
Paso poco por aquí. La vida se hace un «reguño» y te lía por los cuatro costados. Solo te quedan los ojos, y a veces van medio nublados por el espesor de la frazada. He dicho LOS ojos. El de ver (dever) y los pilotos interiores.
Mi reguño es mi casa, ciertos deberes inexcusables, otros que uno admite con una sonrisa, hasta que se da cuenta de que no toleran sonrisa… y así vamos por la vida: sorprendiéndonos a cada requerimiento, deber u olvido, y de vez en cuando, costalada.
Los deberes son rencorosos y si no los ccumples, te agreden.
No consigo desconectar el automático de mi «tren» de vida. No es un tren: es una loca locomotora de cuerda. Y a veces se le acaba la cuerda. La de seguridad…
Deberes que devoran, ya me he acostumbrado.
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