… no hay un deseo concreto ni tampoco una búsqueda de pasado sin más, sino el casi tocar con la mano los sueños que acaban de abandonarse, la repetición del canto de los pájaros, el olor a día nuevo, el asombro y la ilusión.
A menos que una se refugie en lo virtual (virtuales sonlos sueños, también, y están aquí dentro) lo invade el ruido cotidiano y desagradable. los portazos del vecino, el alejado run-run de pseudo músicas, la tos mañanera… Y lo virtual-esto, donde estoy escribiendo, tiene el ruido de fondo de una máquina.
