eso, desmigaré los elementos de lo que cuenta Tito Livio y de lo que se cuenta en una historia irlandesa con la que, al cabo de doce años, vuelvo a encontrarme: el Táin Bó Cúalnge (versión I).

En este cuento, los elementos principales de lo mismo que cuenta Tito Livio se han “desmigado” también, y se han repartido en episodios diferentes, liados por un defecto de copia del manuscrito, que se puede atribuir al escriba o a los editores (medievales y modernos).

No sabría decantarme por que los escribas irlandeses hubieran tenido tiempo de adaptar una lectura de Tito Livio (habría que saber si una copia de Tito Livio se conocía en Irlanda antes del año 1100, pero con lo viajeros que eran, lo mismo lo habían leído en otra parte…). O más bien, creerme que Tito Livio recoge una tradición TAN, pero tan antigua, que entre la gente de habla céltica (indoeuropea) de Irlanda, se habría conservado una historia parecidísima, con los mismos (o parecidísimos) elementos.

La clave de todo me la dieron los tríos: presentar las cosas de tres en tres parece ser una característica básica de LO indoeuropeo, la cultura que está detrás de las lenguas que hablamos mayoritariamente en Europa.

El irlandés y el latín, por ejemplo. Leer más »

De tres en tres


Foto chunga del dibujo de Le Brocquy en Kinsella, “The Táin” (1986)

Como una nunca se dedicó a la Historia Antigua y desconoce mucho de la civilización romana (y de toda su mitología), se ha sorprendido mucho de esta entrada en el blog de Juanma Palomino, El Historicón, que relata una leyenda-pseudohistórica recogida por Tito Livio. La leyenda, como tiene que ser, sirve para racionalizar un ritual preexistente… pero vamos… ¿cuánto de preexistente?

¿Es posible que los escribas de TBC I desconocieran la obra de Tito Livio? ¿Hay un motivo IE (indoeuropeo) en el tema, lo que sería más, ¿sugestivo, gracioso? ¿Es posible que los detalles -como el tronco de árbol que sirve como “yugo sacrificial”- sean solo semejantes por herencia y no copiados/adaptados? Huy, huy…

Lo primero que me ha venido a la cabeza es el engorroso capítulo del Táin denominado “La Llegada de las Tropas” y su no menos enrevesado episodio “Las Triadas de los Hombres de Irlanda“… y como resultaba que en ese momento me estaba dedicando a hablar de fuentes del Táin, pues se abrió el grifo.

Nunca, nunca va a dejar ese asombroso relato Táin Bó Cúalnge de sorprenderme. Ni tampoco lo bueno que es andar en una red, que me permite colaboraciones y curioseaciones acá y allá.

¡Gracias, Historicón!